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26 de Agosto de 2022

“No somos siameses ni un demonio de dos cabezas”: La nueva provocación de Nona Fernández y Marcelo Leonart

Gentileza GAM

El matrimonio de escritores y dramaturgos acaba de volver a las tablas -él como autor y director, ella como actriz- con La casa de los monstruos, una desbordante pieza que pasa de la comedia a la tragedia y de la Francia del siglo XVI a la olla a presión del Chile pre estallido. Una suerte de vodevil en el que hay revoluciones, invasiones, pistolas, guillotinas y un nuevo orden que surge. Aquí, ambos reflexionan sobre la revuelta y el proceso constituyente; hablan de sus conexiones políticas y su trabajo por el Apruebo, de la casual visita del presidente Boric a ver una de sus obras y de cómo ha sido compatibilizar, por más de 30 años, la vida personal y los proyectos de cada uno con el hacer teatro juntos. “Lo más interesante es que somos cada vez más distintos”, dicen.

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“De tanto pedir las cosas con permiso y por favor, al final nunca pasa nada y cuando no pasa nada las cosas explotan y se desencadena la violencia”. 

La frase anterior se repite estruendosamente en La casa de los monstruos, la nueva obra del director y dramaturgo Marcelo Leonart y su compañía La Pieza Oscura que debutó hace una semana en el GAM. Un texto que terminó de escribir en abril de 2019, seis meses antes de la revuelta social, y en el que se perciben las vibraciones y tensiones del estallido que estaba por venir. No le movió “ni un punto ni una sola coma” cuando empezaron a ensayarla casi tres años después, según contó el mismo autor la noche del concurrido estreno, al que asistieron desde figuras del teatro y rostros del cine y la televisión, además de autoridades, como la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Julieta Brodsky.

De la comedia a la tragedia, y de una fiesta al infierno. 

Crédito: Maglio Pérez

La anécdota que propone la obra -en cartelera hasta el 10 de septiembre- es despiadada y bordea el delirio. Lucho Cotapos (Cristián Carvajal) se prepara en su casa para ir a la ceremonia en que recibirá un premio por su fundación para la ayuda a la infancia y prevención contra la delincuencia. Mientras repasa su discurso de agradecimiento, irrumpe un personaje enmascarado y vestido de época (Héctor Morales), un viajero en el tiempo que ha venido a contarle la historia de la ejecución de Luis XVI durante la Revolución Francesa. Antonia, la mujer de Cotapos, interpretada por la actriz, escritora, pareja y dupla creativa de Leonart, Nona Fernández, aparece de golpe para contarle a su esposo que sus mejores amigos no podrán asistir a la premiación: han sido asaltados en su hogar. 

De vuelta en casa después de la ceremonia, los protagonistas se encuentran con los mismos supuestos delincuentes, Marcela y Marcelo (Felipe Zepeda y Macarena Fuentes), una pareja no binaria y gender fluid que les da una clase magistral de lenguaje inclusivo y sobre el nuevo orden social. Amablemente y sin estridencias, les hacen además una insólita petición: quieren usar su cama matrimonial para hacer el amor.

“Esta es una obra pre estallido pero que retrata perfectamente el estallido. No hay algo profético en esto; no había que ser demasiado pitoniso para prever esta situación, tampoco nos vengan con que no lo vieron venir y que no ven tampoco lo que está sucediendo ahora. Si gana el Apruebo va a haber, como ya existe, un estrangulamiento y un desencadenamiento de la violencia. Que quede la cagá es un mensaje muy claro del poder hegemónico y aquí surge esa posibilidad”, comenta Marcelo Leonart. 

“En la obra está la amenaza de la violencia que claramente tenía Los invasores (de Egon Wolff), y tiene cierta hermandad también con Noche Mapuche (2017), que estrenamos hace unos años. No tanto por la puesta visual, sino en cuanto a la mirada de la clase alta ciega de sus privilegios y preventas, como decimos en la obra. Es muy inquietante para los dueños de casa la aparición de estos personajes que les piden la cama para hacer el amor y que además lo hacen amablemente. Eso es lo más inquietante. En la obra no hay cuarta pared, está hecha y apela constantemente al público. Lo hace preguntarse qué estamos viendo, si una comedia o una tragedia donde correrá sangre”, agrega.  

Sentada a un par de metros, en las butacas completamente vacías de la sala del Teatro La Memoria, en el barrio Bellavista, Nona Fernández escucha atentamente. “El mayor escándalo es que estos personajes invasores no les roban ni los asaltan. No hacen nada de lo esperado”, dice. Antonia, su personaje, prosigue la también autora de libros como La dimensión desconocida, Voyager y la exitosísima obra El Taller -de 2012 y sobre la escritora de la DINA, Mariana Callejas-, encarna a esa parte de la sociedad que se niega a asumir las modificaciones sociales que exigen tiempos como los que corren, y que teme y rechaza a quienes no son como ellos.

“La mirada que existe aquí se ha ido elaborando a partir de lo que la realidad entrega. Los personajes del Carva y el mío, los dueños de casa, se construyen de imágenes ya visitadas y que hemos asumido de las clases de élite más reaccionarias, conservadoras y que dicen frases que son feroces y que se dicen con mucha normalidad porque son parte de su realidad. Esta obra retrata también la vida que tiene esa gente y que es interrumpida por otras y otros, y lo hace en la clave del humor; hay música, se baila, se chunguea. Aquí la ferocidad es un gran hueveo y lo terrorífico adopta la forma y el tono de un vodevil o de un cabaret, hasta que algo interrumpe la fiesta”, dice Fernández. 

“Si gana el Apruebo va a haber, como ya existe, un estrangulamiento y un desencadenamiento de la violencia. Que quede la cagá es un mensaje muy claro del poder hegemónico y aquí surge esa posibilidad”, comenta Marcelo Leonart. 

“Pienso en la ex Primera Dama, la mujer de Piñera, cuando hablaba de la invasión alienígena y ella realmente estaba aterrada, no era una caricatura de sí misma. Estos personajes se constituyen y nutren de esa completa ignorancia y del terror que le tienen a las otras y los otros, al hecho de vivir encapsulados y al no querer modificarse ni entender que existan otras y otros que requieren de cambios y transformaciones. No comprenden los nuevos lenguajes, se apegan a cosas francamente absurdas y son incapaces de mirar una nueva realidad. Nosotros igual vivimos en una burbuja y hacemos los intentos. Estamos movilizándonos a medida que se mueven los cambios culturales y que se van desplegando, porque somos parte de la cultura. Estamos observando esas modificaciones constantemente”, agrega la actriz.

El lenguaje inclusivo surge didáctica y discursivamente en la obra. “Es un tremendo desafío para quienes trabajamos en la escritura. Te pone en problemas y te obliga a pensar el doble y a buscar soluciones. Pero esa es la pega no más. Millones de personas se manifiestan reaccionariamente a estas tensiones del lenguaje. Es un gesto de egoísmo y de ceguera brutal ante el flujo cultural no llamar a la gente por su nombre y sus pronombres correctos”, plantea la también autora. 

Leonart asienta y agrega: “Yo me paso por el forro de las hueas’ la RAE. Y lo he hablado con editores buenos, editores regulares y editores malos, y hay muchos que se espantan y lo ven casi como un sacrilegio. Como cuando se escandalizaron por quitarle el tilde al ‘solo’. Con el lenguaje inclusivo pasa lo mismo: provoca rechazo, a otros les da pudor usarlo y tienen sus aprehensiones. Aquí lo incorporamos para sumar a las mujeres y disidencias que no están necesariamente incluidas con el lenguaje, que es bien masculinizante. Y también y por supuesto, para joder, joder y joder a todos los Jocelyn Holt, los Warnken, los Gumucio y a toda esa manga de escritorcillos amarillos”. 

Crédito: Maglio Pérez

La última vez que la dupla estuvo en el GAM fue en 2017 con la obra Noche Mapuche, que no estuvo exenta de polémicas. Hacia el final del montaje se reproducía el audio original del llamado de emergencia que hizo Vivianne Mackay justo antes del incendio de la casa del matrimonio Luchsinger, en la Araucanía, en 2013. Se publicaron críticas y comentarios con títulos como “Leonart se pone del lado de lo inhumano” y “Un discurso delirante y torpe”.

“El audio salió muchas veces en las noticias y estaba en YouTube, que fue de donde lo saqué y convertí en mp3”, recuerda Leonart. 

“Pienso en la ex Primera Dama, la mujer de Piñera, cuando hablaba de la invasión alienígena y ella realmente estaba aterrada, no era una caricatura de sí misma”, dice Nona Fernández.

“No entiendo cuál fue el problema de ponerlo en la obra si está en dominio público y contextualizando un caso de manera judicial, y ante la evidencia del horror, sacarlo hubiese sido cobarde. Algunos como Ramón Griffero me pelaron, y otros que me lo dijeron, como Ramón López, que fue profesor mío y en ese entonces era presidente del directorio del GAM. Él me dijo que lo que había hecho era inmoral y que le hacía un flaco favor a la causa mapuche. Por su cargo, lo podía tomar como una presión, pero finalmente no pasó nada. Como decía Pasolini: escandalizarse es un acto humano”.

EL ESTALLIDO Y OTROS RECUERDOS PREVIOS

”Yo no me muevo en los círculos en los que se mueve la Nona”, dice Leonart. 

“Soy medio institucionaliza, ja. Yo adhiero mucho más a los colectivos, a organizarnos en grupo… Leonart es más como un francotirador”, agrega ella. 

Se conocieron con poco menos de 20 años, en 1989, mientras estudiaban en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Sus orígenes los situaban en distintas veredas: “Yo no viví las luchas sociales en la calle ni soy como esos gallos que por haber ido a una marcha dicen que fueron parte de los movimientos”, dice Leonart. “En mi colegio (Calasanz) la politización se daba en ámbitos que no implicaban una lucha directa. Era más parecido al colegio de The Wall, con profesores que se burlaban si tenías inquietudes artísticas y donde la contextualización de hechos como el Golpe de Estado era, por decir lo menos, pacata”. 

Nona Fernández, en cambio, sí percibió más de cerca la agitación de los años del fin de la dictadura. Estudió en el Liceo Santiago -actual colegio Santa Cruz-, en avenida Matta, dirigido por monjas de izquierda. “Tenía 14 o 15 años y estuve en los movimientos estudiantiles. Yo creía que éramos los únicos que se movilizaban, que Santiago centro era todo, sin duda no era así. Desde la revuelta tengo más claridad de que la gente movilizada en Chile es muy amplia y de que quizás siempre lo fue, pero no tanto como ahora. Es mucho más de lo que vemos incluso en los medios”, opina. 

Tres décadas, una docena obras y teleseries después -desde 16, Secretos en el jardín y hasta Casa de muñecos, la última que escribieron, en 2018-, el 18 de octubre de 2019 los pilló ensayando Space Invaders, montaje basado en el libro homónimo de Nona Fernández y cuyo estreno se postergó dos años entre el estallido social, la pandemia y el cierre de los teatros. Tomaron rumbos distintos y se vieron nuevamente en dos veredas: Marcelo Leonart se abocó casi por completo a la escritura y al teatro; ganó la Muestra Nacional de Dramaturgia en 2020 con la obra Tú no eres, hermana, un conejo corriendo desesperado por el campo chileno, que muy pronto comenzará a dirigir y será su cuarto estreno del año.

“Yo iba mucho más a Dignidad. Con la Nona fuimos a reuniones bien desesperadas y que a uno le dan un poco de risa ahora. Eran los primeros días después del estallido, cuando salieron los milicos a la calle, y había gente llamándome a las 11 de la noche para decir que había que tener un texto y hacer acciones bien hippies. Eran actos de desesperación total ante lo que estaba pasando”, recuerda Leonart. 

”Eran primeras reacciones, intentos de sanar”, apunta Nona. 

“En mi colegio (Calasanz) la politización se daba en ámbitos que no implicaban una lucha directa. Era más parecido al colegio de The Wall, con profesores que se burlaban si tenías inquietudes artísticas y donde la contextualización de hechos como el Golpe de Estado era, por decir lo menos, pacata”, dice Leonart.  

La autora, en tanto, pausó varios proyectos teatrales y literarios tras el estallido y asumió un nuevo y colectivo rol en la escritura: se sumó a los primeros cabildos y asambleas en torno a una propuesta de nueva Constitución y en diciembre de 2020 se convirtió en la generalísima de campaña de Andrea Gutiérrez, por ese entonces candidata a constituyente. Actualmente es la subsecretaria de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. 

“La revuelta sin duda nos trajo un remember o un inside que despertó espacios terroríficos que estaban clavados en el cuerpo de lo que fue la dictadura. Eso yo lo sentí ya ni siquiera pensando, sino orgánicamente. Sobre todo esos días de violencia y tanta reacción atroz de las policías. Eso fue para mí como: mierda, el tiempo no había pasado. Estábamos encapsulados y otra vez ahí, escondiéndonos de los pacos, con el olor picante de la lacrimógena que nunca terminaba y el humo. Nunca salimos de eso”, comenta Fernández.

“El terremoto sociopolítico que hemos vivido, a mi parecer agotador pero interesante, es el más interesante que he vivido, incluso más que el regreso de la democracia, porque en este efectivamente hubo una explosión popular. Yo me sentí súper convocada a trabajar desde los colectivos desde los cuales ya venía trabajando -Autoras Chilenas (Auch!) y la Red de Actrices de Chile (RACH)- desde el mayo feminista del 2018, y a sacar adelante la campaña de una candidata por la cultura. Ahora estamos también trabajando para el Apruebo”. 

-¿De qué manera?

Ella contesta: “Trabajando con el comando de los movimientos sociales y colaborando con el comando de Apruebo Dignidad, tanto en sus campañas como en el mundo de la creación: levantando la Cultura por el Apruebo en los puntos de los domingos, y ahora estamos con un pasacalle con el que estamos circulando por varias comunas con el mundo de la danza y la música. Estamos desplegando un poco de entusiasmo y desplegando un poco de lo que sabemos hacer, que es comunicar”. 

-¿Leyeron el texto de la propuesta de nueva Constitución?

Nona Fernández: “Sí, completo”. 

Marcelo Leonart: “Yo no”.  

“La revuelta sin duda nos trajo un remember o un inside que despertó espacios terroríficos que estaban clavados en el cuerpo de lo que fue la dictadura. Eso yo lo sentí ya ni siquiera pensando, sino orgánicamente. Sobre todo esos días de violencia y tanta reacción atroz de las policías”, dice Nona Fernández.

Este último profundiza: “Yo soy un hueón que tiene problemas con las normas. No es el ámbito que me hace más feliz. Sé que es necesario y voy por el Apruebo, sin lugar a dudas, pero yo no la he leído porque hay muchas cosas que puedo llegar a entender y a no entender, y eso no va a mover mi aguja. La Constitución del 80 es un despropósito, con todas sus reformas por habidas y por haber. Los mecanismos de la antigua Constitución están hechos para que el Estado no llegue o sea ineficiente y no tenga herramientas para llegar, y ahora le piden a la Constitución nueva una efectividad práctica que la anterior no tuvo y que falló sistemáticamente. El status quo es lo que está en peligro y eso les urge a varios en este país. Tenemos que pasar del vigilar y castigar”, opina Leonart. 

“A mí me parece que esta Constitución nueva le lleva años luz a la otra. Todo lo que circula ahí es positivo y con mirada de futuro. No tengo ni un solo reparo con este texto”, dice Nona Fernández. 

“Ya desde el primer artículo se resume el país que nos gustaría tener, una fantasía positiva de lo que queremos y que hoy es una fantasía en la que estamos trabajando para que sea realidad. Eso se resume en derechos consagrados por el Estado, y que éste es plurinacional, paritario, ecológico, que nuestros pueblos originarios son reconocidos, que garantiza derechos a la naturaleza, que da estatuto al agua y que traza un país territorial donde la democracia sea participativa realmente. Me parece que el texto recoge de manera clarísima las demandas de la revuelta y que propone una mirada de futuro que muchas y muchos compartimos. Este proceso ha sido un golazo y le ha sido robado y arrebatado por el pueblo a la clase política y a la élite que ahora ven amenazados sus privilegios. Sería una lástima, una tragedia, desperdiciarlo todo. Ahora, como cualquier carta de ruta, la Constitución no puede ser fija. Debe ser modificada en el tiempo porque la sociedad se modifica constantemente”.

Gentileza GAM

La actriz y dramaturga es también una de las voces entrevistadas por Patricio Guzmán en su nuevo documental, Mi país imaginario

“Guzmán es un maestro al que admiro mucho y por los temas que trato, he desmenuzado esas películas muchas veces. Fue a mi casa. Habremos estado un largo rato conversando y me comentó de cómo se emocionaba al sentir a este país vivo de nuevo. Él vio que ese espíritu se había apagado con la transición y la democracia, y no sentía algo similar desde la Unidad Popular. Estaba bastante emocionado y esperanzado con todo este nuevo proceso. Creo que así es como todos estamos”, cuenta.

EL PRESIDENTE EN LA FILA

28 de julio de 2022. Era la primera de tres funciones de la obra No me digas que al futuro se lo traga la oscuridad, debut profesional del colectivo El Pony, en la sala de teatro de Sidarte. Ya habían hecho el ‘mierda, mierda’ de rigor, las actrices estaban listas para salir a escena, el público empezaba a ingresar y Leonart, quien dirigía el montaje, volvió a revisar una vez más su teléfono. Había un mensaje de WhatsApp de Nona que decía: “Está el presidente Boric”. 

Fernández lo recuerda así: 

“Estábamos en la fila con mi hijo Dante, que había hecho la música de la obra, y veo a Gabriel y a Irina (Karamanos) en la mitad de la fila. Dije: ¡no puede estar el presidente aquí! Me acerqué, nadie los había visto o nadie había dicho nada, él me vio y nos saludamos. Empezamos la conversa y ahí se destapó un poco la cosa: habían decidido ir al teatro después de un día rudo y querían ser felices un rato. Vieron la cartelera y les tincó la obra pero no sabían mucho de qué se trataba. Ni siquiera habían comprado entradas y Sidarte no tiene boletería. Estaba lleno, habían repartido todas las invitaciones y él dijo que mejor volvían mañana. No querían entrar sin pagar”, cuenta. 

Finalmente, el Presidente y la Primera Dama se quedaron a la función y vieron el montaje, que narra los esfuerzos de un grupo de mujeres que superan una tragedia que ha hecho desaparecer a casi toda la juventud del planeta. Son las únicas sobrevivientes. Al final y tras los aplausos, Boric “pidió subir al escenario”, recuerda Leonart, pronunció unas palabras y posó en varias selfies junto a las actrices, sus familias y el resto del equipo. 

Al día siguiente de la función, Boric publicó una serie de imágenes y un comentario en sus redes: “Preguntarse en qué momento muere una generación en la que fuimos felices y qué viene después (si es que hay un después) fue una aventura. ¡Que bien que hace ir al teatro!”. 

“Empezamos la conversa y ahí se destapó un poco la cosa: habían decidido ir al teatro después de un día rudo y querían ser felices un rato. Vieron la cartelera y les tincó la obra pero no sabían mucho de qué se trataba”, cuenta Fernández.

“Pd: me adelanto desde ya a los clásicos comentarios tipo ‘para eso te pagamos’, o ‘como tienes tiempo para hacer otra cosa que no sea trabajar’, etc, y les paso el dato que hay entradas desde $3.000 y que leer un libro, ir al teatro, escuchar música, caminar sin rumbo o conversar con amigos ayuda mucho a llevar mejor la vida y a pensar mejor. Un abrazo!”, añadió en su mensaje. 

“La metáfora que plantea la obra es que toda la juventud chocó con un muro, y cuando estábamos conversando todos ahí con él, Boric decía: qué loco esto de la juventud, algo similar a lo que puso en Twitter”, recuerda Leonart. “Llegamos a camarines con las actrices y todos pensábamos: ¡el manso muro con el que chocaste tú! Se le acabó de una la juventud. Es algo que te puede suceder a los 35 años; a todos se nos muere la juventud en algún momento, escasas personas sobreviven a eso, y él debe estar pensando mucho en eso ahora mismo”.

En sus tiempos como dirigente estudiantil, Gabriel Boric ya había visto otra de sus obras, El Taller, e incluso recomendó leer el libro Space Invaders en sus redes. 

-¿Son cercanos al presidente Boric? 

“No”, dice ella. “Yo ni lo conocía”, agrega él. 

Nona sí lo conocía. “Compartimos con él y junto a Óscar Barrientos, un poeta del sur amigo nuestro que fue profesor de lenguaje de Boric. Estábamos en Punta Arenas y él había ido a ver El Taller”, recuerda. 

-Parece todo un suceso que el Presidente vaya al teatro, incluso para la comunidad teatral. ¿Faltará normalizar el hecho de que tengamos a un mandatario que le gusta la cultura y que además la consume?

Nona Fernández contesta: “Sí, quizás haya que asumirlo así, es lo que ocurría antes con los estrenos del Teatro Nacional. Era lógico que el presidente de turno pasara y estuviera en alguna de las funciones, que se sacara fotos con el elenco. Ahora, pienso que cada vez que el presidente vaya a una función va a ser un evento. Hace mucho que no estábamos acostumbrados a eso. A mí me emociona”, dice. 

“Con Piñera no era auténtico”, reacciona Leonart. “El otro día tuiteé de cuando me topé con él en dos recitales, uno de Bob Dylan y otro de Paul McCartney. En el último se retiró cuando McCartney empezó a cantar Helter Skelter, o sea, el momento más brutal y extraordinario. El huevón se fue y le importó un pico. Cumplió con ir, con estar. En el de Dylan, lo mismo. Uno cacha que es una impostura suya. En el caso de Lagos fue igual. Boric siempre ha mostrado estar genuinamente más interesado en leer, en ir al teatro, como muchos hacen, pero es cierto que habíamos perdido la costumbre”, agrega.

Nona retoma: “Ocurre también que hemos sido un sector tan vilipendiado y golpeado en los últimos años, que de pronto tener la visita de una autoridad es casi como un nanai, por eso se genera esta especie de locura. Es un gesto cariñoso suyo y que de alguna manera nos dice que no somos invisibles y que la autoridad está viendo nuestro trabajo. Eso te da una mirada esperanzadora de lo que puede ser el futuro del rubro y del área”. 

EL FUTURO 

En paralelo a la temporada de La casa de los monstruos en el GAM, la pareja ya trabaja arduamente en nuevos proyectos, juntos y por separado. Entre los primeros está la adaptación al teatro de Voyager, ensayo novelado de Nona Fernández publicado en 2019. Es un proyecto de largo aliento, sin fecha de estreno y que no saben cuánto durará, comentan. 

“Es una fantasía, un experimento alrededor del libro. Mi inquietud es buscar nuevas formas de encarar el escenario”, comenta la autora, quien ha vuelto a retomar además su veta de dramaturga. Convocada por el Teatro de Basilea de Suiza, Fernández está escribiendo una obra titulada El difunto imaginario que debutará en marzo de 2023. 

“Es una obra sobre Moliere y escrita a lo Moliere, un juego escénico. Y difunto imaginario, en este caso, porque él no se ha dado cuenta de que ya murió. Me apasiona su figura; el gran dramaturgo que era, actorazo, comediante, empresario, un Chespirito. Lo mismo que Shakespeare. Son huevones de la escena que están contando al público que entra, viendo que todo funcione. Están en lo más pedestre y lo más elevado del escenario”, cuenta la autora.

“Boric siempre ha mostrado estar genuinamente más interesado en leer, en ir al teatro, como muchos hacen, pero es cierto que habíamos perdido la costumbre”, dice Leonart.

Leonart, por su parte, iniciará pronto los ensayos de Tú no eres, hermana, un conejo corriendo desesperado por el campo chileno, que estrenará a fin de año, y estará de vuelta en cartelera por partida doble; con No me digas que al futuro se lo traga la oscuridad en septiembre, en el Teatro de la Universidad Mayor, y la nueva temporada de Proyecto Diablo, un monólogo polifónico sobre el estallido social que estará durante el mes de noviembre en el Teatro del Puente. Además prepara una nueva novela que publicará en 2023. 

-Después de tantos años, ¿qué es lo mejor y lo peor de trabajar  juntos?

“Lo mejor es la energía que circula y que nos permite potenciar la energía propia. Hay aquí un pacto de trabajo común y de potenciarnos la una al otro y viceversa, respetando las individualidades e ir sumando a partir de las mismas”, dice Nona. 

“Hemos diseñado una metodología de trabajo y nos ponemos al servicio alternadamente, pero evidentemente tiene dificultades porque la vida es móvil, la creación es móvil y cada proyecto te establece nuevos desafíos y formas de trabajo. Estamos siempre observándonos, adecuándonos, y aunque eso ocurra con cualquier colega, la diferencia es que nosotros nos vamos a la casa juntos. Entonces, lo que pasó en el ensayo no se queda en el ensayo, lo llevamos pa’ la casa. Y no hay descanso, en ese aspecto. Los conflictos que se generan aquí, son conflictos que nos llevamos para allá también. Y las diferencias se vuelven personales, porque para nosotros no hay nada más personal que el trabajo creativo. No es una cosa de cerrar el computador, cierro la oficina y me voy a mi casa, no, no es así. Eso es algo que tenemos que estar constantemente ecualizando”, agrega. 

Gentileza GAM

”Nosotros hacemos obras rabiosas, llenas de odio y resentimiento. A diferencia de los políticos y de quienes nos gobiernan, yo puedo decir las imbecilidades, atrocidades o bidonajes más grandes, porque soy escritor, soy teatrista, yo puedo hacerlo. No tengo esa responsabilidad. Sí tengo la responsabilidad de cuidar el espacio del teatro como el espacio del amor que es para nosotros”, comenta Leonart. 

“Tenemos muchos años haciendo la pega y nos encontramos haciendo la pega. Lo hemos pasado mal a veces, por huevadas anexas, más propias, que las han habido por cierto, y así y todo tenemos energía como para trabajar de repente en el teatro y también como escritores y guionistas. Hay gente que pone toda su energía en el teatro pero nosotros tenemos puestas las energías en varios platos, a veces coincidimos, a veces no”, agrega el director y dramaturgo. 

“Lo que pasó en el ensayo no se queda en el ensayo, lo llevamos pa’ la casa. Y no hay descanso, en ese aspecto”, dice Nona Fernández.

“Yo creo que después de esa larga travesía que hicimos por el desierto alguna vez, hemos aprendido a abrirnos a otra gente y a otros colegas en el teatro. El odio y la mala onda está afuera y está en las obras. Algo malo que nos puede llegar a pasar, y que tenemos que tener siempre en observación, es que de repente somos tan cercanos que creemos que el otro es uno y no lo somos. Hay cosas que a veces uno da por sentado, el uno o la otra, y que no es. Tengo a veces la sensación de que la Nona está pensando lo mismo que yo y no necesariamente es así, y es al revés. Lo calibramos, lo hablamos. No somos siameses ni un demonio de dos cabezas; somos dos individualidades que hemos trabajado mucho tiempo juntos”. 

Nona Fernández concluye: “Lo más interesante ahora es que estamos cada vez más distintos. Incluso en las ideas, en las propuestas, en las ganas de hacer cosas, pero mantenemos un espacio común y de apañe, que es el teatro”.

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