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Entrevistas

12 de mayo de 2022

Camilo Escalona: «Tenemos que apoyar al gobierno. Hay un peligro de gobernabilidad democrática»

Preocupado. El histórico dirigente socialista advierte que el país vive un momento delicado. Afirma que el Presidente Boric tiene enemigos poderosos y que no puede renunciar a las reformas que comprometió. Ahí se juega, dice él, la estabilidad y la convivencia democrática del Chile de los próximos años.

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Tenía poco menos de 10 años cuando su padre le leyó la cartilla: “Primero, en esta casa somos socialistas. Segundo, los hombres no lloran. Tercero, desde ahora en adelante se acabaron los pantalones cortos”.  El mandato quedó claro.

Camilo Escalona tiene el cuero duro. Su vida entera lleva el sello del socialismo chileno. Ha pasado por todas las etapas de quiebres y reconciliaciones. En los 90, luego de años de clandestinidad, fue el líder de la Nueva Izquierda, una de las fracciones más influyentes y duras de su partido. Eran los años en que la democracia entraba en escena. 

Por ese entonces, Escalona miraba con cierto desdén a los socialistas renovados. Marcaba un camino distinto, pero siempre dentro del camino fijado: había que recorrer la transición a la democracia con máxima responsabilidad.

«Creo que el gobierno entró a la cancha subvalorando las dificultades. El ejemplo más claro es el de la ministra Izkia Siches en Temucuicui. A estas alturas, ese hecho debería ser estudiado en las escuelas de ciencias políticas como una falta de precaución enorme«.

En estas décadas ha sido diputado, presidente del partido, senador de la República.  Escalona fue el que dijo que cambiar la Constitución era como fumar opio y eso le costó caro en su momento.

En los últimos años ha vivido derrotas. Y hoy va a la carga nuevamente: quiere ser presidente de los socialistas en las próximas elecciones internas.

Escalona está preocupado.

-El gobierno de Gabriel Boric ya cumplió dos meses. Han habido carreteras obstruidas, una situación crítica en el norte, violencia e las calles, un horizonte económico complejo. ¿Cómo ves la cancha en que juega el gobierno hoy?

-Yo creo que el gobierno entró a la cancha subvalorando las dificultades. El ejemplo más claro es el de la ministra Izkia Siches en Temucuicui. A estas alturas, ese hecho debería ser estudiado en las escuelas de ciencias políticas como una falta de precaución enorme, como una iniciativa política de  amplísimas repercusiones. Es evidente que se subvaloró el escenario. Eso es lo que le ha pasado al gobierno.

-¿Falta de experiencia?

-No es sólo porque es una generación nueva. Influye, pero el punto -y esto se lo aprendí Clodomiro Almeyda- es que las reformas son mucho más difíciles de hacer de lo que aparentan ser. O sea, ese programa de reformas con 4,6 millones personas que respaldaron a Gabriel Boric en su votación de segunda vuelta, son imposibles de detener. 

-¿Por las famosas expectativas? 

-Es por la fuerza de ese electorado; por el peso que adquiere la necesidad de hacer esas reformas que comprometió. 

-¿La complejidad es por lo difícil que será cumplir?

-La complejidad es porque los enemigos de las reformas no han desaparecido y son de distinta naturaleza. No sólo está el gran empresariado, que es un adversario poderoso, muy poderoso, y que se puede mover con ramificaciones y tentáculos inimaginables. La palabra inimaginable no la uso de manera retórica.

«Los enemigos de las reformas no han desaparecido y son de distinta naturaleza. No sólo está el gran empresariado, que es un adversario poderoso, muy poderoso, y que se puede mover con ramificaciones y tentáculos inimaginables».

-Pero hablas en plural. ¿Quiénes son los otros enemigos?

 -Los grupos de extrema izquierda. Ellos también son enemigos de las reformas, adversarios muy duros y que consideran que las reformas son una conciliación con el enemigo. 

-¿Los ve como entreguistas?

-Más bien como una rendición. En el fondo, eso es lo que le pasó a la ministra Siches en Temucuicui. Aquí hay grupos radicalizados que no quieren dialogar con el gobierno. Se quieren confrontar con el gobierno.  Claramente, eso no estuvo puesto en el listado de problemas y dificultades que van a existir. Entonces, a todas luces, hay una dura resistencia de la ultraizquierda a la presidencia de Gabriel Boric. Pero la más seria, la estratégica, es la del gran empresariado. Ellos, a diferencia del gobierno de Allende, iniciaron el bloqueo de inmediato.

-¿Hacia dónde apuntas?

-El gobierno de Salvador Allende no tuvo estos primeros 60 días de Boric. No fueron tan duros y eso que sus medidas eran más radicales, al menos en la imagen política. Recordemos que, en la esfera de las imágenes, el de Allende era visto como un gobierno radicalizado, muy a la izquierda, pero aún así el empresariado fue prudente los primeros meses. Fueron cautelosos.

-¿Y ahora?

-Uno puede observar que hay una guerrilla mediática e incluso práctica, como ha sido lo que ha pasado en las carreteras. Entonces, yo veo un gobierno que está recibiendo un hostigamiento desde diferentes sectores al mismo tiempo. Lo vimos en los bloqueos de las rutas, en los estudiantes que salieron al centro de Santiago, en que se toman el ingreso a la planta de ENAP generando un problema de abastecimiento de combustible muy grave. O sea, hay muchos pequeños hechos que complican al gobierno.

-Entonces, ¿la explicación más de fondo no tiene que ver con la corta luna de miel, sino que con una resistencia en el ambiente?

-Tiene que ver con que las reformas de Boric, antes de ser implementadas, ya tienen adversarios muy poderosos que las están tratando de bloquear.

«A todas luces, hay una dura resistencia de la ultraizquierda a la presidencia de Gabriel Boric. Pero la más seria, la estratégica, es la del gran empresariado. Ellos, a diferencia del gobierno de Allende, iniciaron el bloqueo de inmediato».

-¿Y cómo se bloquean las reformas?

-Debilitando al gobierno. Es obvio que si el gobierno está débil, no va a tener fuerza para empujar los cambios. Y eso es lo que no entienden los grupos más radicalizados. El prototipo de ellos es Daniel Jadue que dice: “No vamos a aceptar que se decepcione a la gente”. ¿Qué entiende él en eso de “no decepcionar a la gente? ¿Que el gobierno se lance como un toro contra la bandera roja del torero? El gobierno todavía no se había instalado, cuando él ya estaba diciendo eso.

-¿Dirías que Jadue está liderando a la extrema izquierda?

-Lidera ese grupo. Lo lidera discursivamente, no en la práctica porque son grupos autónomos.

-En el fondo, ¿lo que hace es una advertencia de que no le van a perdonar el camino del diálogo?

-Claro, pero para poder hacer las reformas, el gobierno no tiene otro camino que dialogar con todas las fuerzas políticas. Entonces, ¿dónde está el punto de fondo? En que el gobierno no puede decepcionar a quiénes votaron por ellos, porque ahí está su base de sustentación política. En consecuencia, tiene que mantener su compromiso con lo que prometió. Pero al mismo tiempo, para poder llevar adelante esos cambios, necesita un clima político que lo haga posible.

-¿Boric está en una encrucijada? 

-El gobierno de Boric está en una encrucijada, igual como la que se dio al inicio de la transición en los años 90, pero en ese entonces el tema se resolvió por la naturaleza del líder.

-¿Cómo?

-El líder era de centro. A Patricio Aylwin nadie le cuestionó abrir conversaciones con la oposición. En cambio, a Boric le cuestionan lo que cualquier otro líder político haría: conversar con todos, viabilizar las reformas. Y el problema es que al Presidente Boric no le puede pasar lo que le pasó a la Concertación en esos 30 años. O sea, no le puede ocurrir que su voluntad de reformas se diluya en el tiempo.

-¿Por qué?

-Porque eso significaría claudicar. Significaría la derrota política. A pesar de todas las dificultades que vemos, Boric tiene que cumplir con lo que prometió. Ese es su dilema. Esa es la encrucijada: las reformas son mucho más difíciles de lo que él mismo pensó y está parado en un terreno complejo, pantanoso, inestable, movedizo y con enemigos que quieren bloquear el proceso político. Pero, insisto, él no puede cejar en su voluntad estratégica de llevar a puerto su programa de cambios.

«A pesar de todas las dificultades que vemos, Boric tiene que cumplir con lo que prometió. Ese es su dilema. Esa es la encrucijada: las reformas son mucho más difíciles de lo que él mismo pensó y está parado en un terreno complejo, pantanoso, inestable, movedizo y con enemigos que quieren bloquear el proceso político».

LOS PELIGROS

-¿Cómo enfrenta ese dilema una generación que recién empieza a gobernar y que tiene poca experiencia? Tú lo planteas como un problema de marca mayor…

-Es un momento delicado. Y eso explica mi decisión de ir de candidato a la presidencia del PS. Muchos dicen: “¿Qué pretensiones tiene éste señor? ¿Por qué sale del sarcófago?» Intuyen algo siniestro. Pero estoy aquí para ayudar. Tan simple como eso. Ellos son los que lideran, nosotros desde el PS podemos ayudar. 

-¿Pero qué es lo que te mueve a salir del sarcófago? ¿Ves un peligro?

-Hay que apoyar al gobierno porque hay un peligro de gobernabilidad democrática. Si las reformas no se llevan a cabo, los desencantados van a pasar a ser millones de personas y la atomización social que hoy se ve en muchos aspectos, se va a profundizar. Aquí hay un crecimiento de grupos de ultraizquierda, hay apatía, crece la sensación de no creer en nada, de rechazarlo todo. Eso se va a multiplicar 

-Entonces, ¿más que un dilema, es un camino de muchos riesgos?

-Si no ayudamos, éste va a ser un país muy difícil de vivir. Si al gobierno de Boric no le va bien, no va a haber gobernabilidad democrática para hacer las reformas. Entonces, hay que apoyarlos.

-La generación que gobierna creció marcando diferencia con políticos como tú. ¿Cómo van a terminar pidiéndole ayuda a ustedes? 

-Lo que hizo Álvaro Elizalde fue un acierto: apoyar a Boric sin condiciones. Nosotros tenemos una  experiencia que es valiosa para que el gobierno le vaya bien y se entrega a cambio de nada. Lo digo así para no generar una falsa contradicción de que el gobierno tiene que llamar a aquellos que denostó ayer. No. Hay que salvar la valla de la soberbia y nosotros también tenemos que ayudar sin condiciones.

«Si no ayudamos, éste va a ser un país muy difícil de vivir. Si al gobierno de Boric no le va bien, no va a haber gobernabilidad democrática para hacer las reformas. Entonces, hay que apoyarlos».

“ANULAR AL GOBIERNO”

-Apuntas al gran empresariado como un enemigo. En los 90 eran un poder fáctico, ¿realmente lo son ahora? ¿Hay espacio para golpear la mesa o desestabilizar el país?

-Siguen siendo poderosos. Ellos manejan los medios de comunicación. Y las imágenes que han generado del gobierno son tremendas, lo han debilitado aceleradamente… 

-¿Los han debilitado o el gobierno se ha auto debilitado? 

-Partí reconociendo que el primer día de trabajo del  nuevo gobierno fue Temucuicui.  Partió mal, pero las imágenes que se proyectan de ineficiencia, de improvisación, de frivolidad, no son casuales. Son imágenes que destruyen. 

-Para entender, ¿crees que los empresarios quisieran desestabilizar al gobierno de Boric?

-No. No lo quieren desestabilizar. Lo quieren anular. Es distinto. La intención no es echarlo abajo. Es tener un gobierno que no es capaz de hacer nada. Con eso lo anulas. Y ahí hay un problema en la izquierda, porque habitualmente no captan las sutilezas de la política del adversario. Siempre creen que sus adversarios son igual que Pinochet, y no lo son.

-¿En qué se diferencian? 

-En que estos enemigos tienen más experiencia política. Y como se dice en lenguaje popular: la pican más fino. Por eso, no creo que para el gran empresariado sea un propósito echar abajo el gobierno. Pero sí anularlo. Debilitarlo y que quede preso de sus conflictos internos, de sus diferencias de opinión, de la incapacidad para generar una hoja de ruta. Así vas perdiendo fuerza y respaldo social progresivamente…

«No lo quieren desestabilizar. Lo quieren anular. Es distinto. La intención no es echarlo abajo. Es tener un gobierno que no es capaz de hacer nada. Con eso lo anulas. Y ahí hay un problema en la izquierda, porque habitualmente no captan las sutilezas de la política del adversario. Siempre creen que sus adversarios son igual que Pinochet, y no lo son».

-Y en esa lógica, ¿cuál sería el plan de la extrema izquierda? ¿Anular también o forzar las cosas hacia su lado? 

-Ellos quieren quebrar el Estado. Lo pensaban desde antes del estallido y lo siguieron pensando  durante y después de octubre del 2019. Lo que no ven es que el propio estallido demuestra que en Chile el Estado no se quiebra. Hay una lección que ellos no han aprendido. No se quebró en 1988 con el No. No se quebró en el 89 con el cambio del régimen militar a un gobierno civil. El Estado ha aguantado en muchas etapas claves. Pero ellos piensan que se puede romper.

“De hecho, ahí arranca la irritación que tienen contra Boric. Estiman que la firma del acuerdo por la paz del 15 de noviembre, impidió coronar una revuelta social que iba a echar abajo el Estado. Por eso condenan a Boric. Y, por el contrario, los demócratas chilenos entienden que Boric se validó firmando ese acuerdo en un momento clave. Tanto que terminó siendo el Presidente de la República”.

ATRAVESAR LA CRISIS

-Estas semanas, la figura de la ministra Siches ha sido un factor político. El Presidente apostó por defenderla, por sostenerla. ¿Cuál dirías que es el sentido de esa apuesta?

-Tiene sentido porque el gobierno está defendiendo su propia cohesión. Yo no trato con ellos. No conozco sus códigos internos, pero lo que percibo es que hay un núcleo con el cual Boric decidió dirigir su gobierno. Y lo que hace al afirmar a Siches, es atravesar esta encrucijada con su núcleo fundacional. 

-¿Soltar a Siches sería una derrota personal también?

-No solamente sería la derrota política de una apuesta. Yo intuyo que el Presidente percibe que la salida de su ministra del Interior tendría efectos incalculables en su propio núcleo político. Se romperían las confianzas. Él teme los efectos de esa salida en su propio mundo. 

-¿Aunque ella no sea tan estructural dentro de ese mundo? 

-Claro, tal como Allende defendió a José Tohá. Aunque Tohá no era tan querido, él lo defendió hasta al final.  

-¿Por qué el paralelismo con Allende?

-Porque al igual que Allende, Boric llegó a la Presidencia para llevar adelante un proceso de grandes cambios. Eso es lo que está en juego. Y para hacerlo hay que comprender, profundamente, el Chile de hoy. No es el mismo país de los años 70. Las Fuerzas Armadas tampoco lo son. Los liderazgos políticos son diferentes y los partidos también. El factor común es que estamos en profundo proceso de cambios.

«Al igual que Allende, Boric llegó a la Presidencia para llevar adelante un proceso de grandes cambios. Eso es lo que está en juego. Y para hacerlo hay que comprender, profundamente, el Chile de hoy. No es el mismo país de los años 70″.

-Pensando en cómo salir de esta encrucijada, ¿qué riesgos adviertes y qué caminos tomar?

-Insisto en este punto: el gran riesgo es que no se hagan las reformas. ¿Por qué? Porque eso introduciría al país en una profunda crisis de apatía social y con efectos incalculables sobre la gobernabilidad.

-¿Cómo cuales?

-Temo que la gente abandonaría por completo cualquier interés en la política y eso favorecería el crecimiento de la ultra derecha y de la ultra izquierda. Por lo tanto, sea como sea, el Presidente Boric tiene que llevar a cabo su programa en estas complejas condiciones. Y para eso tiene que ser capaz de convencer a su base de apoyo de la necesidad de dialogar y lograr un acuerdo político con el conjunto del espectro nacional. Aquí todos tienen que aportar. La derecha también. Ellos firmaron el acuerdo de noviembre. No olvidemos ese un dato. Es muy importante…

-No todos firmaron…

-Pero RN y la UDI lo hicieron como partidos. Y lo que hay que recordar es que esa noche del 15 de noviembre, la derecha dio una señal de que había tomado nota, a través del estallido social, de que ya no era posible seguir con el modelo tal y como estaba. Esa señal no se puede perder de vista.

«Sea como sea, el Presidente Boric tiene que llevar a cabo su programa en estas complejas condiciones. Y para eso tiene que ser capaz de convencer a su base de apoyo de la necesidad de dialogar y lograr un acuerdo político con el conjunto del espectro nacional. Aquí todos tienen que aportar. La derecha también. Ellos firmaron el acuerdo de noviembre. No olvidemos ese un dato».

-Pero como dijo el propio Boric, el problema fue que pasamos del «no lo vimos venir» a «aquí no ha pasado nada”. ¿El recuerdo del estallido social seguirá presente?

-Javier Macaya lo tiene bastante claro. Seguramente, hay poderes fácticos que dicen: “Aprovechémonos del pánico. El peligro ya pasó”. Pero dentro de la derecha hay sectores que sí se dan cuenta de que sin cambios nos podemos ir al precipicio de nuevo.

EL FACTOR CONVENCIÓN

-En paralelo va la Convención Constitucional. ¿Cómo entra a jugar ese factor? ¿Qué pasa si se rechaza el texto de una nueva Constitución? 

-Primero, no comparto lo que dijo el Presidente respecto a que tiene un plan B. Eso debilita la posibilidad de que el texto de reforma sea aprobado. Y ése es no es un riesgo menor. Si la propuesta no logra mayoría y nos encontráramos la madrugada del 5 de septiembre con un resultado desfavorable, se configura una situación política de alto riesgo para Chile como nación. 

-¿Por qué?

-Porque no tendríamos nueva Constitución y la Constitución del 80 ya está muerta, como dice la propia UDI. En consecuencia, el tema de la gobernabilidad se plantearía con una crudeza como nunca se ha planteado en el curso de los últimos años.

-¿Está en peligro la democracia?

-No veo peligro de un Golpe de Estado, pero sí de una descomposición del sistema democrático. Me refiero a que la democracia se diluya y que la gente simplemente le dé la espalda a sus compromisos sociales, a la necesidad de vivir en comunidad y, en consecuencia, la vida se vuelva una desgracia completa.

-¿Tanto así?

-Me refiero a que entremos en una etapa en que los portonazos, las patotas de maleantes se impongan definitivamente en los barrios populares; que los sicarios pasen a ser una profesión común, que cualquiera pueda mandar a matar. A eso le temo. Porque sin reformas no va a haber golpe de Estado, pero se puede descomponer dramáticamente  nuestra convivencia nacional.

«No veo peligro de un Golpe de Estado, pero sí de una descomposición del sistema democrático. Me refiero a que la democracia se diluya y que la gente simplemente le dé la espalda a sus compromisos sociales, a la necesidad de vivir en comunidad y, en consecuencia, la vida se vuelva una desgracia completa».

-¿Y por qué las reformas podrían impactar en ese otro anillo que es la delincuencia? 

-Las reformas impactan porque le dan cohesión a la sociedad, dan un sentido de vida. Para resolver los grandes problemas de la globalización, la sociedad tiene que vivir en comunidad, y para vivir en comunidad se necesita democracia.

-¿Delincuencia es hoy el problema más grave? ¿No la inflación, las brechas de desigualdad y pobreza…?

-El tema de la convivencia nacional me parece un desafío mayor que la crisis inflacionaria. O sea, hoy, la tarea principal no es del Ministerio de Hacienda, sino del ministerio del Interior. ¿Sabes por qué? Porque aquí hay decenas de miles de personas que están dispuestas a hacer cualquier cosa porque ya no les importa nada. Ni siquiera les importa enfrentarse con la policía o que los agarren a balazos. No les importa perder la vida ni ir presos al sistema carcelario de mierda que tenemos en Chile. Cuando la gente se cansa de vivir en sociedad es porque el peligro es mayor. Las sociedades se descomponen. Esa es mi principal preocupación por el Chile de los próximos años. 

-¿Y eso implica ejercer la autoridad?

-Eso implica ejercer firmeza. 

«El tema de la convivencia nacional me parece un desafío mayor que la crisis inflacionaria. O sea, hoy, la tarea principal no es del Ministerio de Hacienda, sino del ministerio del Interior. ¿Sabes por qué? Porque aquí hay decenas de miles de personas que están dispuestas a hacer cualquier cosa porque ya no les importa nada».

-La debilidad del gobierno radica especialmente en Interior…

-El ministerio del Interior se puede recuperar. Llevamos muy poco tiempo. Yo me guío por lo que hizo Patricio Aylwin. Él mantuvo a sus ministros contra viento y marea. En ese sentido, le encuentro razón al Presidente Boric. No puede estar cambiando ministerios tan rápido. El país tiene que tomar nota de que él llegó a gobernar con este equipo.

-Desde Aylwin hasta acá, han habido muchos momentos delicados. ¿Éste es uno de esos?

-Creo que esos días de apogeo del estallido, fueron el momento más complejo. El desborde que había, la situación que se produjo, podía empujar una intervención militar y en consecuencia, al quiebre de la democracia. Ese fue el momento más delicado para mí. Ahora hay que evitar que una situación así vuelva a presentarse en los próximos años. 

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