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17 de marzo de 2022

Lily Pérez y su análisis sobre la derecha chilena: “De tanto resistirse a los cambios, lo entregaron todo y mal”

La ex senadora, ícono de la derecha liberal, afirma que su sector está dividido en dos almas y que sus errores desdibujaron el proyecto político. “Siempre logran llegar a un punto –dice- en que se autorevientan entre todos”. Aquí, Lily Pérez también advierte a Gabriel Boric y le dice que en política “los enemigos son de verdad y los amigos son un poco de mentira”.

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Por décadas, Lily Pérez fue una exponente de la derecha liberal y figura política prominente en Renovación Nacional. Pero Lily Pérez cambió de vida. Vive en Coquimbo y se declara plena. Lleva cuatro obras de teatro, hace deportes, viaja, tiene tiempo y trabaja asesorando proyectos estratégicos para algunas empresas.

Hace un año, la llamaron para pedirle que fuera candidata a senadora por la Región de Coquimbo, pero ella se mantuvo firme en su decisión de estar fuera de la primera línea. Sin embargo, la política la lleva en la sangre; y aunque observa a la distancia, mantiene estrechos vínculos con ese mundo que habitó desde los años 90.

Hoy, se declara ilusionada con el nuevo ciclo político que se abre con la llegada de una nueva generación al gobierno. Pero advierte riesgos.  “Gabriel Boric está en el filo de la cornisa, porque él ha logrado levantar un apoyo más emocional que de votos reales. Y eso es lo que el gobierno de Piñera nunca entendió…”, afirma.

Para Lily Pérez la situación que vivió la ministra Izkia Siches en la Araucanía debería llamarlos a reflexionar. “Imagino que lo que le sucedió a la ministra del Interior, recibida a balazos en la Araucanía, los hará repensar la estrategia. El diálogo siempre es fructífero cuando se hace con personas que están dispuestas a conversar y lograr la paz, pero también hay grupos que no están dispuestos. Y eso requiere tener distintas estrategias”, afirma.

“Imagino que lo que le sucedió a la ministra del Interior, recibida a balazos en la Araucanía, los hará repensar la estrategia. El diálogo siempre es fructífero cuando se hace con personas que están dispuestas a conversar y lograr la paz, pero también hay grupos que no están dispuestos».

-Han pasado algunos días desde que asumió el gobierno de Boric. ¿Cómo lo estás viendo? ¿Con temor, con esperanza, todo junto?

-Yo soy de las que no tiene temor. Hasta lo veo casi con ilusión. Incluso, he convencido a mucha gente de mi entorno –porque igual me preguntan harto- y a todos los convenzo de que hay que tener una mente positiva para enfrentar este cambio de era. ¡Es la humanidad completa la que está viviendo un remezón! Entonces, no veo con miedo lo que venga. Puede ser medio ingenuo de mi parte, lo reconozco., pero tengo esperanza en que estos cambios, son también un aprendizaje para hacer algo diferente. Yo estoy sintiendo una cosa bien especial…

-¿Qué cosa…?

-Me dedique a ver toda la transmisión de mando, observé los detalles, la gente en la calle, el discurso de esa noche y siento que lo de Boric se está transformando en un fenómeno muy similar a lo que pasó con Michelle Bachelet en su primer gobierno.

¿En el sentido de generar una cierta emocionalidad en el ambiente?

-Claro. Ella encarnó al pueblo y a las mujeres. En el caso de Boric, él representa, sobre todo para los jóvenes, un cambio súper fuerte. Y parece que también genera un fenómeno potente en gente adulta mayor que lo ven como un nieto, como un hijo. Y para qué decir con los niños y niñas. Entonces, Boric está generando un impacto emocional que -tal vez- ni siquiera él ha logrado calibrar del todo. Y eso tiene mucho de bueno, pero también mucho de riesgo.

«Me dedique a ver toda la transmisión de mando, observé los detalles, la gente en la calle, el discurso de esa noche y siento que lo de Boric se está transformando en un fenómeno muy similar a lo que pasó con Michelle Bachelet en su primer gobierno».

-¿El riesgo de las expectativas?

-Partamos por lo bueno: ese gran apoyo ciudadano, le va a dar la posibilidad de tomar decisiones populares o impopulares. Va a tener un piso. Pero el riesgo es que Boric siempre va a estar al filo de la cornisa.

-¿Y cuál es esa cornisa?

-Que cada error que cometa, puede generar una gran decepción en la ciudadanía. Pero no será sólo una decepción política, sino que también de carácter emocional. Ese es el gran riesgo que yo veo porque él despierta una adhesión que va más allá de la política.

También entraste joven a la política y sabes que es un mundo rudo. En tu experiencia, ¿de qué tendría que cuidarse Gabriel Boric?

-Creo que lo más difícil de sortear para él, será cómo zafar de las traiciones cercanas. Probablemente, una persona que está generando tanta emoción en los demás, es alguien altamente emocional.  Y eso es lo que yo veo en él: una persona con la emoción a flor de piel y que, seguramente, tiende a idealizar la situaciones e incluso a sus cercanos. Me imagino que por eso él eligió para esta etapa de su gobierno, a personas que son muy cercanas.

-Son sus amigos, con los que hizo el trayecto desde las movilizaciones estudiantiles hasta ahora…

-Claro, el problema es que en la política, la amistad prácticamente deja de existir. Los enemigos son de verdad y los amigos son un poco de mentira. Esa es mi experiencia de la política. Y eso es complicado cuando tienes demasiado idealismo en juego. Ahora, a su favor juega el hecho de que ellos son una generación distinta y que se relaciona de otras maneras.

«Creo que lo más difícil de sortear para él (Boric), será cómo zafar de las traiciones cercanas. Probablemente, una persona que está generando tanta emoción en los demás, es alguien altamente emocional.  Y eso es lo que yo veo en él: una persona con la emoción a flor de piel y que, seguramente, tiende a idealizar la situaciones e incluso a sus cercanos».

-¿Pero esa advertencia es más personal que política, o no?

-Mira, los gobiernos tienen tres etapas: la entrada, la mantención y la salida. Y en la fase de entrada, veo la primera prueba de fuego para su equipo. Ahí se verá si cada uno de ellos tiene agenda propia o si es realmente algo colectivo. Y ése es un desafío no menor

Sus ministros más cercanos, como Izkia Siches, Camila Vallejo y Giorgio Jackson llegan con su propio capital político. ¿Eso marca una diferencia con otros gabinetes?

-Claro, y al tener todos un capital político propio, van a venir los orejeros de siempre y les van a decir: “Oye, pero tú eres más que él o tú puedes ser una opción después”. De eso tienen que cuidarse mucho como equipo. Y lo digo porque esas cosas matan el espíritu de los proyectos. Y me atrevo a ir más allá: lo que Boric jamás debería hacer es caer en la tentación de pensar en una reelección. Aún cuando le fuese increíblemente bien en el gobierno, cosa que va a ser difícil por todas las vicisitudes externas que existen.

-¿Pensar en la reelección tensiona a los equipos? ¿Le quita aire a los demás?

-Es más allá de eso. Me refiero a que siempre hay que partir con humildad y no con soberbia.  Una de las cosas que destruyó al gobierno de Piñera 2, fue que la primera semana de instalación del gobierno anunciaron  que iban a gobernar por tres  periodos consecutivos. O sea, dijeron que iban a estar 12 años en La Moneda. Después de esa declaración, todos los que estaban encumbrados, empezaron a creer que sus agendas personales eran más importantes que el proyecto colectivo. Y bueno, ya vemos el resultado… Porque entregar la banda presidencial a alguien de un signo totalmente opuesto, es una derrota política, por más que se quiera disfrazar. Entonces, creo que hay que cuidarse de todas esas tentaciones, que al final son las tentaciones del poder.

«Siempre hay que partir con humildad y no con soberbia.  Una de las cosas que destruyó al gobierno de Piñera 2, fue que la primera semana de instalación del gobierno anunciaron  que iban a gobernar por tres  periodos consecutivos. O sea, dijeron que iban a estar 12 años en La Moneda. Después de esa declaración, todos los que estaban encumbrados, empezaron a creer que sus agendas personales eran más importantes que el proyecto colectivo«

LOS ERRORES DE LA DERECHA

-En el análisis de la derrota de la derecha, ¿qué rol le cabe al gobierno de Piñera? Porque una cosa es perder La Moneda, pero otra cosa es perder el proyecto…

-Yo separaría las cosas. Una cosa fue perder el gobierno porque hicieron todo mal. La Moneda se pudo haber ganado, pero obviamente que con otro candidato. No con el que terminó siendo. Sin embargo, la elección parlamentaria fue muy buena para la derecha y la centro derecha.  Desgraciadamente, lo que quedó afectado es el proyecto. Y eso tiene como derrotero lo que ocurrió en la elección presidencial.

-¿Te refieres a haber terminado apoyando a José Antonio Kast?

-Claro. Hacer una alianza política, levantar un candidato, ir a primarias y después no respetar el resultado… Por mucho que el candidato haya cometido errores o haya hecho mala campaña, la gente de derecha terminó  mostrando una falta de convicción política tremenda. Piensa que para las primarias, muchos fueron a votar por Boric para impedir que ganara Daniel Jadue. Esas cosas no se deben hacer en política. Es falta de convicción política.

«Hacer una alianza política, levantar un candidato, ir a primarias y después no respetar el resultado… Por mucho que el candidato haya cometido errores o haya hecho mala campaña, la gente de derecha terminó  mostrando una falta de convicción política tremenda«.

-¿Y haber dejado a Sichel para apoyar a Kast también fue falta de convicción?

-Absolutamente.  Pero no sólo porque no respetaron el resultado de la primaria, sino porque con eso se hipotecó el proyecto de la centro derecha. Por mucho que, efectivamente, Sichel haya cometido un montón de errores en su campaña, los compromisos se cumplen.

-Lo que dicen en la derecha es que Sebastián Sichel no los representaba en plenitud…

-Creo que el primer error de Sichel fue haber intentado representar  a la derecha no siendo de derecha. Él debió haber sido candidato independiente y no tener que encerrarse en las 4 paredes de Chile Vamos. Eso fue lo que yo le dije a muchos de sus cercanos.

-¿Porque perdía identidad?

-Porque en el minuto que Chile Vamos tomó el control de su campaña, Sichel empezó a cometer error tras error. Finalmente, se fueron con un candidato exógeno a Chile Vamos y el resultado es por todos conocido: ¡Pésimo! Aunque quieran adornarlo diciendo que no está tan mal… La verdad, es que cuando tú tienes toda la maquinaria del gobierno durante 3 años, perder el gobierno, es una gran derrota política no más. Y el resultado es un proyecto político absolutamente desdibujado.

«Finalmente, se fueron con un candidato exógeno a Chile Vamos y el resultado es por todos conocido: ¡Pésimo! Aunque quieran adornarlo diciendo que no está tan mal… La verdad, es que cuando tú tienes toda la maquinaria del gobierno durante 3 años, perder el gobierno, es una gran derrota política no más».

¿SIN PROYECTO?

-Hay sectores de derecha que hablan de una derrota cultural. Dicen que el gobierno y algunos personeros de RN se sometieron a la agenda de la izquierda y terminaron entregando la Constitución. ¿Lo ves así?

-En términos estrictos y desde su perspectiva, tienen razón. Pero ésa es la eterna discusión de la derecha. La hemos visto ahora, con lo que pasó con la presidencia del Senado. Entre los grupos de derecha, hay un pegamento que a veces funciona electoralmente, pero no funciona ideológicamente. ¿Y qué tenemos? Nada. Porque claramente la derecha chilena no tiene hoy día un proyecto político claro y definido.

¿Hay cuentas que le pueden cobrar a Sebastián Piñera por eso?

-Es que ahí sí hay una responsabilidad grande del gobierno saliente. Porque después de haber dicho que iban a gobernar 3 periodos completos, la segunda declaración fue que el proyecto de reforma constitucional que dejó Michelle Bachelet se iba a la basura, que no lo iban a tramitar. ¡Tremendo error político desecharlo! En el fondo, el gobierno se farreó la tremenda oportunidad de haberle dado continuidad a ese proyecto de la Presidenta Bachelet.

-¿Por qué fue un error?

-Porque la verdad es que las reformas que se estaban planteando eran correctas. Era necesario hacer una reforma profunda a la Constitución, pero se podía encauzar perfectamente a través de reformas a través del Congreso. Y lo que tenemos hoy es una Convención que se enredada, porque sus miembros quieren hacer un texto que lo abarque todo. Una Constitución, a mi juicio, debe ser mucho mas minimalista. Es un gran marco teórico, un paraguas, lineamientos. Yo espero que la redacción final, se pueda aprobar. De lo contrario, se daría un paso atrás. Eso me preocupa.

«Una Constitución, a mi juicio, debe ser mucho mas minimalista. Es un gran marco teórico, un paraguas, lineamientos. Yo espero que la redacción final, se pueda aprobar. De lo contrario, se daría un paso atrás. Eso me preocupa».

-Hay sectores que preferirían que se rechace. ¿Te preocupa eso también?

-Es que hay que distinguir. Hay sectores de derecha que, probablemente, están ahí para que fracase la Convención. Y están en esa línea desde el primer día, sin importa el texto que salga. Son los que prefieren la actual Constitución tal y como está. Pero hay otros sectores que sí quieren que salga un buen texto en el entendido de que hay que hacer algo nuevo. Ahí se muestran de nuevo las dos almas de la derecha.

-¿Aún hay sectores a los que les cuesta conectar con este nuevo Chile?

-Todavía hay sectores que siguen pensando que el estallido social fue producto de una concertación neo marxista internacional. Y no se dan cuenta que esto fue una olla a presión durante muchos años. Estaba latente. Porque cuando tienes una derecha que toda la vida se negó a hacer reformas de cualquier tipo, ¿al final qué es lo que pasa? Que terminan entregando todo y mal. Te hablo de reforma a los derechos de agua, a las Isapres, los bancos, las AFP, reformas de carácter valórico…

-¿Cómo es eso de que terminan entregando todo y mal?

-Creo que el balance es que de tanto resistirse a hacer los cambios durante tantos años,  y  de tanto apalear a los que pensábamos que había que hacerlos, al final terminaron entregando todo y mal. Y lo digo así porque lo entregaron de mala manera y pasado para el otro extremo.

«Creo que el balance es que de tanto resistirse a hacer los cambios durante tantos años,  y  de tanto apalear a los que pensábamos que había que hacerlos, al final terminaron entregando todo y mal«.

-¿Y eso es culpa del gobierno de Piñera?

-No, no es un problema de dos o cuatro años. Es un arrastre de la derecha de muchos años. Negarse a hacer las reformas importantes, no ceder en nada, ser irreductibles en temas como las AFP, las Isapres, los temas valóricos, hicieron que al final se terminara perdiendo el gobierno, y perdiéndolo todo. Pero es el resultado de una secuencia.

LA DERECHA LIBERAL

-¿Dirías que murió la derecha liberal?

-No sería tan categórica. Pero sí fue muy curioso ver a toda la derecha, incluida la que se suponía que era la más liberal, sumada con un candidato que representa todo lo contario a las peleas que dimos por tantos años. Toda esa contradicción hace que hoy día no se vea un proyecto atractivo. Y que los sectores más liberales de la derecha, que existieron en algún minuto, hoy estén fuera de la política o al margen. No hay una construcción liberal dentro de la derecha.

-El hecho de que tengan una bancada poderosa en el Congreso, como tú decías, ¿les permite pensar en reconstituirse?

-Sí, tienen hartos parlamentarios. En el Senado están casi empatados si es que sumaran el voto de un independiente y el voto republicano, que también es de derecha. Con eso podrían tener mayoría, pero por hacer las cosas mal, se quedan abajo en la elección de la mesa del Senado. No sé quién tiene la razón en esa pelea. El punto es que, en vez de ser pragmático y tomar buenas decisiones teniendo las herramientas para hacerlo, siempre logran llegar a un punto en que se autorevientan entre todos.

-¿Hay un quiebre más de fondo, entonces?

-Al final, es falta de empatía. ¿Por qué crees que la gente por votó por Boric? Yo creo que no fue tanto por él, sino que fue un voto castigo para los sectores de derecha. Por eso digo que Gabriel Boric está en el filo de la cornisa. Porque él ha logrado levantar un apoyo más bien emocional que de votos reales. Y eso es lo que el gobierno de Piñera nunca entendió…

-¿Qué?

-Que  la derecha no ganó el gobierno cuando ganó Piñera. Fue porque perdió Bachelet 2 y la Nueva Mayoría. Y esa cuestión es súper frágil en política. Si crees que todos esos votos son propios y no cumples lo que prometiste en campaña  -que fue lo que pasó en Piñera 2- ,se genera mucha frustración de la gente. Es un dato a considerar. La ciudadanía se desencanta con mucha rapidez porque no son votos de adhesión política ni ideológica.

«La derecha no ganó el gobierno cuando ganó Piñera. Fue porque perdió Bachelet 2 y la Nueva Mayoría. Y esa cuestión es súper frágil en política. Si crees que todos esos votos son propios y no cumples lo que prometiste en campaña  -que fue lo que pasó en Piñera 2-, se genera mucha frustración de la gente».

-¿Qué responsabilidad le atribuyes a Piñera como jefe de gobierno?

-Siempre pensé que Piñera nunca debió ser candidato por segunda vez. En alguna oportunidad él me pidió la opinión y yo le dije que por ningún motivo. Al final, el poder tiene un fin cuando tú lo usas para hacer cosas por los demás, pero cuando ya se convierte en algo personal, hay un tema más de ego. Por eso que el Piñera 1 es tan distinto al Piñera 2.

-¿En qué sentido?

-Piñera 1 fue un gobierno muy jugado por la gente, muy empático. Incluso logró pasar temas valóricos que eran muy difíciles. En cambio, el Piñera 2 estuvo mucho más ensimismado en los cargos políticos, en los partidos, en los operadores políticos y cómo iban ellos en el rumbo del poder. Eso también le pasó a Bachelet en su segundo periodo. Y al final eso la gente lo olfatea, lo siente y lo percibe.

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