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3 de mayo de 2022

Hinde Pomeraniec sobre Vladimir Putin: «Es un emperador al que no le dicen que está desnudo»

Hinde Pomeraniec, periodista argentina especialista en política internacional, acaba de lanzar una nueva edición de su libro “Rusos de Putin: Postales de una era de orgullo nacional y poder implacable”. Basándose en sus viajes al país, todavía marcado por su pasado soviético, la autora caracteriza a la sociedad rusa y a su presidente, hoy en el ojo del huracán por la guerra en Ucrania. “Por primera vez, si no está en riesgo, sí está seriamente (afectado) el poder, y sobre todo la confianza en Putin”, dice en esta entrevista con The Clinic.

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Entender una figura como la de Vladimir Putin, el presidente ruso que hace 22 años mantiene un férreo control sobre su país a punta de un estilo frontal e intimidante, no es una tarea sencilla.

Ex oficial de inteligencia de la KGB, llegó al poder como sucesor de Boris Yeltsin en el año 2000, cuando el recuerdo -todavía fresco- de la disuelta Unión Soviética pesaba en el ideario de una sociedad confundida, que no comprendía cuál era su lugar en ese nuevo mundo, ya sin Guerra Fría ni el peso simbólico de ser una potencia ideológica.  

En ese punto, el liderazgo de Putin empujó Rusia a una nueva fase, con un ciclo de bonanza por el alto precio de los commodities, el surgimiento de una todopoderosa oligarquía, y la aparición de una flamante clase media, ahora con plata en los bolsillos.

Pero quizás lo más importante, explica la periodista argentina Hinde Pomeraniec en su libro “Rusos de Putin” (Planeta, 2022), es cómo el presidente renovó el orgullo nacional de un pueblo que parecía abatido. Del sentirse, una vez más, como una nación protagonista en la historia contemporánea.

El texto, publicado originalmente en 2009, pero reeditado en 2019 y recientemente el pasado abril, compila los viajes de Pomeraniec -con raíces familiares ruso-ucranianas- en Rusia y otros países europeos. Crónicas que, mediante la conversación con locales, caracterizan a la sociedad rusa, y el impacto que tuvo en ella la sombra de Putin.

Hinde Pomeraniec sobre Vladimir Putin: "Es un emperador al que no le dicen que está desnudo"

Hoy, el tema cobra especial relevancia en medio de la guerra en Ucrania, y la autora -quien ha trabajado en secciones de cultura y política internacional de medios trasandinos como Infobae y Clarín- lo sabe, cumpliendo el rol de analista del conflicto en diversas vitrinas.

Aquí, Pomeraniec comenta acerca del difícil momento en el que se encuentra Putin, ante una lenta invasión condenada por Occidente. Asimismo, habla de los rusos, su identidad, su relación con el poder político, y su desconocida vida cotidiana. “Hay algo en la cultura que de por sí es como más ruda”, señala al respecto.

-A poco más de dos meses del comienzo de la invasión rusa en Ucrania, ¿cómo crees que se ha visto afectado el poder y la figura de Vladimir Putin a nivel interno? ¿Qué te dicen tus fuentes?

-Antes que nada, lo que tenemos que aclarar siempre es que las fuentes las tenemos en las grandes ciudades. Es muy complicado. Yo no hablo ruso ni viví en Rusia. Siempre fueron viajes, con la mirada latinoamericana en un lugar tan distinto para nosotros. Siempre traté de no pararme como argentina.

Y es que Hinde Pomeraniec dice sentirse más que nada “latinoamericana” cuando hace este tipo de coberturas. ¿La razón? Venimos de “la periferia”, e independientemente de algunas diferencias que podamos tener entre países, “es la misma mirada para un fenómeno” tan lejano como Rusia y Vladimir Putin.

“Hecha la salvedad, sí me da la sensación de que, por primera vez, si no está en riesgo, sí está seriamente (afectado) el poder, y sobre todo la confianza en Putin. Porque la guerra no es una guerra cualquiera. No es ni siquiera la guerra con Georgia del año 2008. Georgia es donde nació Stalin; es también un lugar muy cercano para los rusos. Sin embargo, Ucrania es familia”, afirma la periodista.

Además, Ucrania “es familia porque es el origen incluso de la religión cristiana ortodoxa”. Y ante esos íntimos vínculos en términos de historia y fe entre ambos países, Putin se esforzó por “completamente derrumbar el sentido de soberanía de los ucranianos” previo a la invasión, según Pomeraniec.

“Tal vez recuerdas que hubo un discurso donde él pone seriamente en cuestión la soberanía de Ucrania. El poder de Ucrania sobre sí mismo”, agrega.

-Y hasta cierto punto, la identidad nacional…

-Por supuesto. Hay algo interesante, y es que el propósito que Vladimir Putin expresa en esas apariciones por TV, en esos días, y sobre todo para el anuncio (de la invasión); lo que aparece ahí es la desmilitarización a través de la vía militar, lo cual es una contradicción en sí misma muy interesante, y la desnazificación de un país presidido por un hombre judío.

La geopolítica del absurdo provoca una breve sonrisa en una de sus estudiosas.

“Es decir, nadie niega que hay nazis en Ucrania”, reconoce Pomeraniec, antes de explicar en detalle por qué esas corrientes fascistas y de ultraderecha no son necesariamente “hitlerianas”. “Hay judíos que también son fascistas”, ejemplifica. “En realidad, lo que Rusia está haciendo es ‘desucranizar’ Ucrania. Lo que está intentado Rusia es quitarle la identidad. ¿Qué pasa? No hay ruso que no tenga pariente ucraniano, y no hay ucraniano que no tenga pariente ruso”.

-En definitiva, eso complejiza el conflicto.

-Y se enfrentan a sus parientes que, en Rusia, les desconfían. Porque sigue la maquinaria impuesta por el gobierno, que se da en la TV (…). Hay una población activa, pero muy grande, que sólo se maneja por la TV. Entonces, ¿Quiénes son los que están más actualizados? Los más jóvenes, y los que viven en grandes ciudades (…). Cuando hablamos del poder esmerilado, estamos hablando de algo que puede llevar mucho tiempo, porque hasta que realmente llegue la verdad de todo esto a toda la población, falta. Yo tengo confianza en los más jóvenes, y en algo que puede suceder y que es durísimo, y que tiene que ver con las madres de los militares muertos. Las madres de los soldados. También las esposas, pero sobre todo las madres de los más chicos. 

-¿Cómo así?

-Porque no estamos teniendo los números de las víctimas, de soldados, de militares muertos. Tenemos números de ciudadanos y de civiles que se encuentran en las poblaciones después que los rusos salen, pero no estamos sabiendo exactamente cuántos son los muertos en Rusia, porque Rusia no da esa información. Porque además son muchos. ¿Qué va a pasar cuando eso finalmente se conozca? 

-Eso de la falta de información es interesante. Pero al mismo tiempo, en el libro, conversas con Ekaterina M., bióloga de aprox. 55 años que trabajaba en el zoológico de Moscú. Ella te dice que la mayoría de la población rusa intenta “escapar de la realidad”, y agrega que “hay una especie de sentimiento compartido de que ganarle al gobierno es imposible, y por eso hay que ‘crearse un jardincito propio’”…

-Es así. Sigue así.

Nuevamente, Pomeraniec remarca que se basa en sus fuentes rusas de las “grandes ciudades”, que a veces son retraídos en sus opiniones y mensajes. “Porque si hay una característica clásica de rusos y aledaños tiene que ver con la desconfianza. Y con la desconfianza con el extranjero, ni hablar. Y la desconfianza con los propios rusos. No te olvides que lo que armó la URSS fue una sociedad completamente policíaca, donde sabías que tu vecino era el comisario político del edificio”, resume.

En sus crónicas, la autora refleja con diversos episodios esa desconfianza, como cuando sus interlocutores se ponían a hablar frente a ella un idioma que ni siquiera su intérprete podía descifrar.

“Y efectivamente, saben que ganarle al caballo que está puesto es como imposible”, dice, volviendo a la pregunta. No existe el espacio para ser un disidente. Cita el caso del líder opositor Alexei Navalny, preso. Del famoso ajedrecista Gari Kaspárov y el escritor Vladimir Sorokin, radicados fuera del país. “Aquello que incluso se toleraba un poco; en este momento no se puede tolerar nada”, sostiene.

-¿En qué se observa esto?

-La palabra guerra no se puede mencionar. Las propias autoridades de Russia Today (RT) aparecen diciendo que la censura es necesaria, porque si no EE.UU. y el Occidente antirruso, y la cuestión de la rusofobia, va a penetrar, y eso no está bien (…). Lo que está haciendo el gobierno en este momento es de un perjuicio a la ciudadanía, y de un daño tan enorme no sólo en términos económicos, si no en términos de imagen. Lo que les costó a los rusos volver al mundo en términos de imagen, es algo que necesariamente va a traer un costo político. Y no sólo por lo que se está diciendo sobre la salud de Putin. Es algo que tiene que tiene que ver con él y los que lo rodean, y no le están diciendo que está desnudo.

-¿Que está “desnudo”?

-Es decir, es un emperador al que no le dicen que está desnudo, y al que le dijeron que podía ganar una guerra en Ucrania. Al que seguramente le dijeron que Zelensky era un pelele que se iba a ir con el primer salvoconducto de EE.UU. Alguien lo tuvo que asesorar para que él hiciera lo que hizo. La movilización que hizo fue para ir a un paseo, no para quedarse, como todo indica.

«Putin no tenía este proyecto de guerra«

-Con todos estos factores sobre la mesa, ¿está Putin ganando la guerra?

-Yo no tengo esa sensación. Primero, porque me parece que pasarían otras cosas si eso ocurriera (…). Esto va a ser largo. Esto va a ser perjudicial. Putin salió hace dos días diciendo que cree en el diálogo. ¿Te imaginas si Vladimir Putin estuviera ganando la guerra va a salir diciendo que cree en el diálogo? El único diálogo posible es “señor retírese”, y pague todo lo que dañó. 

La periodista pasa de inmediato a otro tema clave: “Cuando se habla de una tercera guerra mundial, y uno dice que es una exageración, ¿Es una exageración?”

-Justamente, Putin afirmó hace poco que “si alguien tiene la intención de intervenir desde el exterior” en Ucrania, “debe saber que nuestra respuesta será fulminante”, agregando que “disponemos de las herramientas para ello, de las que nadie más puede alardear”. ¿Ves posible un escenario donde el conflicto escale a un enfrentamiento global?

-Por el lado de Occidente, y por el lado de la OTAN, ya está. Porque no están poniendo los soldados, y no se decidieron a cerrar los cielos, como pedía en su momento Zelensky, pero están entregando armas y asesoramiento. Entregar los hombres es más difícil, porque es difícil de esconder eso. Pero lo otro lo están haciendo, y a la vista de todo el mundo. Creo que si Rusia todavía no escaló por su lado contra el resto, es porque sabe que ahí termina de dinamitar todos los puentes.

“Yo insisto: Putin no tenía este proyecto de guerra. Putin seguramente pensó que, en una semana, igual que lo de Georgia en 2008, lo resolvía. Y volvía con otro trofeo a casa. Porque Crimea fue un trofeo (…). Estamos en un momento en que, así como está cambiando la mirada sobre el sistema democrático, también está cambiando la mirada sobre qué es una guerra global hoy. ¿Qué es una guerra global hoy? Yo creo que Ucrania”, señala.

«Siempre es bastante más complejo que pensar: los rusos son criminales»

Volviendo a esa idea del “jardincito propio”, los medios de comunicación, al menos acá en Chile, dejaron un poco de lado la cobertura de este conflicto. En general, ¿cómo caracterizarías la manera en que los latinos del sur se relacionan o perciben la guerra ruso-ucraniana?

-Lo de mi libro es un claro ejemplo en ese sentido (…). Hay personas que habitualmente no ingresan a política internacional, y sin embargo empiezan a sentirse de algún modo un poco más llamados a hacerlo. A veces también por una cuestión económica, porque se sabe que una guerra como esta, en un territorio como Ucrania, está afectando los precios de los commodities y demás. Pero me da la impresión de que, en general, siempre y sobre todo en los medios más mainstream nuestros, hay como un seguimiento de los medios mainstream en EE.UU., o de Europa.

Es entonces que Hinde Pomeraniec dispara contra el gremio, y dice que “a nadie se le ocurrió -y sé que es difícil- tratar de seguir la guerra desde Rusia”. Porque “los rusos no son Putin. Aunque lo hayan votado, aunque lo hayan querido”. Es una población que prefiere obviar ese lado más oscuro, para centrarse en esa figura que “les devolvió el orgullo perdido luego del colapso de la URSS”, que “les devolvió plata a los bolsillos” y “creó clases medias”.

“Estamos hablando de 22 años de poder, con ingresos muy altos por los commodities, por lo cual hubo mucha gente que nunca había tenido nada, pasó a tener”, explica. “Entonces, siempre es bastante más complejo que pensar: los rusos son criminales”.

-¿Cómo ves la cobertura desde acá?

-Las generalizaciones siempre son injustas. Ha habido notas, columnas de opinión y panoramas políticos… Pero en general, me parece que en el total de las coberturas, estamos bastante de este lado (Occidente). Pero Rusia se convirtió casi en Corea del Norte en términos de información. Hoy no hay información que venga de allá. Se hace muy difícil conseguirla. Lo único que se ve son las barbaridades que ellos están dejando en territorio ucraniano. Y eso es lo que está viendo la mayoría de la gente.

Opina que, usualmente, los corresponsales que viajan desde Latinoamérica no conocen en profundidad la historia y cultura en la zona, y ven “gente petardeada”, corredores humanitarios siendo atacados, con muertes de mujeres y niños, y cadáveres de hombres ejecutados. “Por supuesto que vas a contar esas historias, y eso está bien. Pero el contexto es más amplio”, puntualiza.

-Es un fenómeno enredado que, para comprenderlo, hay que ver todas las aristas…

-En un momento en donde se hace muy difícil ver todas las aristas. Porque en todo te piden polarización. En todo tienes que estar acá o allá. Acá, en la Argentina, a los periodistas que tratan de mirar un poco más allá, en general nos llaman “Corea del Centro”. Trato de no ofenderme.

«Se hizo mucho para producir amabilidad»

-En la crónica “Solidaridad Cero”, de 2008, comienzas afirmando que “los moscovitas no son amables”. Parece que esa frase resume un montón de las interacciones que tuviste. Volviste a viajar en 2019. ¿Cómo ha cambiado esto? ¿Viste una sociedad más abierta a los extranjeros, con todo lo que es la globalización?

-Bueno, yo digo también que en realidad lo que ha cambiado es la tecnología. Entonces, ahora tienes Google Maps, y no tienes que pedirles a los rusos que te ayuden a encontrar algo (se ríe). El Mundial de 2018 fue una bisagra. Se hizo mucho para producir amabilidad. Que no es necesariamente una amabilidad que sale naturalmente de la gente. Pero sí entendieron en ese momento que era importante algo que también se hizo en China, cuando fueron los Juegos Olímpicos. 

-¿Producir amabilidad?

-En general, lo que pasa cuando (estos países) van a abrirse ante un evento importante es que las autoridades quieren aprovechar ese momento. Y eso es lo que hizo Putin por muchos años. Por eso no se entiende lo que está haciendo ahora. 

Lo que la periodista si notó distinto es el recambio generacional, con una nueva camada de jóvenes globalizados. “Y ellos no es que necesariamente sean más amables, porque hay algo en la cultura que de por sí es como más ruda. Pero sí hablan inglés, muchos en las ciudades. Tienen conexiones y amistades por fuera, a través de internet. La tecnología, en ese sentido, les acercó al mundo. Muchos viajaron, y reciben mucho turismo”.

De todas formas, dice se mantiene un ambiente donde las interacciones se ven marcadas por la “rudeza”, la “desconfianza natural”. “Es muy importante cuando uno trabaja con otras culturas el tratar de entender qué les pasa, y las razones de por qué les pasa. Pensar que hubo más de 70 años de una cultura que hacía del secreto y la discreción un eje fundamental… Hay un montón de cosas que nos pueden parecer rarísimas”, comenta.

Sobre este punto, vuelve a resaltar que los más jóvenes “se están alejando de esa figura del ‘homo sovieticus’, de carácter “apesadumbrado, silencioso, desconfiado. Pero falta”.

-Hablamos de rudeza, de desconfianza. Como una mujer occidental que viaja a lo largo de Rusia, y de acuerdo con tu experiencia, ¿cómo opera el machismo en el país? ¿Ha cambiado?

-No, eso no creo que haya cambiado. Pero cambió en los más jóvenes. Siempre separo muchísimo lo que son los chicos más jóvenes, en donde además está el tema de la diversidad sexual. La diversidad sexual se expresa públicamente sobre todo en los más jóvenes. Y va de la mano con el machismo. Porque en la medida que eso se pueda hacer, es que también deja de existir la figura del macho que ataca, siendo violento con las mujeres, pero también con los homosexuales de ambos géneros.

Ese machismo que caracteriza Hinde también se manifiesta, como en otras partes del mundo, en un formato pasivo: “Es el machismo de las flores. A mí me encantan las flores, pero no cuando es sólo eso. O sea, dame derechos, y después regálame flores”.

“Sin embargo, lo que hay que reconocer es que, a lo largo del tiempo, te vas a encontrar con mujeres que conducen subtes, colectivos, o que están en funciones que en muchos países las mujeres no están, o son completamente excepcionales. Pero es una cuestión económica. El machismo cuando esa mujer llega a su casa, lo tiene igual. Aunque trabaje a la par”, sintetiza.

-Para cerrar, una pregunta más ligera. ¿Qué recomendaciones podrías darle a un latino del sur que quiere viajar a Rusia?

-Esperando que la guerra continúe, como continuó la guerra en el Donbás, lo que va a pasar es que entrarán a una Rusia más paria que nunca. Es un universo que yo no conozco, pero lo que sí hay que tener en cuenta para ir a Rusia, China, la India, a cualquier cultura que es realmente diferente a la nuestra; hay que pensar que hay códigos que son otros.

Y lista una serie de elementos, como llevar siempre un celular para manejarse de manera independiente, o leer los libros de Svetlana Alexievich o Masha Gessen, “para entender de dónde vienen estos rusos que van a conocer”. Su propio libro, dice, se ha usado como una guía de viajes tipo “Lonely Planet”.

“Es posible que lo que haya ahora es una gran campaña para recibir turismo, porque van a tener que vivir de algo. Entonces, así como para el Mundial iniciaron una campaña que tenía que ver con la producción de la amabilidad, la reproduzcan ahora con la idea de mostrar que ‘no somos monstruos’ (…).  Hay que ver de qué manera va a pegar la guerra económicamente (en la sociedad) pero, también, moralmente”, finaliza Hinde Pomeraniec.

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