Secciones

The Clinic Newsletters

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Entrevista Canalla

19 de Agosto de 2022

Willy Semler, actor: «Como una sola vez cada 24 horas»

Quiso dejar el teatro, pero volvió. Ahora está con todo: filma una serie, la película La Anunciada Muerte de Willy Semler fue un éxito en México y protagoniza una obra de teatro. Aquí habla de su resurrección, de sus experimentos con ayahuasca, de la búsqueda de su hermano mellizo, de que no le gusta mezclarse con muchas personas, de sus manías, del ego, la paz y que pronto se radicará en el sur.

Por

Hace exactamente dos años este actor quiso extinguirse. Dijo, desamparado, sumido en la pandemia, que renunciaba al teatro, daba un artístico paso al costado, caía teatralmente al abismo. Gritó: “Se acabó, renuncio…¡Nunca más volveré a actuar!”. Y se aferró en las sombras a una cajetilla de Marlboro. Pero este hombre se llama Willy Semler y está elaborado con arte. Este hombre es un actor con cara de emputecido, un metro ochenta y cinco de método Stanislavsky, le circula Shakespeare por el torrente sanguíneo, es un director hondo, titulado en la Universidad de Chile, profesor en la Universidad Católica, un malo heroico de treinta teleseries, propietario de la mueca más siniestra de la escena nacional, y, en fin, este hombre llamado Willy Semler aparece ahora, ciento cuatro semanas después, con la barba blanca que portan los reflexivos y revela lo siguiente:

-He vuelto.

-¿Qué?

-Volví, compadre.

-¿Por qué?

-Porque las cosas cambiaron.

Su retorno -que debió haber sido una portada gloriosa en los medios de comunicación- semeja una abducción existencial: el año 2020 Willy fue abducido por un bajón. Al momento de ser aspirado por la angustia, Willy lucía afeitado. Dos años después, Willy es un Robinson Crusoe que fue devuelto de las tinieblas totalmente chascón, con look de náufrago pandémico. Lo relevante es que Willy Semler primero es un actor, luego un ser humano. Willy Semler primero es la dramaturgia, luego la vida real. Willy Semler es el teatro chileno. Y tras dos años durísimos en que figuró apenado, Willy, a los 63 años, crespo, barbón, con aspecto de ñuñoíno ilustrado, ha resucitado otra vez en medio de las tablas. Y lo anuncia desde San Pedro de Atacama, en la geografía más mística. 

-Sí, bueno, es que yo pensé que la pandemia iba a durar mucho más.

-¿A qué se refiere?

-Pensé que esta huevada iba a durar como veinte años y…que yo no iba a volver a actuar.

En la pandemia se dijo a sí mismo: “Ya hiciste de todo, Guillermo Segundo Semler, ya actuaste, dirigiste obras de renombre, tú, Willy, diste el máximo, comedia, drama, risas, ira, eres un De Niro sin Premio Oscar, un artista forjado por Tomás Vidiella, has cumplido con creces tu destino teatral y que venga lo que tenga que venir, muerte llévame, trasládame a la otredad, etc”. Pero la pandemia disminuyó sus efectos y Willy, deslumbrado, volvió a tomar varios proyectos terrenales. El dramático actor está aquí otra vez, de pie frente al público, y grita:

-¡Me siento renacido…renacido!

Y festeja ahí, apostado en la habitación 29 de un hotel de San Pedro, lugar en que filma una serie. Y toma un teléfono de la pieza, llama a recepción y  exclama prendido:

-¡Traiga por favor dos Coca Cola Zero! 

Y, enfiestado, agrega:

-¡Con hielo! ¡Jajaja!

Es la fiesta del retorno. Willy es un actor que tiene teatro para varias obras más.

¡Me siento renacido…renacido!

La profunda vida del señor Semler

-¿Qué siente?

-Siento que la vida me premió.

-Sin duda…

-Puedo actuar. Estoy actuando.

Está filmando Robinsones, está actuando en la obra de teatro La  Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente y por estos días circula en México la película cuyo título encierra una paradoja: La Anunciada Muerte de Willy Semler, presentada y aplaudida en el Festival de Guadalajara. Allí Willy Semler encarna a un abrumado señor llamado Willy Semler, un legendario actor en declive que decide montar Drácula. Todo indica que el intérprete y la persona se han ensamblado. Este hombre, a fin de cuentas, es oficialmente un personaje. 

-Pero usted no está en decadencia- afirma con énfasis el reportero.

-Yo estoy viviendo un momento único.

Y añade:

-¿Sabes lo que estoy pensando con frecuencia?

-Qué.

-Pienso que tengo ansias de sensatez.

-¿No ha sido sensato, Willy?

-Creo que para la sociedad, para todos, la tabla de salvación es la sensatez… ¡Se debería fundar el Partido de la Sensatez!

Aquí es pertinente acotar que Willy es cultísimo, sumamente filosófico. Ama las ciencias. Ama la argumentación. Y por eso, contagiado, el reportero en un momento exagera la temática y pregunta:

-¿Cuál es el verdadero problema de la humanidad, Willy?

Siento que la vida me premió.

-El ego, huevón.

-¿Quién tiene ego?

-¡Todos los huevones tienen ego! El ego es una enfermedad.

-¿Usted tiene ego?

-Sí.

-¿Es posible disminuir el ego mundial?

-Hay que ser humildes. Ponerse en el lugar del otro. La empatía…La em-pa-tí-a…¿te fijas?

Mirada directa de Willy a los ojos de la prensa.

-No sé…no sé- ahora Willy se muestra brutalmente desesperanzado-…el capitalismo nos ha forzado a ser ganadores…

-Quizás- continúa- cada cual debe conversar más consigo mismo…

Por fortuna, Willy, desde hace muchos años, conversa consigo mismo y, a la vez, realiza viajes con la mente que lleva a cabo en cuclillas. Son viajes metafísicos que realiza al ingerir la pócima alucinante llamada ayahuasca. Lo hace al alero de un chamán, en una ambiente poético, serio, arrimado a alguna fogata. 

-Esto no es ir a drogarse. Esto no es un carrete.

-¿Qué es?

-Esto es medicina.

-¿Qué ve con ayahuasca?

-Es una dimensión en que se puede construir y deconstruir lo que sea.

-¿A dónde viaja, Willy?

-Puta, el otro día tomé ayahuasca y me fui a un limbo oscuro.

En otra oportunidad se topó con unos dragones y Willy actuó con prudencia. También ha paseado por castillos de otra era. Willy a veces explota en llanto, o bien en carcajadas. Hace un tiempo tomó ayahuasca en compañía de una chamán ecuatoriana apodada Carmita. 

Pienso que tengo ansias de sensatez.

-Me fui no sé dónde…- recuerda con preocupación.

Willy viajó a toda prisa y se insertó en una vibración sicodélica. Un entorno colorido, muy simpático, en el que Willy se quedó mentalmente mucho rato. Volvió transpirado, como si hubiese retornado trotando. Al volver nadie lo estaba mirando, pues todos se hallaban viajando, montando arcoíris. Sólo la chamán, Carmita, lo miró fijamente. Se acercó a Willy y le susurró: “Te habías ido lejito, ¿eh?”. Y Willy sonrió, volado, fuerte, vuelto poesía. 

Willy concluye:

-En el inconsciente colectivo está la realidad real.

Y se produce un silencio cargado de metáforas.

Willy respira, se raspa las canas de la barba, sabio, y desliza que ha vivido haciéndose preguntas. Opina que siempre le faltó algo. 

-Desde que nací…

Y entonces admite que, en efecto, nació a medias: su hermano mellizo, Pedro Semler, murió durante el parto. Y él, Willy, nació apurado y fue débil. “Mi mamá nunca hablaba del tema”, repasa. 

-¿Y sabes lo que hice unos años atrás?- menciona.

-Qué.

-Como no se hablaba de él, quedé intrigado. Y fui a buscar a Pedro, a mi hermano, quería saber de él, dónde estaba, en qué cementerio.

-¿Lo encontró?

-Lo encontré- revela con los ojos brillando-…al fin…

-¿Dónde estaba su hermano?

-En un nicho perdido en el Cementerio General. Me pasaron una cajita de 70 centímetros. Allí estaba él, carajo. Mi hermano, compadre. 

El otro día tomé ayahuasca y me fui a un limbo oscuro

Un hombre, recuerda, oraba a su lado. 

Willy sostuvo el ataúd minúsculo y lo trasladó lentamente, en una procesión solitaria.

-¿Sintió más alivió?

-Uff- suspira él-…es uno de los momentos más importantes de mi vida. 

Pedro y Willy al fin se juntaban.

Cincuenta años después.

Willy vació una caja en que su mamá solía guardar algunos objetos especiales y la ocupó con las cenizas de su hermano.

-¿Se sanó lo que se tenía que sanar, Willy? 

Willy Semler se queda pensativo.

Y como si hablara consigo mismo, reflexiona:

-…quizás por eso siempre me ha costado estar con gente…siempre me faltó mi otra parte…

Willy Semler es el padre de tres hijos, se ha casado dos veces, pero siempre parece que está a solas. Willy, repuesto, lo explica con exactitud científica.

-Tengo antropofobia.

-¿Qué es eso?

-Tengo fobia a la gente.

-¿A qué tipo de gente?

-A toda la gente. No me gusta estar con otras personas, especialmente si no las conozco bien. Por eso yo no salgo. No salgo a ninguna parte. Para mí el peor día del mundo es el año nuevo…

-…y más encima todos se abrazan…

-¡¡Noooo….espantoso!!- Willy tiembla.

Parece destinado a la soledad.

-Ni siquiera puede compartir almuerzos o comidas. 

-Eso es cierto. Es que también soy ayunista.

-¿Qué es eso?

-Como una sola vez cada 24 horas- dice con calma.

-Usted es un fenómeno, Willy- comenta la prensa, estupefacta.

-Sí, pero estoy bien…estoy bien…

-¿Pero le hace bien comer cada 24 horas?

-Estoy súper sano. Yo pasé el Covid fumando Marlboro…¿sabes cuál es mi desayuno?

-No…

Y pone la cara de un duro. Es De Niro en Taxi Driver. Es Charles Bronson en el Justiciero de la Noche. Es Semler, a secas.

-Mi desayuno es un café negro y cuatro cigarros.

Y el enigmático señor Semler se pone a reír.

Proyecto Pucón

Willy Semler, con sus fobias y su ayuno, ha vuelto. La película La anunciada muerte de Willy Semler se estrenó en México y él está vivo otra vez. 

-Pero me quiero ir- confirma de pronto.

-Pero si acaba de volver…

-Me quiero ir a vivir a Pucón.

En Pucón vive su pareja. En Pucón él montará una obra de teatro el próximo 5 de enero. En Pucón la leyenda antropofóbica se enfrentará a los nuevos tacos del sur. Y en Pucón él será un gestor cultural, el rostro del teatro, el mito frente al lago.

-¿Entonces quedó atrás su renuncia al teatro?

-Renací, viejo. Pero fue duro el momento de la pandemia. Más encima se murió Tomás Vidiella.

Silencio, luto, admiración.

Willy se sincera:

-Más de la mitad de lo que soy se lo debo a Tomás Vidiella.

-¿Por qué?

-Él creyó en mí desde la primera obra que dirigí a los 22 años. 

Como una sola vez cada 24 horas.

Tomás le dijo esa vez: “Tú haces teatro puro”. Y le hizo una invitación: “Ven a dirigir en mi teatro”. Y Tomás, el hombre más generoso del firmamento actoral, lo apoyó toda la vida. Y se mezclan los tótems porque menciona también a Alejandro Sieveking, a Bélgica Castro, la pareja siamés, y menciona a José Soza, a los amigos, el flujo de talento, generaciones doradas del drama. 

-¿Y ahora es feliz, Willy?

-Te voy a decir lo que me hace feliz…

-Por favor…

-Lavar la ropa me hace feliz. Te lo juro. No sabría explicarlo…

-Fíjese que, a estas alturas, le creo, Willy…

El enigmático señor Semler pone esa cara de malo que se ha registrado en la televisión (“¡Con este caracho no me podían dar otros personajes!”). 

-Y también, claro- confiesa- el teatro me hace feliz.

-Ha vuelto…

Y Willy, con su tendencia a la hondura, perfecciona su última frase y declara finalmente:

-…en realidad…el teatro es el único lugar en que siento paz…- y da un sorbo a su Coca-Cola, pone esa mueca de serio. Y el actor resucitado ahora sí se va. 

*El contenido vertido en esta entrevista es de exclusiva responsabilidad del entrevistado.

Notas relacionadas

Deja tu comentario