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7 cuadros en la bodega del MAC: La batalla entre los herederos del pintor Ernesto Deira y la U. de Chile

El artista argentino Ernesto Deira falleció pensando que siete de sus cuadros, que fueron exhibidos en Santiago en la Unidad Popular, habían sido quemados durante la dictadura. No fue así: las obras se encontraban desde 1974 custodiadas por el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y guardadas en un depósito. La familia del pintor se enteró en 2003, y desde entonces se enfrentan con la Universidad de Chile y el museo para llevarse los cuadros de vuelta a Buenos Aires.

Ernesto Deira falleció en 1986 con la idea de que Identificaciones, una inusual serie entre su obra pictórica, había sido destruida en Chile. El reconocido artista argentino perdió el rastro de esos siete cuadros luego de que fueran expuestos en Santiago en 1971. Y con el golpe militar, dos años más tarde, dio por verdaderos los rumores de que sus pinturas, de alto contenido político, habían sido quemadas por orden de Augusto Pinochet, junto a las creaciones de otros contemporáneos cercanos a la izquierda.

No fue así. Para sorpresa de la familia Deira, en 2003 los cuadros reaparecieron. Llevaban tres décadas bajo custodia del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), dependiente de la Universidad de Chile. El descubrimiento marcó el comienzo de un tira y afloja que se mantiene hasta ahora. Una pugna entre los herederos, empecinados en repatriar la colección, y las autoridades universitarias, convencidas de que Identificaciones forma parte del patrimonio cultural chileno.

En un principio, según cuentan testigos de los hechos, las conversaciones se caracterizaron por la “buena voluntad” de las partes. Pero esa “buena voluntad” se erosionó con el tiempo, y hoy, frente a un sinnúmero de líos burocráticos y los escasos avances, la relación se encuentra en un punto crítico: los Deira acusan que el MAC no responde a sus llamadas y correos electrónicos, y la intervención de directores de museos y funcionarios diplomáticos de ambos países tampoco logró destrabar el asunto. 

“En criollo, se están haciendo los boludos”, dice Silvina Deira, hija del artista, a The Clinic. Silvina, quien lidera los esfuerzos desde Buenos Aires, adelanta el inicio de nuevas gestiones con Cancillería para recuperar las obras que, según considera, están “secuestradas”. “Ahora sí hay un conflicto”, remata.

En la foto, Ernesto Deira. Crédito: Archivo personal de la familia.

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En 1971, la colección Identificaciones de Ernesto Deira se expuso en la Sala Universitaria de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en una muestra organizada por el Instituto de Arte Latinoamericano (IAL), de la misma casa de estudios, entre el 9 y 30 de noviembre.

Fue tras esa exhibición que la familia no supo más de las pinturas. Después de su paso por Santiago, el plan original era en trasladarlas a La Habana, pero por “algún tema político” de último minuto —recuerda Silvina—, Ernesto Deira “no estuvo de acuerdo” con enviarlas, y “ahí quedaron”.

Lo que pasó en los años siguientes es un relato confuso, de una época confusa. Parte de toda la incertidumbre que acarrea un golpe de Estado. Según Ernesto Muñoz, curador independiente, presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en su capítulo chileno, y cercano a los Deira, las pinturas se guardaron en una casa que arrendaba el IAL en la calle Coyancura, en Providencia. Pero con la dictadura, “lo primero que se hizo con el IAL fue cerrarlo”, cuenta Muñoz a The Clinic.

“En criollo, se están haciendo los boludos”, dice Silvina Deira, hija del artista.

Si la serie fue movida desde esa casona a otro sitio en 1973 es un misterio. Lo cierto es que, en 1974, las obras fueron llevadas “por el Instituto de Extensión de Artes Plásticas al MAC”, de acuerdo con el recuento que hace el mismo museo, ante las consultas de The Clinic. “De esta forma, durante 47 años el patrimonio del artista ha sido resguardado”, agregan.

Silvina afirma que, tras el golpe, su padre “intentó averiguar qué había pasado con los cuadros, y la información que a él le dieron es que los habían quemado”. “Y mi viejo —un ‘señor de izquierda’, según su hija— obviamente no fue a Pinochet a preguntarle dónde estaban los cuadros (…). La historia que quedó en la familia era que esos cuadros no existen más. No existen más, y punto final”.

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Identificaciones es una especie de paréntesis dentro de toda la producción de Deira. Son siete imágenes “de morgues, de muertos, de torturados”, dice Silvina. De personas colgadas, de gente con las manos y pies cercenados, “justamente para que no se lograra identificar a los cadáveres”. Una representación gráfica de la estela de violencia y sangre que dejaron diversas dictaduras en la región latinoamericana durante esos años.

“Mi papá era abogado, por lo tanto, todo lo que tenía que ver con DD.HH. siempre fue un tema que le importó”, señala Silvina, recalcando que, sin embargo, no fue “un pintor militante, como otros acá”. “Es una serie muy particular y de un contenido político muy fuerte”, comenta.

La historiadora del arte y curadora María José Herrera, quien conoce de cerca las obras, explicó al medio argentino La Nación que Deira pintó en blanco y negro “para dar el tono de ‘testimonio’”, como si fueran las imágenes de un “diario”.

“Era muy loco lo que estaban haciendo”, opina Ernesto Muñoz. “Muy metido en la política, en los tiempos, la guerra de Vietnam, los dramas de esa época”.

Pintura de Identificaciones. Crédito: Archivo familiar.

Deira pertenecía al grupo de artistas conocido como Nueva Figuración. Los integrantes del movimiento, que en la década de los 60 y 70 lideró la vanguardia del arte trasandino, eran cuatro: Deira, Luis Felipe “Yuyo” Noé, Rómulo Macció y Jorge de la Vega. Justamente el pasado 23 de agosto se cumplieron 60 años desde que el colectivo presentó su primera muestra en una galería bonaerense. Por el aniversario, la Fundación Luis Felipe Noé organizó esa semana un homenaje a Nueva Figuración, que contó con exposiciones en distintas salas de la capital.

Identificaciones es una especie de paréntesis dentro de toda la producción de Deira. Son siete imágenes “de morgues, de muertos, de torturados”, dice Silvina. De personas colgadas, de gente con las manos y pies cercenados, “justamente para que no se lograra identificar a los cadáveres”.

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En 2003 ocurrió lo impensado. “Yuyo” Noé viajó a Santiago, y en una reunión con la gestora cultural y galerista chilena Carmen Waugh, se enteró que los cuadros perdidos de Deira no estaban realmente perdidos. El MAC los mantenía a salvo en un depósito. Fue el mismo Noé quien se encargó de dar la noticia a la familia. “Imagínate la alegría, porque mi viejo siempre lamentó muchísimo la pérdida de esas obras”, expresa Silvina.

Tres años después llegó la justificación perfecta para repatriar las pinturas. A raíz de los 20 años de la muerte de Deira, el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (MNBA) gestó una retrospectiva de la obra del artista en 2006. “Con toda ingenuidad, hablamos con Américo Castilla (director del MNBA entre 2005 y 2007), y dijimos: ché, están los cuadros del viejo, se los pedimos a los chilenos y los ponemos en la retrospectiva”, relata Silvina. Ahí se enfrentaron a una primera negativa.

Según la hija de Deira —que tiene un hermano, Martín—, se contactaron con las autoridades del MAC para recuperar los cuadros, pero la respuesta fue que estos ya eran parte del inventario de la Universidad de Chile, y que sólo los podían “prestar” para la exposición. “Castilla dijo rápidamente no. Prestar no, porque prestar es reconocer que no son nuestros, si no de ellos”. Finalmente, se usaron fotos de Identificaciones para la retrospectiva.

Pintura de Identificaciones. Crédito: Archivo familiar.

Silvina dice que por entonces todavía miraba el tema con una “actitud muy ingenua”. Tras la exposición en el MNBA, comenzó a instalar el tema en la Cancillería argentina, que la conectó con Francisco Brugnoli, director del MAC desde 1998 hasta mayo de 2021. Silvina viajó a Santiago y se reunió con Brugnoli —“fuimos a cenar, con él y toda la planta mayor del Museo”—, en un ambiente “amable”, en palabras de ella.

Uno de los temas que trataron con el director del MAC fue acerca de cómo entraron las obras a Chile en 1971, y dónde estaban los documentos de importación. “Y yo le digo que mi papá los desenganchó del bastidor, hizo un rollo, y los metió en un auto”, respondió Silvina, aludiendo a que, en esos tiempos, no existía todo el registro y reglamentación de ahora.

Las sensaciones que quedaron de esa cita fueron positivas. Brugnoli, quien “muy solidario escuchó absolutamente todo”, se habría mostrado abierto a devolver las obras a Argentina, aunque con la condición de exponerlas antes en el MAC, afirma Silvina. Así surgió en 2008 la muestra Fragmentos del Conflicto, curada por María José Herrera, para la cual Silvina llevó de Buenos Aires 26 dibujos de Deira, que complementaron la exhibición.

“Hicimos lo que pidieron. Dale, ahora me los devolvés”, pensaba Silvina sobre las pinturas. Pero desde ese punto, “las cosas comenzaron a medio embarrarse”.

Exposición de Identificaciones en el MAC, 2008. Crédito: María José Herrera.

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Según Silvina, en algún momento entre 2008 y 2009, y tras un largo intercambio de correos electrónicos, la dirección jurídica de la Universidad de Chile pidió una declaratoria para confirmar que ella y Martín eran los legítimos herederos de Deira. Los trámites fueron realizados por la familia, a costo propio, y los documentos, enviados a la Universidad.

En paralelo, Silvina involucró a la legación diplomática de Chile en Argentina. En un correo del 15 de septiembre de 2009, el agregado cultural de la embajada chilena, Manuel Balaguer, afirmó a Silvina que “el Embajador (Luis Maira) envió una nota pidiendo formalmente la devolución de las obras de tu padre, donde adjuntamos tu carta y toda la documentación”. El embajador de Argentina en Chile, Ginés González, quien ocupó el cargo desde 2007 a 2015, también habría estado al tanto del caso.

Las gestiones fueron múltiples, pero no prosperaron. La familia sentía el desgaste. “Hubo varios años en que nosotros no hicimos ningún intento más”, recuerda Silvina. Un nuevo impulso brotó en 2018, cuando la heredera recibió una llamada del curador Ernesto Muñoz. Este le dijo que tenía “llegada directa” con el embajador chileno en Buenos Aires, Sergio Urrejola, y que el funcionario estaba dispuesto a “dar una mano”.

Para Silvina, Urrejola “se puso la camiseta”. Su labor fue clave para que, en enero de 2019, la dirección jurídica de la Universidad de Chile reconociera en un correo tener “toda la documentación necesaria”, pronosticando que el tema quedaría “totalmente tramitado durante marzo”, como se lee en un informe del abogado de la familia Deira. “Estaba todo listo. Habíamos organizado con Urrejola que la recepción se hiciera en la embajada”, señala Silvina. Ernesto Muñoz iba a ser el encargado de cruzar la cordillera con los cuadros. Era un plan sencillo: sacarlos de los bastidores, enrollarlos en un tubo y embarcarse a un avión.

Pintura de Identificaciones. Crédito: Archivo familiar.

Pero todo se cayó el 18 de junio de ese año, cuando Silvina recibió otro correo de la Universidad de Chile. Allí se exigían siete “lineamientos generales que deberían plasmarse en el contrato que se firme para la entrega de las obras”. Entre ellas, según se lee en el correo, que los “herederos reconocerán y agradecerán la custodia y conservación de las obras”, que el MAC entregaría las pinturas al MNBA para que las exhibiera por cinco años y que, a pesar de que el dinero de una posible venta iría a los herederos, la serie no podría dividirse. La Universidad dejaba además la puerta abierta para imponer más condiciones de haber un comprador.

La familia, que rechazó tajantemente la propuesta, la calificó de “cuasi extorsiva”, “ilegítima” e “inaceptable”. Ese documento marcó el quiebre definitivo de la “buena voluntad”, y los Deira sumaron al abogado Jorge Marchesi para diseñar una estrategia legal. “Menoscabó el valor de la palabra dada”, indica Marchesi a este medio.

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“Esa colección tiene un valor extraordinario”, dice Francisco Brugnoli, en conversación con The Clinic. “Creo que (los cuadros) son efectivamente patrimonio argentino. Pero también son patrimonio chileno, porque se expusieron en un momento muy especial de la historia de Chile, y porque han estado en Chile tantos años. Entonces, creo que tenemos el derecho a tener una opinión sobre la propiedad de las obras”, apunta el exdirector del MAC.

Brugnoli fue uno de los impulsores del mecanismo para que los Deira entregaran en comodato la serie al MNBA. “A esto se opusieron”, confirma. “La idea con la que yo quedé es que la familia quería vender. Y ése era el terror que yo tenía: que esa colección se deshiciera”, añade.

Un nuevo impulso brotó en 2018, cuando la heredera recibió una llamada del curador Ernesto Muñoz. Este le dijo que tenía “llegada directa” con el embajador chileno en Buenos Aires, Sergio Urrejola, y que el funcionario estaba dispuesto a “dar una mano”.

En medio de las negociaciones, los herederos ofrecieron entregar otra obra de Deira al MAC. Aunque no de la serie Identificaciones. “Pero ¿quién valoriza ese otro cuadro? ¿Es una decisión de la familia? ¿O Chile tiene algo que decir también?”, se pregunta Brugnoli.

“No tengo ninguna animosidad hacia ellos (los Deira), porque como director del Museo era una tarea la defensa de la memoria. Y esa exposición es parte de la memoria chilena, y eso me parece importante declararlo”, señala.

Consultado sobre por qué la colección no se volvió a exhibir en Chile tras la muestra de 2008 —parte de los cuestionamientos de Silvina—, Brugnoli explica que no se hizo “en razón del conflicto”, y porque podía “exponer al Museo” a los reclamos de los herederos.

Actualmente, Silvina dice no tener dudas de que Brugnoli fue uno de los actores que puso trabas. “Y a mí no me interesa la plata. Por suerte no pasamos hambre. Yo soy médica, mi hermano es matemático, y cada uno vive de su trabajo. Y si me preguntan cuánto valen los cuadros… ¡Qué sé yo cuánto valen los cuadros!”, exclama.

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Reforzados con el abogado Marchesi, los Deira volvieron a la carga en marzo de 2020. Primero informando a la dirección jurídica de la Universidad de Chile acerca de su nueva representación legal. Les respondieron en julio, con un correo que manifestaba la disposición a dialogar, mientras reiteraba los siete “lineamientos generales” para la entrega de los cuadros.

Marchesi contestó entrando al detalle del por qué la familia había rechazado la propuesta, e hizo hincapié en continuar las negociaciones. El subdirector jurídico de la Universidad, Ignacio Maturana Gálvez, señaló en su respuesta por correo que no se encontraba “autorizado” para “negociar” los lineamientos, ya que correspondían a “una decisión de las autoridades superiores” de la institución.

Todo se cayó el 18 de junio de ese año, cuando Silvina recibió otro correo de la Universidad de Chile. Allí se exigían siete “lineamientos generales que deberían plasmarse en el contrato que se firme para la entrega de las obras”.

Las instancias se estaban agotando. En agosto de 2020, el abogado de los herederos envió un correo al rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, reiterando la intención de los Deira de “sostener conversaciones directas” para solucionar el problema. Ese mensaje no tuvo respuesta, según los Deira.

El último capítulo vino a finales de octubre, cuando Marchesi y Silvina se reunieron con el actual embajador chileno en Argentina, Nicolás Monckeberg. Informaron al funcionario de todas las peripecias desde 2003, y éste les habría manifestado, según la familia, su interés para colaborar.

Marchesi envió entonces dos correos al embajador Monckeberg, y dice que ambos todavía están sin respuesta. El primero, en noviembre de 2020, incluía una proposición de los Deira para “acercar posiciones”. El segundo, en febrero de 2021, solicitaba noticias al respecto. “¿Cómo es que a nadie le contestan? ¿No tienen nada para decir?”, especula Silvina.

Pintura de Identificaciones. Crédito: Archivo familiar.

El silencio desembocó en una primera denuncia formal: los herederos acusaron la retención de sus obras ante el Consejo Internacional de Museos (ICOM). “Ya contestaron, dijeron que van a estudiar el caso (…). Es una manera de hacer la situación más visible”, explica Silvina.

La hija del pintor asegura no querer irse a juicio. Dice que le va a costar “un montón de plata”, mientras se cuestiona “¿a título de qué? Si estoy reclamando algo que me corresponde a mí y a mi familia”. Agrega que su próxima “apuesta” es gestionar a través de la Cancillería argentina. La otra opción, aunque lejos de ser su preferida, es llevar el caso a Interpol.

En medio de las negociaciones, los herederos ofrecieron entregar otra obra de Deira al MAC. Aunque no de la serie Identificaciones. “Pero ¿quién valoriza ese otro cuadro? ¿Es una decisión de la familia? ¿O Chile tiene algo que decir también?”, se pregunta Brugnoli.

“Esto es como una cruzada. Mi viejo se murió hace 35 años, y la verdad es que a él le hubiera encantado recuperar esos cuadros. Y estoy segura de que, si me viera batallándola así, estaría muy orgulloso”, cierra Silvina.

The Clinic se comunicó con el MAC para conocer su postura. “Tanto el nuevo director del MAC (Daniel Cruz) como su antecesor (Brugnoli), han tenido y tienen toda la disposición de dar el apoyo necesario —vía las instancias jurídicas correspondientes— para construir un acuerdo común con la familia del artista y entregar el patrimonio que se ha custodiado en esta institución, cuyo fin es velar por el correcto cuidado del legado de este artista”, indicaron en un comunicado.

Desde el museo confirmaron además que los siete cuadros de Ernesto Deira siguen guardados en sus bodegas.

Consultada la Universidad de Chile para tener una declaración de su dirección jurídica sobre el tema, indicaron que sólo se remitirán al comunicado del MAC.

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