Luis Maira: “Boric será un adelantado en instalar una mayoría de gobiernos progresistas en la región”

Fue en la casa de Luis Maira que Gabriel Boric se reunió con el ex Presidente Ricardo Lagos y sellaron una relación de cercanía. Maira es su asesor, su amigo y consejero. “Boric podría ser un adelantado en la región”, dice aquí el ex embajador y militante del PS.

Muchos lo apuntan como un consejero en las sombras. Un señor que está más allá de los anillos de poder que envuelven al Presidente electo. Luis Maira es parte del círculo más íntimo y cercano de Gabriel Boric.

Uno tiene 81 años y es una figura emblemática de la izquierda chilena. El otro tiene 35 y es la figura más rutilante de esa nueva izquierda que en marzo aterriza en La Moneda. Los separan décadas de historia, pero los unen varios años de amistad personal y política.

Todo partió en un debate en que Maira hablaba con el sociólogo Carlos Ruiz sobre lo que era ser socialdemócrata en estos tiempos. Maira, abogado, diplomático, ex fundador de la Izquierda Cristiana y militante del PS, es un intelectual de fuste tanto en Chile como en América Latina. Al momento de las preguntas, un joven chascón y de barba espesa, planteó varios cuestionamientos y forzó respuestas. Maira quedó sorprendido de la agudeza del muchacho. Tiempo después lo volvería a ver, pero de otro modo. Sería presentado como el pololo de su hija Margarita. Ahí comenzó un vínculo estrecho tanto con él como con la escritora Marcela Serrano.

Quiénes conocen a Maira saben que es un gran y erudito conversador. Mantiene contacto fluído con el mundo de la izquierda latinoamericana. No sólo porque ha sido embajador de Chile en México y Argentina, sino porque es un académico respetado. Quizá por lo mismo hay quiénes creen que será un gran puente para abrir caminos en las relaciones internacionales del nuevo Presidente. Algunos creen que podría ser su canciller, pero eso no está en los planes de este ex ministro.

-Tienes una doble mirada: haber sido parte de una generación de la izquierda chilena y de conocer bien el corazón político de América Latina…

-Es cierto. Puede que sea una doble ventaja contra todas las desventajas del paso de tiempo.

-Y en esa doble mirada, ¿qué significa la llegada de Gabriel Boric al gobierno?

-Gabriel es la primera expresión de la llegada al poder de una generación completamente nueva y distinta de la dirigencia política de la región. Por lo tanto, creo que en el campo de la política exterior, es también quien puede comenzar un nuevo ciclo en el concierto latinoamericano. Digamos que Boric podría ser un adelantado.

¿Un adelantado en qué? ¿En empujar el surgimiento de una nueva izquierda?

-Hay un claro agotamiento de la generación que gestionó el periodo siguiente al fin de la Guerra Fría. Y en ese contexto, diría que Boric es el primer Jefe de Estado de una corriente que vamos a empezar a ver en varios lugares de América Latina. Entonces, mi impresión es que él será un adelantado en instalar una mayoría de gobiernos progresistas en la región.

“Diría que Boric es el primer Jefe de Estado de una corriente que vamos a empezar a ver en varios lugares de América Latina. Entonces, mi impresión es que él será un adelantado en instalar una mayoría de gobiernos progresistas en la región”.

-¿Cómo aterrizamos eso al mapa nacional? Cualquier vuelo internacional, deberá pasar primero por afianzar liderazgo aquí.

-Claro, y va en la misma línea de lo que te decía. Hay etapas agotadas. La Concertación y la transición chilena fue uno de los episodios más importantes de la historia reciente, pero que tuvo luces y sombras. Boric representa algo muy distinto de lo que marcaron esos gobiernos de la Concertación y las dos etapas intercaladas del gobierno de Sebastián Piñera.

-¿Por qué?

-Porque él ha logrado configurar una nueva base de apoyo. Es la primera vez que una coalición se instala con fuerzas nuevas y muy distintas del período anterior. Y quizás más importante aún: una coalición de fuerzas que tienen la aspiración de conducir a la sociedad chilena hacia otro rumbo, hacia otra dirección y que recoja los pendientes, las tareas no realizadas en el período de la transición. En el fondo, que se haga cargo del capítulo de injusticias y desigualdades que se acumularon en ese tiempo.

-Esa generación creció en la impugnación de lo que fue la Concertación. Pero en la segunda vuelta presidencial, parece que hizo un ajuste entre esas luces y sombras. ¿Cuál de los dos Boric va a gobernar?

-Creo que hay un puro Boric. Lo que vimos fue un proceso electoral propio de un ballotage. Los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, Boric y José Antonio Kast, llegaron con la mitad de los votos necesarios para ganar. O sea, ambos eran postulantes a una posición de poder incierta. Pero al final no lo era tanto.

-¿No?

-No. Lo que pasa es que no nos dimos cuenta que la apuesta de Kast por la ley y el orden, no alcanzaba frente a la agenda de las desigualdades, de las injusticias. Al no percibir eso, se pensó que el resultado sería más incierto. Pero ya en la segunda semana después de la primera vuelta,  se fue haciendo muy claro que Gabriel Boric iba a ganar.

“Hay etapas agotadas. La Concertación y la transición chilena fue uno de los episodios más importantes de la historia reciente, pero que tuvo luces y sombras. Boric representa algo muy distinto de lo que marcaron esos gobiernos de la Concertación y las dos etapas intercaladas del gobierno de Sebastián Piñera”

-Pero todos se comían las uñas de nervios. Nadie tenía claro que la elección estaba ganada…

-Había una incetidumbre sobre el margen. El triunfo podía ser más holgado o más estrecho, pero Gabriel tenía asegurada la elección. Lo pude constatar en varias conversaciones que tuve con empresarios y con partidarios de Kast que me confirmaban eso mismo. Por esos días, uno de ellos me dijo algo que parece elemental, pero que es muy decisivo: “Va a ganar Boric. Está subiendo el dólar y está bajando la bolsa”. Esa fue la mejor señal de que los dueños del capital no creían que pudiera ganar Kast.

-Pero se mantuvo un clima de tensión.

-Sí, pero uno puede ver ahora que no se justificaba la tensión y el suspenso previo.

LA AGENDA LEGISLATIVA

-Un Presidente de 35 años va a tener que manejar las expectativas de la gente al mismo tiempo que deberá dar certezas al mundo empresarial. ¿Cómo lo debiera hacer?

-Lo primero que destacaría, y que resulta asombroso, es que Gabriel Boric tuvo la lucidez para entender que Chile sólo podía solucionar la rebelión social que había con un nuevo diseño institucional. En eso tuvo más lucidez que la derecha política y que la izquierda tradicional.  Dicho eso, creo que su gobierno tendrá una plataforma distinta, directamente vinculada al cambio de época que se ha producido en América Latina. De alguna manera, su gobierno será una experiencia pionera de algo que va a venir. Colombia podría elegir un gobierno de izquierda en las elecciones de mayo próximo. Y te agrego la vuelta de Lula en Brasil. O sea, estaríamos ante un cambio drástico en el continente. Y perdón que lo reitere, pero Boric va a ser el primer jefe de Estado que va a representar en la región a una nueva generación política y una nueva agenda. No es menor.

-Boric tendrá gobernar un país complejo. Probablemente va a necesitar de las viejas fuerzas políticas…

-Es que eso pertenece al campo de las matemáticas, no de la política. Porque si tienes 5 de 55 senadores, no tienes cómo gobernar. Necesitas tener mayoría en el Congreso. Entonces, es parte del sentido común que haya en un ordenamiento de fuerzas. Y que más allá del apoyo de su propia coalición, logre tener el acompañamiento de los sectores que lo ayudaron a construir su victoria.  

-El punto es cómo armar ese puzzle de apoyos…

-Hay que imaginar algo con mucha creatividad. Tiene que haber un modo de convivencia en que Boric tenga la fuerza propia que viene de Apruebo Dignidad más un grupo de personas afines. Lo que es claro es que Boric tiene que constituir con el Parlamento una fuerza que le permita gobernar. Y, además, va a tener necesidad de diálogo, incluso con los sectores de derecha de una manera que no hemos conocido hasta ahora.

-¿Y qué quieres decir con eso?

-Que hay que estar preparados para soluciones y fórmulas inéditas, en las cuales va a haber responsabilidad tanto de quienes gestionen el gobierno y ganaron directamente la elección, como de los que ayudaron a hacer más amplia esa victoria y que tienen afinidades con un proceso de cambio.

“Lo que es claro es que Boric tiene que constituir con el Parlamento una fuerza que le permita gobernar. Y, además, va a tener necesidad de diálogo, incluso con los sectores de derecha de una manera que no hemos conocido hasta ahora”.

-Pero la política es la política: ¿a cambio de qué darían ese apoyo?

-La política es la política, y la primera cosa que tiene que interesarles a todos los actores políticos es no tomar decisiones ruinosas ni catastróficas. Por lo tanto, si alguien pretende gobernar con la fuerza propia que tiene 5 de 55 senadores, está llevando a ese gobierno a un desastre. Y si alguien se niega a darle a ese gobierno la fuerza necesaria también. Se requiere de una agenda legislativa bien hecha, en la que todos contribuyamos de buena fe y hagamos lo mejor posible con las mayores capacidades técnicas que el país tiene, eso puede llevarnos a un gobierno muy productivo.

-¿Pones botón de alarma para quienes quieran pecar de omnipotencia?

-Los datos son evidentes. Todos sabemos que un gobierno que tiene el apoyo parlamentario con el que cuenta el Presidente Boric, no puede por sí mismo obtener resultados en el Parlamento casi en ningún tema. Por lo tanto, la agenda legislativa necesita establecer acuerdos con aquellos que también contribuyeron a elegirlo. No es un detalle secundario que la totalidad de esos partidos votaron por él, lo hayan apoyado sin condiciones. Eso hace más limpia la posibilidad de constituir una buena agenda legislativa donde reciba aportes y contribuciones.

BORIC: EL AMIGO

-¿Qué te pasa cuando hablas de “El Presidente Boric”? Lo conoces hace tiempo…

-Lo conozco hace mucho. Al comienzo tuvimos una relación muy cordial. Él me impresionó por su apertura y  por su curiosidad histórica. Me había tocado conocer a otros dirigentes de esa nueva generación, y en general muy despectivos. Pensaban más en la refundación de Chile que en hacer un balance entre lo que era el Chile de hasta 1973, el de la dictadura y el posterior. En cambio Gabriel desde el comienzo mostró curiosidad por saber. No sólo de Allende y sus colaboradores, sino también de los sobrevivientes. O sea , de los que fueron dirigentes jóvenes y dieron la pelea contra la dictadura con no pocos costos humanos y no pocos riesgos. Hoy día nadie hace el inventario de eso.

-¿Tú le transmitías todo eso?

-Yo empecé a hacer un puente con esa generación y, por su parte, Gabriel fue conociendo a mucha gente de mi generación. En un cierto momento, teníamos un grupo de análisis de política exterior y alguien dijo: “Sería bueno invitarlo”. Al final, él pasó a formar parte de este grupo.

-¿Es un personaje cercano?

-Hemos tenido una relación de mucha cercanía.

-¿Algo así como una suerte de hijo putativo?

-No. Siempre lo he respetado como a un par. En política las edades no cuentan. Yo entré de 24 años al Congreso y a los 25 era presidente de la Comisión de Hacienda. Y eso no me pasó sólo a mí. Le pasó a toda una generación, que incluyó a Gladys Marín del Partido Comunista y a numerosos dirigentes de la DC, que tuvo diez parlamentarios menores de 30 años elegidos el año 1965.

-¿Todo eso dejó de pasar en los años de la Concertación…?

-Claro. Después fue menos fluido el cambio generacional.  Quizá la diferencia de mi generación es que nosotros no tuvimos la experiencia de los posgrados ni de las becas Chile. Nos formamos, básicamente, estudiando acá y teniendo oportunidades que había que ganar con mucho esfuerzo para poder ir a estudiar afuera por un tiempo. El horizonte del posgrado no era un dato de referencia para llegar a tener un cargo importante en Chile.

“En política las edades no cuentan. Yo entré de 24 años al Congreso y a los 25 era presidente de la Comisión de Hacienda. Y eso no me pasó sólo a mí. Le pasó a toda una generación, que incluyó a Gladys Marín del Partido Comunista y a numerosos dirigentes de la DC, que tuvo diez parlamentarios menores de 30 años elegidos el año 1965″.

-De las grandes figuras de la izquierda chilena, ¿hay alguno que te recuerde o te dé una sensación parecida a lo que encarna Boric hoy?

-Yo creo que Gabriel tiene la estatura de toda la gente que en mi generación -y en la anterior- alcanzó ese intangible primer nivel de la política chilena y que no tiene que ver con la edad. En ese sentido, Gabriel está plenamente calificado para gobernar. Ha hecho un aprendizaje acelerado y, al mismo tiempo, tiene todos los elementos de un hombre de Estado. Va a dirigir muy bien el país. No tengo dudas ni temor. Lo ha demostrado en todas las decisiones que ha ido tomando. Además, tiene gran capacidad de aprendizaje.

-Tu apuesta es total…

-Pienso que su primer año va a ser muy sobresaliente. Va a complementar un proceso de entendimiento en la conducción del país y, a la vuelta de un año, será un Presidente avezado. Tiene un razonamiento lleno de sustancia y de contenido, en  que va dejando claro el rumbo por cual piensa llevar su gobierno. Puede ser un Presidente muy importante en la historia larga de Chile porque puede marcar un nuevo curso, un nuevo espacio, una nueva orientación. Está capacitado para hacerlo.

-Una cosa es la capacidad y la preparación, pero otra es esa energía intangible de algunos políticos. ¿Algo de eso emana o es un trabajo por hacer?

-Yo creo que ésa es la parte más resuelta y despejada de la trayectoria de Boric. Él fue capaz de manejar un movimiento estudiantil que fue desordenado y radical, que había iniciado Camila Vallejo y que él profundizó en el 2011. Ese fue un hito en la historia social de Chile. Ya manejó bien esa etapa y después fue creciendo y aprendiendo. Lo que él sabe es mucho para tener 35 años, mucho. Lo asombroso es que haya podido, a su edad, entender tanto y tan bien las claves profundas del Chile actual.

“Las cosas que no se hacen, tienen un costo. Hay que afrontarlas en un cierto momento, y el Presidente electo tiene la capacidad para hacerlo. Que lo haga mejor o peor, dependerá de cuánto lo ayudemos los demás y también de muchos factores impredecibles. Pero yo pienso que Chile es un país de buen pronóstico“.

-El Gabriel Boric que asumirá en marzo, ¿será un socialdemócrata?

-Creo que Boric es un hombre de izquierda. Tiene todos los componentes respetables que tiene una persona de izquierda. O sea, cree que hay que aumentar las libertades públicas, la organización y la participación de la gente en el gobierno. Cree que hay que hacer cambios ahí donde la extrema injusticia esté prevaleciendo, porque si no los países empiezan a llegar a un clima peligroso que termina en desorden y en rebeliones sociales, como se vio en Chile en 2019. ¡Nada es eterno! Y las cosas que no se hacen, tienen un costo. Hay que afrontarlas en un cierto momento, y el Presidente electo tiene la capacidad para hacerlo. Que lo haga mejor o peor, dependerá de cuánto lo ayudemos los demás y dependerá también de muchos factores impredecibles. Pero yo pienso que Chile es un país de buen pronóstico.

-Se nota que hay algo más que una mirada racional del Presidente electo…

-Yo lo quiero mucho y lo voy a ayudar lo que pueda.

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