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Nacional

26 de julio de 2022

Miente, miente, que algo queda: cuatro expertos dan claves de alerta sobre la desinformación en tiempos de campaña

AGENCIA UNO

Los comandos del Apruebo y el Rechazo se han enfrentado las últimas semanas acusandose de informar mal a la población para manipular los resultados del plebiscito a su favor. ¿Por qué este se convirtió en el caballito de batalla y cuánto puede mover la aguja? Le preguntamos a expertos y aquí sus respuestas.

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Propiedad de viviendas sociales, derecho al aborto libre, postulación a cargos públicos de condenados a pena aflictiva o los dueños de los fondos previsionales. Esos son algunos de los temas polémicos que durante la campaña para plebiscito constitucional del 4 de septiembre los comandos se han acusado -de lado y lado- de trasmitir desinformación (mal llamadas «fake news») con fines electorales.

Un fenómeno antiguo en las campañas políticas, según dicen expertos consultados por The Clinic. Sin embargo, que se ha visto exacerbado durante los últimos años con la preponderancia de las redes sociales.

Andrés Schermann, director del Magíster de Comunicación Política de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), dice que, por ejemplo en la campaña que ganó Salvador Allende en 1970 o la del plebiscito de 1988 también «los niveles de desinformación eran muy altos. Lo que pasa es que ahora se viralizan muy rápido y algunas redes sociales tienen características que pueden hacer que estos grupos puedan tener mayor niveles de impacto».

Este domingo la desinformación se tomó las discusiones de los estelares políticos por buen rato y eso se reflejó en el espacio cibernético.

En Tolerancia Cero, el periodista Daniel Matamala se enfrentó al vocero de Amarillos por Chile, Mario Waissbluth, por un tuit que este último había publicado hace una semanas y admitió que era falso durante la transmisión.

Por su parte, el ex vocero de gobierno, Jaime Bellolio, tuvo un cruce con el senador Juan Ignacio Latorre en Estado Nacional por los dichos del empresario osornino Pedro Pool, donde ambos se acusaron de difundir mentiras.

¿Cuándo un mensaje puede ser tildado de «desinformación» y cuándo no? ¿Por qué se ha convertido en un caballito de batalla de los comandos del Apruebo y del Rechazo? ¿Qué características tiene este fenómeno y que efecto podría tener en los comicios? Consultamos con cuatro expertos en el tema y aquí te contamos sus conclusiones.

¿Exceso de información?

Una «infodemia» según la Organización Mundial de la Salud, corresponde a una sobreabundancia de información -que puede ser correcta o no- durante una epidemia, lo que hace difícil encontrar fuentes fiables y orientaciones fidedignas cuando se necesitan.

Un fenómeno por el cúal, según Valentina de Marval -académica de la Escuela de Periodismo en la Universidad Diego Portales (UDP) y especialista en fact-checking-, estamos pasando «hace mucho tiempo».

Para efectos de este artículo, acuñamos el concepto en relación a la información disponible respecto del plebiscito que decidirá el futuro de la propuesta de nueva Constitución. Un proceso que comenzó hace semanas y se ha caracterizado por la desinformación, una ventana abierta hace varios años.

«Este tipo de campañas no es nueva. Pero cuando más vimos su expresión fue durante el estallido y con la pandemia. Por lo menos para mí, lo que está pasando ahora era obvio que iba a pasar», sostiene De Marval.

En la misma línea, la codirectora del Núcleo de Inteligencia Artificial y Sociedad de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Ana María Castillo, plantea que «los problemas se nos han ido acumulando y son situaciones que requieren mucho intercambio informativo».

Entramos al proceso constituyente, según ella «con muchas fuentes de información al mismo tiempo y superando probablemente la capacidad de real de estar verificando todo el contenido. Llegamos «sin vacuna» a la Convención en términos informativos, un poco desprovistos de herramientas».

Ingrid Bachmann, académica de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica, también asevera que «Chile viene hace rato con un desorden informativo, con estos ambientes en que circulan verdades a medias, manipulaciones, y también parodias».

¿Es efectivo el fact-checking?

Los últimos años, los especialistas se han preocupado de las consecuencias que trae la desinformación y se han hecho esfuerzos por combatirla.

Sin embargo, hay diversas visiones respecto de la eficiencia de las iniciativas de verificación que se han ido creando.

Bachmann por ejemplo, señala que «los ciudadanos estamos más al tanto del tema» y está «mucho más presente». Pero que el método del fact-cheking para «el grueso de las personas no está tan familiarizado».

«Hay plataformas de verificación que salen a corregir más ampliamente, pero de ahí a saber, por ejemplo, cuanto es de desinformación, es muy difícil, porque en el fondo es como tratar de medir cuánta información está dando vuelta, y cuánto de esa es imprecisa, correcta, con errores, sesgada o manipulada. Y de ahí ingresar a la intención dolosa de querer desinformar, también se vuelve particularmente complicado», sostiene.

Por su parte, Schermann plantea la hipótesis -«habría que probarla»- de que estas estrategias «tienen muy poco efecto».

«Más bien es algo que la élite recibe (…) el mejor ejemplo es lo que pasó con Trump y Bolsonaro. El New York Times, The Washington Post, CNN, todos hicieron el trabajo de chequear datos, pero no tuvo efecto en términos de las decisiones de los votantes. Sobre todo en ambientes polarizados, es una discusión que queda muy dentro de la élite y los periodistas, pero que permea muy poco hacia el electorado», esboza el académico de la UAI.

¿Cómo influencia a los votantes?

Para Ana María Castillo, hoy en día «sin duda» pasamos por un peak de desinformación. Lo que se ha traducido también en un mayor interés de saber qué significa realmente.

Así, diferencia el concepto de «fake news». «Cuando decimos fake news estamos validando un término que lo que hace es denostar el trabajo periodístico, porque fue instalado por políticos (Trump durante su primera campaña presidencial) que en su momento no estaban de acuerdo con lo que los periodistas estaban diciendo de sus acciones o sus mandatos», explica la experta de la U. de Chile.

Pero, ¿podría este problemático fenómeno incidir en los resultados de los comicios?

Castillo dice que sí, pero que en nuestro país «se está dando algo bien interesante que es que la misma ciudadanía se está revolviendo en contra de la información mal entregada».

De Marval especifíca que las consecuencias de la desinformación son «incidir en votos no -o mal- informados» y también «crear imaginarios de escenarios que no son, como lo que ha pasado con esta Constitución que se supone que nos va a quitar la propiedad privada». Estipulados según ella «predecibles y repetitivos que ya pasaron durante el estallido». Tales como la asociación a los sectores progresistas con el terrorismo, o a los más conservaadores con las armas.

Los sectores más permeables a los contenidos propagandísticos -dentro de ellos la desinformación- según Schermann «son los sectores que tienen interés y conocimiento moderados», es decir, los más indecisos.

Pero también influyen mucho las estrategias que se ocupen, las redes ocupadas mensajes y los temas sensibles tratados.

Con todos esos factores, dice el experto de la UAI, los efectos «los vamos a ir viendo con el tiempo».

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