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20 de junio de 2022

El último acto de amor de Humberto Maturana: la investigación que dejó antes de morir

La ilustración muestra a Humberto Maturana Patricio Vera

Un mes antes de su fallecimiento, el reconocido biólogo terminó “La Unidad Ecológica Dinámica Organismo y Nicho (UEDON) es nuestro modo de existir en Gaia, comunidad ecológica biológica”, una obra que pareciera unir todos sus trabajos anteriores. Aquí, la historia detrás de esa investigación y de lo que hizo Maturana en sus últimos meses de vida.

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Nadie esperaba que fuera a partir en aquel momento. Sí, lógicamente sabían que ya tenía 92 años y que no viviría por siempre. Pero, de una manera o de otra, el fallecimiento de Humberto Maturana el 6 de mayo de 2021 tomó a todos sus conocidos por sorpresa.

El Doc. -como le decían cariñosamente- parecía ser eterno. ¿Cómo era posible que alguien como él muriera? Justo él, cuyas teorías sobre la vida influenciaron áreas del conocimiento tan variadas como la neurociencia, la sociología, la computación, la literatura y la filosofía.

Pero, antes de morirse, casi como si se estuviera preparando para ello, el Premio Nacional de Ciencias (1994) dejó hecho su último acto de amor.

Maturana tenía una pena

La pregunta básica que se hizo Maturana en los años 1970 fue la que se han hecho todos los grandes filósofos de la historia: qué es la vida y la muerte. ¿Qué tenía que pasar en la interioridad de un ente para que pudiera estar vivo?

La duda lo llevó a un término hoy conocido internacionalmente que combina dos palabras del griego: “auto” (a sí mismo) y “poiesis” (creación).

Los seres vivos, entonces, seríamos sistemas autopoiéticos moleculares: que nos producimos a nosotros mismos, y la realización de esa producción constituye el vivir. Ese sistema cerrado continuamente se está creando a sí mismo, reparándose, manteniéndose y modificándose hasta la muerte.

El Doc. -como le decían cariñosamente- parecía ser eterno. ¿Cómo era posible que alguien como él muriera? Justo él, cuyas teorías sobre la vida influenciaron áreas del conocimiento tan variadas como la neurociencia, la sociología, la computación, la literatura y la filosofía.

Sin embargo, desde el año 2000 el trabajo de Maturana ya era otro. Junto a Ximena Dávila, el Doc. cocreó lo que se llama biología cultural. Desde el centro Matríztica, orientó sus estudios a comprender cómo el mutuo respeto y la honestidad serían el fundamento biológico-cultural del convivir democrático.

En 2021, Maturana ya llevaba más de dos décadas trabajando en Matríztica. Pero de eso, pocos de sus pares recordaron a la hora de brindarle homenaje tras su fallecimiento.

“Para Humberto fue muy doloroso el que nunca en la Universidad de Chile se validara esta segunda parte de su carrera, su trabajo de la biología cultural”, dice Ximena Dávila.

No se trató de un trabajo menor a nivel de producción. De ahí salieron los libros “El árbol del vivir”; “Habitar humano en seis ensayos de biología cultural” y “La revolución reflexiva”.

Tampoco era un trabajo menor en términos personales. “Él llamaba la biología cultural la segunda parte de su historia, donde su foco estuvo puesto en la dinámica relacional, en las personas, en las conversaciones”, comenta Ximena Dávila.

Sin embargo, aún cuando esas investigaciones eran los libros más accesibles a todo público, aún cuando el propio Dalai Lama reconoció su aporte, entre los biólogos costaba mucho que entendieran la biología cultural que proponía Maturana.

“Para Humberto fue muy doloroso el que nunca en la Universidad de Chile se validara esta segunda parte de su carrera, su trabajo de la biología cultural”, dice Ximena Dávila.

“Aunque los fundamentos de esta segunda parte de su trabajo son los mismos que de la primera, creo que las universidades se han enfocado más en su aporte inicial. No sintonizaron mucho con esta misión de la biología cultural”, reconoce el doctor en Biología de la Universidad de Chile Alexander Vargas. “Quizás hasta no les gustó ver transformado el lenguaje de la primera etapa de Maturana a una cuestión cuyo objetivo es salirse de la Academia… Porque la biología cultural ha tenido un éxito increíble y yo me doy cuenta de que sintoniza mucho más con las personas”, agrega.

Escribiendo a cuatro manos

Ximena Dávila siempre optó por hacer sus propias preguntas y presentarle sus propias reflexiones a Maturana.

Una de estas dudas, por ejemplo, tenía que ver con la autopoiesis molecular. Para ella, esta solo era posible en un espacio de buena tierra, en un espacio amoroso. Porque un bebé que no nace en buena tierra -un buen cuidado- no florece.

“Yo no entendía muchas cosas y decidí hacerle directamente mis preguntas. Le decía que él me sacaba de mi realidad -que era orientada al estudio del dolor- de un día para el otro y que eso no podía ser”, recuerda.

Esos retos diarios los llevaron a colaborar muchas veces, adentro y fuera de Matríztica. Cuando escribían juntos, lo hacían literalmente a cuatro manos. Él escribía en un documento con el color negro. Ella añadía sus aportes con el color rojo. Y así se iban complementando.

Con la que sería la última investigación de Maturana no fue diferente.

Un aliado

Alexander Vargas conoció a Maturana en 1994, cuando todavía estaba en el colegio. Pero le era difícil entenderlo, porque sentía que sus explicaciones no encajaban con todo lo que había leído hasta ese entonces sobre la evolución.

Tras varios momentos distintos, finalmente empezó a relacionarse más con el Doc. y sus colaboradores cercanos cuando realizó su doctorado, un período en el que frecuentaba mucho su Laboratorio de Neurobiología y Biología del Conocer.

Fue en ese período que Alexander Vargas terminó convirtiéndose en un defensor del trabajo de Maturana. “Por esas fechas se escribieron algunos artículos señalando una supuesta influencia negativa del Doc. sobre la enseñanza de la biología evolutiva en Chile. Yo escribí un artículo en respuesta, donde aclaraba la legitimidad de sus puntos de vista, y su coincidencia con importantes líneas de pensamiento en biología evolutiva. Era una revisión con numerosos ejemplos y referencias, muy distinto a los escritos de Humberto, que son mayormente conceptuales, filosóficos, con pocas referencias, pero no por ello exentos de fundamentos”, rememora el biólogo.

“Yo he visto artículos donde dicen que Humberto Maturana le está haciendo un daño al pensamiento biológico chileno porque está metiendo ideas que no son científicas y pretende reemplazar a Darwin por una cosa nueva que no es ciencia… ¡Así empiezan los ataques! Y yo empiezo a decirles: ‘miren, las críticas a Darwin no son solo de Maturana, son de todos estos otros personajes importantes dentro de las ciencias evolutivas’ y empiezo a defenderlo en el ámbito de la biología, diciéndoles ‘oigan, el fundamento de lo que está diciendo Humberto no es una locura’”, añade.

En ese proceso de defender a Maturana, Alexander terminó conociendo más su trabajo y hasta desarrolló su propio estudio.

Junto al neurocientífico Jorge Mpodozis y el doctor en Ciencias João Botelho, escribió “Las consecuencias evolutivas de la epigénesis y el cambio neutral: un enfoque conceptual a nivel del organismo”, que fue publicado por la revista JEZ-B: Molecular and Developmental Evolution”.  

“Por esas fechas se escribieron algunos artículos señalando una supuesta influencia negativa del Doc. sobre la enseñanza de la biología evolutiva en Chile. Yo escribí un artículo en respuesta, donde aclaraba la legitimidad de sus puntos de vista, y su coincidencia con importantes líneas de pensamiento en biología evolutiva”, rememora el biólogo.

La investigación está inspirada en algunos dibujos hechos por Maturana y Jorge Modozis en 1992 en una publicación ocasional del Museo Nacional de Historia Natural que se llama “El origen de las especies por deriva natural”. Con sus colegas, se dieron cuenta de que estos servían para representar una serie de situaciones en biología evolutiva y decidieron sacarles más partido a esas ilustraciones.

Maturana siguió de cerca ese estudio hasta sus últimos meses de vida. “Nosotros conseguimos conectar la discusión en biología evolutiva moderna con nociones conceptuales que él mismo había ahondado en los años 1990. Decidimos hacer una relectura de lo que él había hecho, y le dimos una mirada más reciente, con temas como la plasticidad evolutiva, que se acomodaban muy bien a la estructura teórica propuesta hace décadas”, explica João Botelho.

Pero, más que discutir sobre ese artículo, Maturana de pronto empezó a comentarle a Alexander sobre las ideas en las que él estaba trabajando. “A partir de ahí me vi en la insólita situación de que Humberto, quien siempre fue muy solicitado, era el que me llamaba repetidamente a mí”, comenta Vargas.

En específico, Maturana le consultaba su opinión sobre la Unidad Ecológica Dinámica Organismo Nicho (UEDON), un concepto que enfatiza que el organismo junto a su nicho son en realidad un único sistema, borrando un poco la frontera entre los dos.

Un concepto clave de su último escrito, que había desarrollado a cuatro manos con Ximena Dávila.  

La misión

Pocos meses antes del 6 de mayo de 2021, cuando nadie pensaba que él estaba a punto de partir, Maturana le pidió a Alexander Vargas dos cosas: escribir el prólogo de su último texto y ayudarlo a encontrar alguna revista que quisiera publicarlo.

Mientras tanto, tras años de trabajo -por lo menos desde que escribió El árbol del vivir (2015)-, el Doc. finalizó el escrito en abril de 2021. “Humberto era lento para escribir. Una cosa la revisaba una vez, dos veces, tres veces, a veces más veces, porque le gustaba ser impecable en todo y sabía que su estilo de escritura era bastante criticado”, comenta Ximena Dávila.

Pero, más que discutir sobre ese artículo, Maturana de pronto empezó a comentarle a Alexander sobre las ideas en las que él estaba trabajando. “A partir de ahí me vi en la insólita situación de que Humberto, quien siempre fue muy solicitado, era el que me llamaba repetidamente a mí”, comenta Vargas.

El texto, al que tuvo acceso The Clinic, se llama “La Unidad Ecológica Dinámica Organismo y Nicho (UEDON) es nuestro modo de existir en Gaia, comunidad ecológica biológica”.

Se divide en varios capítulos formados por preguntas que van desde lo más amplio hasta lo más específico. Por ejemplo: ¿Estamos adaptados al medio en que vivimos? A lo que se plantea que como un organismo existe solo en unidad y armonía operacional con el nicho biológico que lo hace posible, ningún organismo vive, ni puede vivir, fuera de una relación de coherencia operacional o relacional con el nicho ecológico que lo hace posible.

En otra parte, se lee “somos seres humanos viviendo con otros seres humanos en la continua generación de los mundos que queremos vivir, juntos, como personas conscientes de lo que hacen o quieren hacer”. Y aparece una pregunta sobre el lenguaje: ¿Dónde ocurre nuestro vivir como personas?

Y más adelante: ¿Qué es Gaia? “Gaia es nuestro hogar. Los primeros seres vivos deben haber surgido espontáneamente como sistemas autopoiéticos-moleculares entrelazados con la dinámica molecular de la corteza terrestre, constituyendo la unidad operacional/relacional que llamamos Gaia”.

“Cuando hablamos de Gaia nos referimos a la integración operacional/relacional de la biosfera con la dinámica de la corteza terrestre como una unidad ecológica que surge como el dominio de realización del individuo, de los seres vivos en general y en particular de nuestra UDEON como seres biológicos/culturales. Entonces, todo lo que nos sucede a nosotros tiene consecuencias en nuestro vivir cultural y todo lo que nos sucede en nuestro vivir cultural tiene consecuencia en nuestro vivir biológico”, explica Ximena Dávila.

“Este artículo Humberto lo escribió con mucho cariño. Es un artículo amplio”, agrega.

Alexander Vargas concuerda. “Es muy amplio y yo le critico eso a este escrito. Pero pareciera ser justamente la intención de Maturana. En ese trabajo él habla sobre el lenguaje, habla sobre las enzimas digestivas, sobre los riñones, sobre el tiempo, la física. Realmente es todo, pero eso es típico de Humberto, romper ese techo de cristal entre los distintos conocimientos. Una libertad absoluta que es terrible para muchos científicos, que son todo lo contrario, pero no para él”.

En otra parte, se lee “somos seres humanos viviendo con otros seres humanos en la continua generación de los mundos que queremos vivir, juntos, como personas conscientes de lo que hacen o quieren hacer”. Y aparece una pregunta sobre el lenguaje: ¿Dónde ocurre nuestro vivir como personas?

“La UDEON es nuestro modo de existir en Gaia (…)” pareciera conectar todo el trabajo de Maturana. La primera y la segunda etapa. La reconocida por los biólogos y la aplaudida por los no-biólogos. El cierre de una investigación que duró toda una vida y donde todo está intrínsecamente conectado. Incluso su último acto de amor.

El encuentro

Tener en sus manos el último trabajo de Maturana es algo que Ximena Dávila toma con mucha responsabilidad.

Por eso, hace solo algunas semanas, a fines de mayo, llamó a Alexander Vargas. Ella sabía de primera fuente que él era el elegido del Doc. para escribir el prólogo del texto y ayudarlo a publicarlo.

Lo había conocido meses antes, en un evento en la Universidad de Chile. Le dijo que estaba interesada en que conversaran y, por supuesto, volvieran a leer el artículo. “Yo creo que Humberto se dio cuenta de que Alexander era uno de los de su especie de científicos que validó todo lo que él hizo y no solo el principio, sino también el trabajo de las últimas dos décadas. No podía, entonces, dejar de hablar con él”, cuenta Ximena Dávila.

Se encontraron en un café en Providencia. “Yo le dije: ‘mire, yo puedo escribir un prólogo y si encuentras que no sirve, lo botas, no tengo ningún problema’. La Ximena me paró en seco y me dijo: ‘Por algo Humberto te escogió a ti’”, recuerda Alexander Vargas.

Así, prácticamente sin conocerse, se han unido en la misión de hacer los últimos ajustes -más que nada de escritura- para que se dé a conocer la última obra de Maturana.

“Aunque lo hicimos a cuatro manos -y ahora incorporamos a otras dos, las de Alex-, este artículo fue escrito en su mayoría por el Doctor Maturana. Yo fui su alter ego”, dice Ximena Dávila.

-Pero la versión final del texto está en negro y rojo, no solo en negro…

-Sí, pero me gusta que se sepa que fue así, y yo soy súper honesta con esto. Si ves el artículo, te das cuenta de que él puso mi nombre primero y luego el suyo. Yo le dije que no, que no, y él dijo ‘yo quiero que sea así, porque gran parte de UDEON, de la biología cultural y todo eso es tu aporte’.

-¿No cree que Maturana, al poner su nombre antes que el de él, le estaba haciendo su último gesto de amor? Al fin y al cabo, en las últimas décadas él destacaba que amar es “dejar aparecer” al otro. Y eso está haciendo con usted. Bueno, con usted y Alexander, en el prólogo.

Sí (con los ojos llenos de lágrimas). Humberto me está dejando aparecer. Nos está dejando aparecer.

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