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18 de Enero de 2023

Alberto Mayol y nuevo proceso constituyente: “Es decadente, una prótesis del anterior”

alberto mayol analiza al gobierno y el proceso constituyente Agencia UNO

Desde España, el sociólogo y ex aliado del Frente Amplio habla de política actual y de los paralelos con su reciente libro, El abismo existencial de Occidente. Dice que el programa del gobierno actual “era una lista de supermercado y no había un proyecto” y que el gobierno y el FA han tenido “un bautizo de gobierno muy complicado, y no veo los aprendizajes para poder modificarlo”.

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“Estamos empezando un proceso constituyente que es decadente, una prótesis del anterior. No tiene momento constituyente y carece de un proyecto”, dice el sociólogo de la Universidad de Santiago (Usach) y exprecandidato presidencial del Frente Amplio (FA), Alberto Mayol. 

Tras el quiebre de su domicilio político -el desaparecido Movimiento Democrático Popular- en 2019, fue expulsado de la mesa del Frente Amplio, generando un quiebre interno en la colectividad. Ese mismo año se unió a Darío Quiroga y Mirko Macari en La Cosa Nostra, el espacio de debate político de redes sociales. Lleva dos años viviendo en España -desde donde habla por teléfono para esta entrevista- y en marzo volverá a Santiago, para reintegrarse a sus labores académicos en la Usach. 

En diciembre, publicó su último libro “El abismo existencial de occidente”, de editorial Catalonia. Mayol explica: Hace varios años investigué las herramientas de análisis para la transformación social, y en la parte cultural las que se estaban ocupando eran bastante extrañas. Los principales indicadores del mundo sobre globalización usaban la cantidad de McDonald’s, cosas que no tenían sentido, entonces analicé cómo hacer esos cambios, vinculados al malestar social de años claves como 2011 y 2019, pero haciendo un análisis histórico de la cultura y las protestas desde el siglo XIX”. En su nuevo libro, dice, “me meto en el tema de por qué podrían estar fallando las condiciones de desarrollo civilizatorio en Occidente”.

-El estallido social fue parte de eso, pero el llamado “octubrismo” perdió apoyo. ¿Los efectos de ese proceso se desvanecieron demasiado rápido? 

-Los efectos siguen incólumes. El problema es que para los sectores de izquierda el estallido social, no obstante movió el cerco de la estructura política hacia opciones de izquierda, no era una pésima noticia, cuando sí lo era. Se corroyeron las posibilidades de articulación entre lo social y lo político. La desvinculación se está consolidando. 

Por otra parte, se le exigió a la Convención resolver todos estos problemas. La suma de los errores ha sido gigante y el tamaño de la crisis sigue profundizándose. Ahora está ocurriendo una situación invisible, pero intensa, donde el sistema político no está entendiendo la urgencia. 

-La derrota del Apruebo, ¿fue una derrota electoral o ideológica?

-En las encuestas de La cosa nostra detectamos una reaparición de los valores concertacionistas, pero desde la decepción. En medio de eso, una población se quebró y se fue a perspectivas altisonantes y simplistas, es decir, a la ultraderecha. El 4 de septiembre es una gran derrota de la izquierda y del sistema político, pero no es una victoria de la derecha.

-¿Cómo ve el nuevo proceso constituyente?

-Carece de momento constituyente y de proyecto real. Hay algunas garantías, pero no cumple las condiciones para ser algo que articule la política. No entiendo por qué el gobierno decidió que sí o sí debía haber otro proceso después de la derrota y pactar en cualquier condición. Tienen una desventaja política indudable, y es demasiado riesgo, porque si llegase a fallar de nuevo, vas a tener una crisis de gobierno dramática.

-No han sido las mejores semanas para el Ejecutivo y la oposición les ha enrostrado que despreciaron los 30 años, pero que no han podido seguir su agenda transformadora. ¿Hubo soberbia en los líderes de Apruebo Dignidad y en el Presidente Boric?

-Si. De todos los pecados -que son muchos-, elijo la levedad: creer que se puede flotar por la realidad y que las cosas que se hicieron mal fue simplemente por mala voluntad de gente despreciable e insensible y no por las enormes dificultades que había. El gobierno y el FA han tenido un bautizo de gobierno muy complicado, y no veo los aprendizajes para poder modificarlo. 

Boric es el mejor jugador dentro del gobierno: tiene capacidad de mover el rumbo, pero lo hace de una manera un poco pedestre, porque él cree en el promedio y no en el valor del acto en sí mismo. Hace una cosa “por derecha” y después lo contrario “por izquierda”, pero la política no funciona así. Ha sido una experiencia bien lamentable, y la responsabilidad está en no tener un diseño y no llegar con un proyecto. El programa de gobierno era una lista de supermercado y no había un proyecto. Además, el diseño de las coaliciones como círculos concéntricos de Jackson se cayó en tres meses.

-¿Cómo ve el gobierno actual en relación a los de la Concertación? 

-Lo más parecido en un escenario donde tú crees tener un proyecto que no tienes realmente, y se te cae tempranamente, es el gobierno de Michelle Bachelet. Esa pretensión de ser vanguardia “porque se me ocurrió”, no funciona. El Frente Amplio tenía más gente que Bachelet, pero no tenían las condiciones de trabajo de políticas públicas, los diseños, las estrategias, nada de eso. 

-En los últimos meses Apruebo Dignidad ha cedido ministerios y cargos al Socialismo Democrático. ¿Cómo ve esa alianza?

-Creo que fue una decisión privativa de Boric. Cuando se dio cuenta que Jackson no se adaptó al ingreso al gobierno, sencillamente puso gente que no se abrume con este nuevo escenario. 

-En esta dinámica, ¿se vieron obligados a compartir más el poder?

-Sin duda. A veces (el Frente Amplio) se enamoró demasiado de cosas absurdas, como no invitar a la DC al gobierno, y al mismo tiempo hacer un homenaje a Aylwin e identificarse con la DC de los 70. Y ellos mismos generaron la crisis actual: ellos provocaron que gente de la DC esté articulada por completo con la derecha. Eso es en razón de que no los quisiste invitar al gobierno. Efectivamente, los cambios discursivos que hicieron son de magnitudes impresionantes. 

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