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24 de febrero de 2022

Noam Titelman, economista y militante de RD: “El gobierno no puede enclaustrarse en una apuesta generacional”

La imagen muestra a Noam Titelman, quien habla del gobierno de Boric

Es uno de los fundadores del Frente Amplio y conoce a Gabriel Boric desde sus años universitarios. A pocos días de que este último asuma el gobierno, Noam Titelman pone el acento en el pragmatismo y el sentido de realidad con que deben gobernar. Y advierte: “Estamos en un tiempo donde tan rápido como te levantan, te pueden dejar caer en las encuestas”.

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Sus amigos, esos con los que salió a marchar en el 2011, ahora entran al gobierno en La Moneda. Noam Titelman no. Él se queda en Londres terminando su doctorado en la prestigiosa London School of Economics and Political Science.

Economista, magíster en métodos de Investigación Social, Titelman es apuntado como una de las lumbreras intelectuales de su generación y uno de los fundadores del Frente Amplio.

Conoce a Gabriel Boric desde que eran unos chascones estudiantes universitarios. Hoy, aunque vive lejos, mantiene activa su militancia en Revolución Democrática y la mirada atenta al ciclo político que se inaugura el próximo 11 de marzo.

-Quedan pocos días para que asuma Gabriel Boric. Llega el momento de poner la pelota en la cancha, ¿te preocupa el nivel de expectativas que se ha generado en torno al gobierno y a tu generación?

-Creo que hay dos cosas ocurriendo simultáneamente. Una tiene que ver con el recambio de elite. Aquí ingresa una nueva generación que está muy bien reflejada en el gabinete.  Y, por otro lado, están las expectativas plasmadas en un programa súper ambicioso. En ambos hay un peligro ineludible: la frustración de expectativas.

-¿Y cómo cómo se administran esas expectativas…?

-Es que el tema del recambio es un asunto que tiene que ver con las personas. La gente ha depositado mucha confianza y esperanza en varios liderazgos. No solamente en el Presidente, lo cual también me parece algo llamativo. Estábamos acostumbrados a que los ministros tenían un rol más bien secundario en términos de apreciación popular, y acá hay al menos tres ministros que están entrando con altísimos niveles de aprobación y que lo hacen con un liderazgo propio.

-¿A cuáles distingues tú?

-A Izkia Siches, Mario Marcel y Giorgio Jackson. Los tres, según las encuestas, aparecen con altísimo nivel de aprobación y alto conocimiento. Eso muestra que efectivamente existe una gran expectativa, pero hay que saber que mucha veces esas expectativas se defraudan por acontecimientos personales. El caso más notorio fue lo que ocurrió con la Presidenta Bachelet. Entonces, ése va a ser un gran desafío. El Presidente Boric lo ha dicho cuando se ha referido a la “boric manía” y a la idealización de las personas, porque ésa es una receta segura para la decepción. Van a tener que buscar una manera de administrar ese desafío que no es fácil.

«Estábamos acostumbrados a que los ministros tenían un rol más bien secundario en términos de apreciación popular, y acá hay al menos tres ministros que están entrando con altísimos niveles de aprobación y que lo hacen con un liderazgo propio»

-¿Y existe receta para protegerse de ese fenómeno?

-Lo que pasa es que estamos en un tiempo de farandulización de la política. El 90 por ciento de los ataques son personales. Lo vimos en los debates. También están las cuñas que se entregan en los medios, las disputas que se arman entre distintas personalidades… Todo eso va más allá de los contenidos.

-También hay toda una simbología en torno al Presidente Boric y su manera de relacionarse con la gente, con los niños. ¿Debería distanciarse un poco de esa tecla más emocional?

-No. No debería hacerlo. Una de las grandes ventajas del próximo gobierno es que entiende la importancia de lo simbólico. Claro, los símbolos tienen sus virtudes y sus bemoles, y una gran fragilidad podría ser cómo administrar ese apoyo. Estamos en un tiempo donde tan rápido como te levantan, te pueden dejar caer en las encuestas. Sin embargo, reconocer el valor de los símbolos es también reconocer el valor de la comunidad. Y muchos de los gestos del Presidente Boric son señales de que él también es parte de esa comunidad. Eso tiene un factor simbólico importante.

«Una de las grandes ventajas del próximo gobierno es que entiende la importancia de lo simbólico. Claro, los símbolos tienen sus virtudes y sus bemoles, y una gran fragilidad podría ser cómo administrar ese apoyo»

LA HORA DE GOBERNAR

-El nuevo gobierno llega con varias crisis abiertas y urgentes: la situación migratoria en el norte, el conflicto en la macrozona sur, la delincuencia y la economía. Todo eso va a requerir de mucho pragmatismo. ¿Cómo ves ese golpe de realidad?

-En términos económicos, creo que el nuevo gobierno ha sido exitoso en despejar ciertos resquemores que habían con respecto a la responsabilidad fiscal y el manejo de las finanzas públicas. El nombramiento de Mario Marcel en Hacienda fue clave. Pero, además, hay un reconocimiento de que las condiciones materiales del país no son baladí y hay que ir paso a paso. Te diría que, más allá de Boric, en el Frente Amplio hay una fuerte dosis de pragmatismo. Esa ha sido parte de las características políticas de esta generación.

-¿Y cómo debiera operar ese pragmatismo en el ámbito de la seguridad y la delincuencia, tema súper importante para la ciudadanía?

-En esos temas está el gran desafío. Efectivamente, ahí hay un punto ciego en el trasfondo ideológico del Frente Amplio. Muchas veces en el FA y en la izquierda en general se malentiende esa demanda social por el orden. Pero sin duda que la situación del norte, de la Araucanía y la delincuencia van a ser elementos fundamentales para el gobierno.

«Te diría que, más allá de Boric, en el Frente Amplio hay una fuerte dosis de pragmatismo. Esa ha sido parte de las características políticas de esta generación»

-¿Eso implica sacudirse de ese trasfondo ideológico?

-Dentro del futuro gobierno hay una fuerte dosis de realismo. Y es evidente que las condiciones materiales y de seguridad tienen que ser tomadas en consideración frente a los cambios que se van a hacer. Eso es simplemente reconocer la realidad. Pero yo sí creo que lo que les quita el sueño es pensar en la posibilidad de que el día de mañana un manifestante pierda un ojo o que un comunero mapuche termine muriendo durante su gobierno. Esas son las cosas más complejas que podrían enfrentar.

-Es que pone en evidencia el cambio de rol. Es distinto ser dirigente estudiantil que liderar un gobierno.

-Claro. Cuando uno es dirigente, está representando a un segmento de la sociedad. Pero el gobierno de Chile es de todos los chilenos y chilenas y exige tener una visión de conjunto. Eso significa que muchas veces hay que saber querer más a ese pueblo que a la propia ideología. Siempre es más difícil gobernar que ganar elecciones.

«Yo sí creo que lo que les quita el sueño es pensar en la posibilidad de que el día de mañana un manifestante pierda un ojo o que un comunero mapuche termine muriendo durante su gobierno. Esas son las cosas más complejas que podrían enfrentar»

-Si sucediera algo como lo que dices, ¿eso pondría en juego la línea de flotación del gobierno?

-No. Yo creo que los obligaría a enfrentarse a sus demonios. Pero, bueno, en eso consiste crecer, madurar. Por cierto, se deben evitar ese tipo de situaciones y ahí radica otro de sus mayores desafíos.  Pero ya se han hecho algunos gestos interesantes. Por ejemplo,  haber reconocido que en la situación migratoria en el norte podría tener mérito un Estado de Excepción.

LA CONVENCION COMO FACTOR

-El clima del proceso constituyente también ha subido su volumen. ¿Cuánto podría condicionar al gobierno lo que suceda en la Convención Constitucional?

-Es innegable que Boric tiene una relación personal con el proceso constituyente. Su firma está en el acuerdo que dio inicio a ese camino y, si todo sale bien, su firma también va a estar en el nuevo texto constitucional. Dicho esto, es importante mantener una separación entre la política contingente y el proceso constitucional. Es súper importante la autonomía de la Convención. De ahí debe emerger un texto que no responda a las correlaciones de fuerzas momentáneas, sino que realmente le haga sentido a los chilenos. En ese sentido, el Presidente debiera mantener un nivel de prescindencia sobre los contenidos. Ahora, dentro de la Convención, creo que efectivamente el Frente Amplio debería jugar un rol mucho más importante. Ese rol ha estado diluido en la última semana.

-¿En qué se ha estado diluido?

-El Frente Amplio tiene que estar pendiente de que salga un texto constitucional que le permita a cualquier gobierno desplegar su agenda. Nadie puede sentir que pierde tanto que da lo mismo lo que pase en las próximas elecciones. Pero tampoco nadie puede sentir que gana tanto que da lo mismo lo que pase. Todos tienen que sentir que una buena parte del partido se sigue jugando en las próximas elecciones. Ese es el sustento de las Constituciones que funcionan en una democracia.

«Ahora, dentro de la Convención, creo que efectivamente el Frente Amplio debería jugar un rol mucho más importante. Ese rol ha estado diluido en la última semana»

-¿Pero qué significa eso en lo concreto?

-Significa reconocer que hay una derecha que es un fuerza política en el país. En la Convención Constitucional es minoritaria, pero se debe encontrar una manera en la que ese sector pueda sentir que al menos la Constitución es lo suficientemente amplia como para que siga siendo importante para ellos disputar las próximas elecciones. Y lo mismo al otro lado. Ningún sector se puede llevar la pelota para la casa. Y así como Boric ha dicho que un Presidente no se puede dar gustitos, cuando uno esta construyendo una nueva Constitución tampoco se puede dar gustitos.

-Giorgio Jackson ha dicho que la nueva Constitución es esencial para poder sacar adelante el programa de gobierno. Si se enreda el proceso, ¿la Convención podría terminar siendo la gran enemiga en caso de que se rechace el plebiscito de salida o se apruebe por poco?

-Yo diría que no. La gran pregunta que se tiene que hacer el gobierno entrante es si va a ser un gobierno de transición o uno de transformación. Yo creo que la historia los ha puesto en un rol de transición, más allá de que haya un programa tremendamente ambicioso. Entonces, lejos de ser su enemiga, una de las principales señales de éxito de este gobierno es que se logre llevar a cabo el proceso constitucional de una manera que le haga sentido a la gran mayoría de los chilenos.

-Pero el programa está entrelazado a esos cambios….

-En el programa se establecen 53 prioridades. Eso incluye un nuevo sistema de salud, de pensiones, un alza del sueldo mínimo, la disminución de la jornada laboral, un nuevo sistema de transporte público y muchos otros. Yo pienso que si la mayoría de los chilenos ve que el gobierno es capaz de sacar adelante un nuevo sistema de pensiones y de salud, y que eso genere un pacto social, todos estaríamos aplaudiendo de pie aún cuando quedaran  fuera otras prioridades del programa. Gobernar también implica reconocer ese tipo de realidad. Con la composición del Congreso, probablemente se van a tener que priorizar las cosas más urgentes.

-No deja de ser paradójico que pueda terminar siendo un gobierno de transición y priorizando sólo dos grandes reformas en la medida de lo posible…

-La pregunta es quién pone ese límite entre lo posible y lo imposible. Quizá, durante mucho tiempo, esa línea estaba demasiado corrida hacia visiones que querían transformaciones menos estructurales de lo que pedía la sociedad. Ahora, lo que está claro, es que no hay nada de espacio para borracheras electorales. Este gobierno va a necesitar tener mucho diálogo.

«Yo pienso que si la mayoría de los chilenos ve que el gobierno es capaz de sacar adelante un nuevo sistema de pensiones y de salud, y que eso genere un pacto social, todos estaríamos aplaudiendo de pie aún cuando quedaran  fuera otras prioridades del programa»

-El punto es con quién dialogar. Son muchos los actores y está por verse cómo se acomodan las fuerzas políticas…

-El gobierno debe entenderse con el Congreso, con los partidos, pero también con la sociedad. Hay muchos actores sociales que, si no sienten que se están haciendo cargo de sus demandas, pueden dejar caer al gobierno tan rápido como lo apoyaron. Por lo mismo, la nueva coalición tiene que mostrar que un gobierno no puede ser una apuesta generacional. O sea, no puede ser la apuesta de los que nacieron en un año determinado o los que tengan tal o cual juicio sobre la transición. Un gobierno tiene que convocar sectores mucho más amplios. Ahí hay un desafío más para el próximo gobierno.

-¿Cuál?

-El gobierno no puede enclaustrarse en una apuesta generacional. Y otro desafío enorme, que va ligado, es que el FA todavía se estaba construyendo cuando llegó al gobierno. Y aquí yo me hago una autocritica importante. Habiendo sido parte de ese proceso, creo que todavía no logramos desarrollar el contenido ideológico sustantivo necesario para que un proyecto político se pueda sostener en el tiempo. Fue demasiado rápido todo el proceso. No lo hicimos antes de ser gobierno. Y yo soy un bicho raro en esto…

-¿Por qué?

-Porque la mayoría de la gente cree que la ideología es algo medio esotérico, que no es tan relevante para gobernar. Yo creo que las ideologías son súper importantes, especialmente cuando estás en el gobierno. Es la brújula que te permite navegar cuando el viento empieza a soplar en contra. Y lo que digo es que ese desarrollo ideológico todavía no se ha terminado de conjugar.

«El FA todavía se estaba construyendo cuando llegó al gobierno. Y aquí yo me hago una autocritica importante. Habiendo sido parte de ese proceso, creo que todavía no logramos desarrollar el contenido ideológico sustantivo necesario para que un proyecto político se pueda sostener en el tiempo»

-¿Eso quiere decir que el Frente Amplio llega inmaduro?

-… Creo que una de las principales señales de esa inmadurez es que hace rato que todos los movimientos y partidos que existen dentro del FA, para la enorme mayoría de los chilenos, son lo mismo. Sin embargo, esos colectivos todavía no son capaces de fusionarse en un solo gran partido. Nada explica que no se fusionen. Además, ése podría ser el partido ancla del Presidente.

MUCHAS ALMAS

-Hablas de tres ministros empoderados. Todos son distintos y vienen de lugares diferentes. ¿No corren el riesgo de que al interior del gobierno hayan muchas almas que se topen?

-Lo interesante es que eso es Gabriel Boric. Su gabinete lo refleja muy bien. Está la incorporación de nuevos actores desde el mundo independiente o ligado a las organizaciones sociales y gremiales, como lo es Izkia Siches. Por otro lado, hay un entendimiento con el mundo socialista que va más allá del PS. Ahí está Mario Marcel. Y en tercer lugar, está la apuesta generacional del Frente Amplio, encarnado en Giorgio Jackson. Efectivamente, el desafío es que cuaje bien ese encuentro entre los tres mundos. Ahí radica la posibilidad de generar una fuerza que pueda liderar un nuevo ciclo político. Y si me permites, quiero centrarme en la figura de Marcel.

-Claro.

-Ha habido mucha discusión sobre cuál va a ser el nivel de influencia de Mario Marcel y la profundidad de los cambios que se vayan a realizar. Pero a mí me parece mucho más interesante verlo desde otra perspectiva. Por ejemplo, preguntarse por qué llevamos al menos dos gobiernos tratando de reformar el sistema de pensiones sin ningún éxito. Quizá es porque, hasta ahora, no había sido posible poner en diálogo a esos dos mundos. Lo que se ha logrado en este gabinete de Boric, encarnado con fuerza en Izkia Siches y en Mario Marcel, fue poner en diálogo a esos mundos.

-¿Y cuál es el mundo que encarna Marcel?

-Uno más desde la técnica y la academia. El mundo de la responsabilidad fiscal que la centro izquierda y la Concertación marcó en su momento. Y se alinea con el otro mundo de un nuevo actor social, de estas clases medias emergentes, de los movimientos sociales, que se empezaron a estructurar por fuera de los partidos. Por cierto que no es fácil ponerlos en concordancia, pero es la única manera de sacar adelante reformas importantes como la de pensiones.

«Por ejemplo, preguntarse por qué llevamos al menos dos gobiernos tratando de reformar el sistema de pensiones sin ningún éxito. Quizá es porque, hasta ahora, no había sido posible poner en diálogo a esos dos mundos. Lo que se ha logrado en este gabinete de Boric, encarnado con fuerza en Izkia Siches y en Mario Marcel, fue poner en diálogo a esos mundos»

-Hay un riesgo. Es la teoría de los papabiles y que cualquiera de esas tres figuras –Siches, Marcel, Jackson- puedan comenzar a tener una proyección presidencial y que eso sea un choque a la hora de gobernar. ¿Lo ves probable?

-Por ahora veo que todavía hay afecto societal dentro de esta nueva coalición. Pero sin duda que ése va a ser un gran desafío. No negando la aspiración presidencial que pueda tener cualquier político, incluyendo a los que están en el gabinete, sino siendo capaces de anteponer la visión del conjunto. Eso fue algo que logró muy exitosamente la Concertación en su momento. Pese a que hubo resquemores y disputas, siempre hubo una disposición de anteponer el proyecto comunitario.

-Hasta que ya no lo hubo y se acabó la Concertación.

-Así es. Pero, por lo menos por ahora, veo un gran afecto societal que ninguna de las dos últimas coaliciones de gobierno habían tenido. Pero, claro, todavía es fácil. Están en plena luna de miel y marcan alto en las encuestas. La pregunta de fondo hay que hacerla cuando, inevitablemente, al gobierno  le empiece a ir mal en las encuestas. En ese momento, ¿cuántos dirigentes políticos van a estar dispuestos a decir: “éste es mi gobierno”? Porque terminada la luna de miel, terminan las ganas de ser oficialista. Ahí tendremos una señal de cuánta proyección tendrá esta nueva coalición sin nombre que se está estructurando en el gabinete.

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