La imagen muestra a Benito Baranda con barba y sonriendo

Agencia Uno

Benito Baranda, constituyente: “¡Hay gente mucho más buena que yo!”

Dice que ha tenido uno de los años más intensos de su vida. Ganó una elección. Debutó en la política. Debutó en la Convención. Aquí habla de la importancia del diálogo, de su poesía, de su nueva rutina laboral y de lo que implica ser tan bueno. También, en un momento, se deja llevar por la emoción.

“Este ha sido un año inolvidable”, y le sale un soplo de aire a Benito Baranda, el constituyente, el hombre bueno. Tiene 62 años, seis hijos, una esposa magnífica, cualquier cantidad de preocupaciones, los ojos azules, una risa con luz y un diente torcido. Es el constituyente neutral. El sicólogo titulado que, sin querer, ejerce su profesión a bordo de la micro, a bordo de la 205, escuchando a la gente. Nuestro Jesucristo en La Pintana. Nuestro Pascuero que viste una camisa manga corta. Y ha tenido un año singular. 

-Uff- lo simboliza con esa popular interjección.  

-¿Qué?

-Ha sido uno de los años más significativos de mi vida.

-¿A qué se refiere?

-Ha sido intenso. Tremendo. 

-Pero su vida ya ha tenido varios momentos significativos…

-Mmm- y medita. 

-Usted es significativo…

-Mmm- y duda.

-¿Qué ha ocurrido, Benito, qué le ha pasado este 2021?

-Aprendí. Estoy aprendiendo. Estoy dialogando. 

-¿Con quién dialoga?

-Yo dialogo con todos.

Ha sido uno de los años más significativos de mi vida.

El reportero lo mira altamente trastocado. Benito ha sido élite, clase media y clase baja en una sola vida. Ha forjado un descenso con propósito. Una lucha a brazo abierto contra la pobreza. Fue ignaciano, jesuita, de clase alta con esmero social. Fue, además, atleta entre 1974 y 1978: corrió los 1.500 metros planos con un mechón rubio adherido a la frente. Fue hermoso. Fue un Adonis en 1979, el mino de Avenida Pocuro. Se adoctrinó en el Hogar de Cristo, ha martillado las casas de los necesitados. Comandó América Solidaria, tuvo un rol directivo, allí alcanzó fama como líder positivo, alcanzó la gloria cristiana. Y hace diez años llevó a cabo su renovación altruista, su cruzada habitacional, su traslado a La Pintana aferrado a Lorena, su esposa, y todos los niños. Ha tenido fe, impotencia, oscuridad, disputas, entrevistas, premios. Ha sido catalogado como el chileno más bueno del mundo.

-Ufa- exclama el reportero tras repasar esos hitos-, a eso se le llama una vida.

-Mmm- Benito sospecha. 

El poeta

Esta tarde Benito Baranda duda de sí mismo. Duda de sus logros. Duda de su relevancia. Este año ingresó formalmente a la política y le ocurrió un remezón.  

-Ha sido tan sorprendente, de tanto crecimiento- enfatiza, reflexivo.

-¿Puede comprimir su año en una frase?

-…no sé…

Y mira hacia el cielo. Dios, de alguna forma, le va a soplar una alternativa. Benito ha dicho que en ocasiones habla serenamente con Dios. Él y él, frente a frente, imbuidos de mística, naturales, como si chuparan un mate. Y Dios le ha dicho, en símbolos, o tal vez con una seña, que debe continuar hacia adelante. Y Benito no ha cejado. Año tras año, se dirige con terquedad hacia adelante. 

-Un año lleno de afectos- concluye su frase.

O bien, añade:

-Un año lleno de conversaciones.

Y agrega:

-Un año sin descanso.

Y ríe, irónico.

-Lo que pasa es que justamente este año, el 2021, yo había programado estar más tranquilo, más en la casa, más ligero de tensiones laborales… Estar más con mi hija Magdalena…

-¿Y que pasó?

-He tenido un año al revés. 

El constituyente, a diario, toma la micro 205 a las siete de la mañana y se dirige a la Convención Constituyente con el pelo mojado. Lo acompaña, usualmente, un libro de poesías y la Biblia. Sentado al lado de la ventana repasa las Cartas del Evangelio. Y lee poesía, a los más reconocidos, a Neruda, a Mistral, a Huidobro. Esto debido a que Benito Baranda es, desde hace años, un poeta aún inédito. “Lo mío es la prosa poética”, señala al respecto. “Lo mío son pensamientos, cosas mías”, adjunta. Una vez, de hecho, le mostró sus textos a Nicanor Parra. El chileno más bueno del mundo se enfrentó al dios de las letras. Parra tomó los textos y, según relata Benito a carcajadas, los rompió antes sus ojos. 

-Jajaja- a Benito no le importa. Sólo recuerda que Parra dio un grito, ofuscado: “¡No se escribe poesía en hojas cuadriculadas!”. Y, a partir de entonces, el poeta Baranda, el poeta más bondadoso del mundo, sólo escribe para sí mismo. Hasta el momento.

-Y, en fin- confirma Benito- llego a la Convención cerca de las ocho de la mañana. 

Y ahí se inicia su jornada laboral. Y su jornada laboral consiste en redactar grupalmente el libro más importante en la historia de Chile.

He tenido un año al revés. 

El político

Es que este año Benito Baranda se convirtió en un político que ama a Dios y se enoja con la desigualdad. Este 2021 trabaja hasta las diez de la noche. Baranda es el político cristiano que ha pedido a los millonarios que por favor disminuyan levemente sus ingresos para que los chilenos aumenten sustancialmente sus ingresos. 

-¿Y cómo está quedando la Constitución?

-¡La Constitución está quedando súper buena!

-¿De verdad?

-¡Pero de todas maneras! ¡Está quedando mucho mejor que la que tenemos!

-¿Por qué está tan optimista?

-Es que hay mucha sabiduría. Hay gente maravillosa. Muchos abogados, muchos profesores.

El reportero se torna severo.

-¿Hay gente que los tilda de flojos, Benito? 

-¿Eh?

El hombre bueno deja de reír.

-¿Flojos?- se pregunta, incómodo.

-Flojos- zanjamos con los ojos fijos. Titubear en la tensión es un riesgo.

-No me importa. Te lo digo de verdad. No me importa.

-¿Son flojos? 

-No somos flojos. Trabajamos entre doce y catorce horas diarias. ¿Y sabes algo? Mientras yo tenga claro lo que estamos haciendo, mientras yo sepa que vamos bien encaminados, no me interesa lo que puedan decir otros.

De momento, avisa, no han redactado un solo artículo, pero están muy cerca. Están a punto de redactarlo, desliza con conmoción. Han organizado todo, han implementado comisiones. Benito, por ejemplo, ha visto con admiración el trabajo que realiza Agustín Squella. Benito, detectamos, ya tiene un grupo de amigos. 

-Almuerzo con los Neutrales– informa y la frase parece cargada de conceptos.

Benito se junta con los de centro y con los de centro izquierda. Almuerzan en grupo, a veces se tienden locamente en el pasto y analizan sus vidas (“Hay historias hermosas”, admite con los ojos brillando). Almuerzan en un restaurante taiwanés que queda a unos metros y ahí se alimentan con verduras. En una oportunidad, al llegar al restaurante taiwanés, el grupo de constituyentes de centro percibió que no había mesas. Por fortuna, al instante unos jóvenes se pusieron de pie y les cedieron sus puestos. Benito, recuerda, le habló a uno de esos jóvenes.

¡La Constitución está quedando súper buena!

-Quédate con nosotros, amigo, y comparte nuestro pan. Nos gustaría saber tu historia de vida y tus inquietudes.

El joven lo miró atónito y le respondió:

-Es que somos anarquistas, señor.

-¡Oh! ¡Pero qué interesante!- suspiró Benito.

-Pero a nosotros no nos interesa lo que están haciendo.

Y se retiró chocando con las sillas.

-Benito…¿siente que a veces se entrampan en discusiones irrelevantes? 

-Pasa en todas las profesiones. Es normal. Es normal que en un proceso de este tipo se prolonguen discusiones. 

-¿Han tenido reuniones distendidas, un happy hour para conocerse, fiestas caseras?

-¡Una vez nos juntamos en mi casa y lo pasamos estupendo!

-¿Se ha sorprendido con alguien?

-He hablado- Benito pone una voz seria- con la Tía Pikachu

-¿Qué concluye?

-Una gran persona. Un aporte. He hablado con la Patricia Politzer y yo aprendo de ella.

-¿Se lleva bien con la gente del sector derechista?

-¡Pero claro! 

-¿Se lleva bien con Tere Marinovic?

-¡Ella es muy amable para saludar! Y una vez invitó a gente de su comisión a almorzar a su casa. Un gesto que valoro. 

-Benito– el reportero lo mira con intensidad, con el anhelo de la verdad-, ¿qué es lo que quiere?

Benito mira el vacío.

El reportero, teatral, repite la pregunta.

-¿Qué quiere?

Otra vez Benito busca una señal de Dios. 

-Yo quiero diálogo. 

Y continúa: 

-Yo quiero que abracemos las experiencias de los demás.

-¿Nos podemos abrazar?

-Por supuesto que nos podemos abrazar.

-¿Nos podemos abrazar aunque no tengamos brazos?- pregunta enigmáticamente el reportero.

-Yo creo que sí.

Benito vislumbra un país nuevo, rejuvenecido, verde y humano. 

-¿Y sobre qué quiere poner énfasis en la Constitución?

-Viviendas, amigo. Viviendas para todos.

Y queda claro que el hombre bueno ya tiene una misión.

El humano

En este instante, el reportero, con el objetivo de elevarlo, de untarlo en heroísmo, le señala que él, Benito, tendrá una página completa en los libros de historia. Sí, señor, Baranda quedará tatuado en cada chileno. Un Padre Hurtado sin sacerdocio, un O´Higgins sin fusil. Baranda es el tesón, la unión, la paz. Y a los niños del siglo 22 les preguntarán en los exámenes: “Mencione tres obras elementales que hizo Benito Baranda a principios del siglo 21”. La lucha contra la pobreza, profesora. La lucha por la igualdad, profesora. Y redactó, junto a 153 personas, la Constitución del 2022, profesora. 

-…no sé…- susurra él, pensando algo.

Y aquí ocurre algo sorpresivo y estremecedor. El periodismo, a veces, otorga estas pinceladas de humanidad: el reportero levanta la vista y ve que a Benito Baranda le corre una lágrima. El héroe llora. Incluso señala con naturalidad: “Perdona, es que estoy llorando”.

-¿Qué pasa, Benito?- pregunta el reportero.

-…no sé…

-¿No siente que está haciendo historia?

-No es eso.

Silencio. 

-¿Qué es, Benito?

-Yo no creo ser esas cosas que mencionas. 

-¿Cómo? 

-Yo no soy todas esas cosas. Yo apenas soy un hombre… Pero yo no soy el que tuvo la vida dura… Yo no soy el que tuvo que vivir sin pan…

-Pero usted ha luchado por ellos…

-¡Es que yo quiero que los reconozcan a ellos, no a mí!

-¿Le incomodan los elogios?

Yo no soy el que tuvo la vida dura…yo no soy el que tuvo que vivir sin pan…

-¿Te digo algo? Hay tantos que han hecho mucho más que yo… hay tantos que se han sacrificado, que pasan ayudando a gente bajo un puente… yo…- la voz se le quiebra-…yo no me fui a una comunidad alejada para levantar más casas…¡yo no hice esa pega! ¡yo no hice esa pega!

Le corren por el pómulo dos o tres lágrimas nuevas.

-¿Le da vergüenza ser el bueno?

Benito respira.

-Me da vergüenza…

Benito cierra los ojos.

Dios mío, medita el reportero, este hombre se ha sentido presionado porque le adjudican mucha bondad. Este hombre quiere declarar que es imperfecto.

Y, justamente, Benito eleva la voz:

-¡Conozco a quinientas personas que se han sacado la cresta mucho más que yo! ¡Hay gente mucho más buena que yo!

Y Benito Baranda se seca las lágrimas. 

Es el héroe humanizado. El héroe contrariado. Es, finalmente, el superhéroe normal. 

-Usted ha hecho visible un mensaje, Benito.

¡Conozco a quinientas personas que se han sacado la cresta mucho más que yo!

-…no nos podemos ir llenando de vanidad…- se dice a sí mismo.

-Ahora está en la Convención Constitucional, Benito. Usted representa a todos los anónimos.

-Lo sé.

Se repone.

-Hay que ganar espacios- dice.

Y comenta:

-Hay que escucharlos a todos. Démonos el tiempo. A todos. Al blanco, al verde, al azul, al amarillo, al rojo. 

-¿Qué sueña leer en la Constitución?

-”SOMOS TODOS IGUALES”.

Sonríe un poco. Se pone más entero. Ha retornado desde la más profunda desolación.

-¿Está bien?- corroboramos.

-Sí. Estoy bien.

Se podrá caricaturizar la bondad de Benito Baranda. Le llaman, por ejemplo, Buenito Baranda (“No me molesta”). Pero resulta que, como dijo García Márquez, una verdad repetida es igualmente una verdad. Los lugares comunes suelen estar en lo cierto. Benito Baranda es un buen hombre.

-Hasta se parece al Viejo Pascuero- le confiesa el reportero.

-Ja- y él ríe. 

-Benito Pascuero, en esta fecha de paz… Necesitamos saber algo…

-Diga- y pone la voz rara.

-¿Vamos a ser más felices?

Y a nuestro Benito Pascuero le brillan los ojos, los mismos ojos que lagrimeaban, y con una sonrisa brillante cambia el mundo con cinco palabras:

-Vamos a ser más felices.

Y en ese mismo momento el Benito Pascuero termina con una carcajada. Como siempre lo ha hecho.

También puedes leer: Carolina de Moras, empresaria y comunicadora: “Chile tiene que tomar varias pastillas”


Volver al Home

The Clinic Newsletter
Comentarios