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9 de junio de 2022

La cuenta regresiva de Martín Pradenas: así vive «El Príncipe» su reclusión antes de enfrentar a la justicia

En una semana, el juicio por el caso de Antonia Barra y de las otras cinco mujeres tendrá un cúmulo de pruebas y peritajes que se verán frente a los jueces. En este reportaje, The Clinic reconstruye los hechos en base a las carpetas investigativas y repasa los días en prisión preventiva del emblemático acusado.

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Retornará tal como se fue: vigilado a cada lado dentro de un vehículo y con una escolta que asegure un avance sin contratiempos, sin bultos en el camino. Será la primera vez que pise Temuco después de dos años de prisión preventiva en la cárcel de Valdivia.

No se sabe si al regresar el ambiente estará tan crispado como cuando fue sacado de su casa en 2020, con la calle cerrada para evitar que se llenara de manifestantes indignados, rumbo a cumplir la medida cautelar tras las rejas.

En la ciudad y en el país nadie ha olvidado su nombre y aún hay pancartas con su cara dibujada y rayados en muros que lo declaran violador.

Lo cierto es que Martín Pradenas Dürr (29) asistirá de manera presencial al juicio que parte el próximo 14 de junio en el Tribunal Oral en lo Penal de Temuco, que lo juzgará por siete delitos sexuales en contra de seis mujeres.

De ellas hay una sola que no prestará testimonio. Se trata de Antonia Barra, la joven de 20 años que se suicidó en octubre de 2019 tras relatar a amigos cercanos y a su expareja que durante las Fiestas Patrias de ese año fue abusada y violada por Pradenas después de una fiesta en Pucón.

Para su familia, la agresión sexual que sufrió la afectó al punto que la única solución que vio fue quitarse la vida.  El feminismo internacional plantea este hecho como  “suicidio femicida”, que ha sido tomado en cuenta de a poco en tribunales del mundo, pero que aún no está tipificado en Chile.

Pradenas niega todos y cada uno de los cargos. Sigue firme en su versión y para él lo que pasó con Antonia esa noche fue un encuentro consentido de inicio a fin.

El caso de Antonia adquirió resonancia nacional e internacional, motivó decenas de marchas e inspiró en parte la performance del grupo Las Tesis. El padre de Antonia, Alejandro Barra, inició una cruzada para plantear que la muerte de su hija se debió a un “suicidio femicida” motivado presuntamente por estrés postraumático y por amenazas del propio acusado.

Tras el revuelo causado, las denuncias en contra de Pradenas empezaron a sumarse, incluidas las de mujeres que eran menores de edad cuando ocurrieron los hechos.

La Fiscalía ha adelantado que respaldará las acusaciones a través de 106 testimonios, una veintena de peritajes, prueba documental y material, y una abundante cantidad de archivos extraídos de celulares y computadores, parte de las claves de la investigación.

Serán 37 jornadas de juicio y si llega a ser condenado por todos los hechos que se le imputan Martín Pradenas podría pasar 41 años en la cárcel. Una cárcel que ya lo conoce como “El Príncipe”.

Pradenas en la cárcel

La antigua y rebasada cárcel de Temuco no daba garantías de que Pradenas no fuera objeto de agresiones propias de los “códigos carcelarios”. Gendarmería optó por mandarlo al penal concesionado de Valdivia, de módulos amplios y celdas individuales.

Si su abogado lo había tildado de “actor de cine”, los internos del penal no tardaron en ironizar llamándolo “El Príncipe”. Al principio estuvo aislado por las medidas propias de la pandemia y luego fue llevado a un módulo donde en su mayoría había reos de origen mapuche, según contó a The Clinic un funcionario con condición de anonimato.

Los informes internos dan cuenta de una conducta estable. Salvo un incidente ocurrido en marzo donde fue golpeado por otros reos, su estadía ha sido tranquila. Tranquila como puede ser estar en una cárcel.

De igual forma, Pradenas no es un tema agradable entre los gendarmes. Todo surgió de la foto que tomó un funcionario en que se le ve sentado sobre una banca, tras las rejas. La filtración a los medios terminó con reclamos de parte de los representantes del joven.

El funcionario terminó sumariado y multado con un 50% de su sueldo por tres meses. “En este caso corre mucha plata, que están monitoreando si contamos cualquier cosa por las redes y nadie más quiere terminar multado ni perder la pega”, contó a The Clinic un funcionario que pidió anonimato.

La misma fuente indica que los reos de ese sector se hicieron de un notebook y familiares les fueron llevando memorias cargadas con “películas de acción, sobre todo” y series.

Aquí habría ocurrido la incidencia que más irritaría a la familia Barra: en una redada de rutina en la cárcel, en el módulo de Pradenas se incautaron pendrives y otros artefactos. Todos los incumbentes en el caso revisaron esa y otras memorias y una de ellas estaba cargada con películas, canciones religiosas y escritos, pero también con una alta cantidad de pornografía.

El abogado Javier Jara afirma que en la celda se requisaron varios aparatos y pendrives y que el que contenía pornografía “pudo ser de cualquiera de los que estaban dentro de la celda”

Sin embargo, una de las memorias había material pornográfico de alto calibre era un prendrive que además, tenía fotos de Pradenas, por lo que para la parte querellante no cabe duda que le pertenece al acusado.

Prueba secreta

Por orden del Tribunal Oral y a petición de la defensa de Pradenas, actualmente no se puede mencionar ni difundir las pruebas que fueron aceptadas en la preparación del juicio, aunque algunas circularon profusamente en los medios y siguen disponibles en internet.

Una de ellas es el fragmento del registro en video de la cámara de seguridad de un supermercado de Pucón en que se los ve a ambos caminando a paso lento, deteniéndose a ratos y a Antonia avanzando zigzagueante y con dificultad. Para algunos la escena la muestra sin control de sus movimientos. Para otros se ve una pareja más, caminando post-carrete.

Sin embargo la parte no difundida,  que viene justo después de que es “acarreada” por el acusado hacia una esquina, es la secuencia que podría adquirir tintes determinantes.

Aún con restricciones para hablar de las pruebas,  Alejandro Barra, padre de Antonia, asegura que hay “bastante prueba de contexto que quedó fuera por responsabilidad del juez que habla por sí misma y que revela la conducta sexual del imputado y el agobio que llevó a Antonia a suicidarse en vez de denunciar».

Sus críticas apuntan al juez al Alfredo Cox, encargado del proceso de preparación de juicio oral, que según Barra dejó fuera pruebas importantes presentadas por sus abogados.

«¿Por qué estás con ese hueón?»

“Martín es un chico interesante, tiene aspecto de actor de cine”, afirmó en una audiencia el abogado jefe del equipo de defensores de Pradenas, Gaspar Calderón. Quizás también el propio Pradenas percibía eso de sí mismo.

-¿Por qué estás con ese hueón? – le escribió Martín a Antonia, vía mensaje interno por Instagram, red donde habían interactuado años antes. Así se revela en las carpetas investigativas a las que tuvo acceso The Clinic y a través de las cuales se reconstruye lo que habría ocurrido entre Padrenas y Antonia Barra.

Era 2019 y desde un rincón de la discotheque Black Room de Pucón, Martín Pradenas observaba que Antonia conversaba animadamente junto a la barra con otro joven. Pradenas venía llegando al local con amigos de una “Fonda Electrónica” donde un amigo suyo era el DJ.

Antonia había viajado a Pucón con dos amigas para pasar las Fiestas Patrias. La noche del 18 de septiembre armaron “la previa” en la casa de una de ellas, tomaron champaña. Salieron “prendidas” rumbo a la “Black Room”.

Según el relato de Consuelo, amiga de Antonia, llegaron al local cerca de la 1 AM. Se encontraron con amigos, se separaron, Antonia compartió cerca de dos horas con un excompañero de carrera con el que se topó. Hablaron largo y tendido sobre las relaciones de pololeo que habían terminado los dos hacía poco.

Pasan las horas y en medio de la fiesta Antonia entra en diálogo con Emilio Gobich. Con él estaba cuando Pradenas empezó a mandarle mensajes por Instagram. Él era “ese hueón”.

Gobich dice que en un momento se distrae por pocos minutos. Cuando vuelve a verla, estaba conversando con Pradenas. Al poco rato la ve bajando la escalera de salida con él, como sujetada del brazo. Asumió que Antonia seguiría el carrete en otro lado y no le dio más vueltas.

Aquí nace la parte que juzgará el tribunal.

Martín y Antonia caminaron varios kilómetros a un after o post carrete en la casa donde se estaba quedando Pradenas, arrendada por el amigo DJ. Hay un grupo en plena juerga que advierte que él entra con una chica a una habitación.

En el relato que la propia Antonia hizo a su expololo de lo que pasó en la pieza recuperó la conciencia cuando Pradenas estaba sobre ella en la cama. “¡Sal de aquí mierda!”, le habría gritado, tratando de empujarlo.

Llamó por teléfono llorando a su amigo Felipe Inostroza, al cual se le descargó el teléfono. Luego manda un audio llorando y su ubicación a Consuelo, que partió a buscarla hacia la cabaña en que estaba Pradenas. Ella afirma que éste salió a torso desnudo y tapándose con un cojín, sin hacer caso del estado de conmoción de Antonia.

De lo que pasó ese fin de semana, solo se enteraron cuatro amigos, algunos en los días posteriores. Antonia pidió que por ningún motivo se fueran a enterar sus padres.

Cuenta regresiva para Pradenas

El cómo se empieza a saber del encuentro entre Martín y Antonia sigue una cadena poco afortunada. Martín habría comenzado a ufanarse de lo que había pasado ese fin de semana.

Mientras tanto, Antonia tuvo conductas poco habituales, según sus cercanos. Dicen que sonreía poco cuando su semblante alegre era común según sus compañeros. Pero lo más raro fue que primero faltara a una prueba y que la semana siguiente entregara una en blanco. No era propio de una alumna del cuadro de honor de ingeniería comercial.

Pasan casi tres semanas y entra en escena uno de los personajes clave de la historia, Rodrigo Canario, expololo de Antonia. Pese a haber terminado su relación dos meses antes, al enterarse a través de una amiga de que Antonia había estado con Pradenas, se sintió traicionado.

El sábado 12 de octubre comienza a mandarle mensajes insultantes.

Antonia decide llamarlo y contarle lo que pasó. Llorando le relata lo que recordaba de esa noche y Canario grabó todo el testimonio sin que ella supiera. Ella le contó entre sollozos que había sido violada, que no tenía conciencia del trayecto entre la disco y la cabaña, que cuando reaccionó estaba en la cama con Pradenas.

Canario se juntó con su amiga Carla Pinedo a escuchar el audio. El expololo la llama otra vez y dice que va a ir a su casa a contarle a sus papás. Antonia se desespera, sale de la situación como puede.

En cosa de horas ese audio que registró Pinedo, como si fuera un viral, terminó en el teléfono de Martín Pradenas.

Según consta en los informes de la PDI, Pradenas llama a las 22.07 a Antonia y la llamada dura menos de un minuto en que le recrimina por haberlo involucrado en un audio. Ella no sabe de qué le hablan, que todo lo que le confesó a su ex ya está en manos de otros.

Decide llamar de vuelta a Pradenas y hablan por 17 minutos. De esa conversación no quedó registro.

Al día siguiente, el 13 de octubre de 2019, Antonia se suicidó en el tercer piso de su casa.

El “cambiazo” de celulares

Días después del masivo funeral, el padre comenzó a enterarse de lo ocurrido en las semanas previas a la muerte de su hija. Como trabaja en Santiago de lunes a viernes, fue armando la historia de a poco.

Apenas pudo, junto a sus abogados, comenzó a pedir diligencias a la PDI, entre ellas los dispositivos electrónicos de Pradenas.

Aquí surgen las “pruebas que son parte del contexto” que para Barra pesan aún cuando quedaron fuera del juicio.

“Él entregó un teléfono en la PDI, que lo recibieron como si nada y nosotros nos damos cuenta de que era otro equipo, no el que había estado utilizando hasta esa fecha y dimos la alerta. Ahí también nos damos cuenta de que alguien de la policía tenía contacto con la familia de Pradenas, porque la mamá apareció sorpresivamente a declarar al día siguiente”, dice Barra.

Ese día la mamá de Pradenas declara que en un arranque de ira tiró al suelo y pisó el teléfono hasta destruirlo y dejarlo inutilizable. Luego se lo habría pasado a  Martín. Eso fue a fines de 2019.

“Nosotros insistimos meses en que incluso después de destruido, se podía recuperar la memoria. Seguimos preguntando siempre por ese celular”.

El equipo de investigación dio señales de activación a principios de 2021 y en febrero se supo que este estaba íntegro y en manos de una mujer que lo compró en el comercio informal de Temuco.

Alejandro Barra habría visto el resultado de la recuperación de archivos borrados y asegura que “se encontraron miles de fotos de pornografía, miles de fotos de drogas y audios. Audios en que habla con otros denostando a las mujeres, que a esta le gusta esto, a esta lo otro…un montón de basura. Incluso hay una conversación con una menor de edad en que él le dice que no pasa nada con que hablen, que él sabe borrar los chats”.

Según consta en la carpeta de investigación, el teléfono contenía 14 mil archivos y abundantes fotos de cultivos de marihuana, pastillas de éxtasis, jeringas y hartas imágenes de fiestas. También videos sexuales y un par de fotos de Pradenas que llamaron la atención: él posando junto a prendas de ropa interior femenina a modo de trofeo y otra con el torso desnudo con rasguños en el pecho y hombros, que está fechada poco después de uno de los presuntos ataques sexuales.

La droga G

Hay un audio extraído que hizo sentido en la cabeza de Alejandro Barra. “En un diálogo dicen ´conseguimos unas minas y les damos la G´. Nos pusimos a buscar en Google: un tipo la había usado para violar a 150 mujeres en Inglaterra”.

El GHB o “droga G” es un líquido incoloro fácilmente diluible en otra bebida. La mezcla con alcohol produce inconciencia pero la persona parece seguir estando “presente”. “Las personas actúan normal y después no se acuerdan de lo que pasó”, apunta Barra.

“Un informe del Servicio Médico Legal  -sobre las imágenes del video- dice que la Antonia debe haber tenido una droga que la imposibilita en el desarrollo normal de sus movimientos”.

Respecto a las sustancias presentes en el cuerpo de Antonia al momento de su muerte, pasadas tres semanas y media del día del encuentro con Pradenas, “la gente del SML me dice que en una persona que no consume de forma permanente, el cuerpo la elimina”.

La alusión al GBH no figura como parte de la prueba, pero para Alejandro Barra adquiere todo sentido. “Ella le dijo a su ex, en la llamada `no sé cómo cresta llegué a esa cabaña´. Ella no dominaba la situación”.

Las redes de Pradenas

Cuando se hizo pública la denuncia de la familia de Antonia Barra, el nombre de Martín Pradenas estaba en todos lados. En internet apareció su dirección, foto de Facebook y un dato que fue cobrando atención: el nombre del abuelo de su hija, Francisco Alaniz Porcella.

Alaniz es un empresario conocido en la zona, del rubro de la construcción y el transporte y presidente de la Asociación para la Paz y la Reconciliación, APRA Araucanía, organización que se opone firmemente a las reivindicaciones mapuche en la zona.

Pronto se esparció el rumor de que es Francisco Alaniz quien financia la defensa de Pradenas y todos los peritajes efectuados por su equipo. El abogado Javier Jara, miembro del equipo jurídico, lo desmiente en forma tajante: “ni siquiera conozco el nombre del exsuegro de Martín, menos lo he visto en persona”.

Otro dato a considerar es la acción del juez Federico Gutiérrez en el proceso. En 2020 fue quien lideró la audiencia de formalización de Pradenas, en ese entonces, por cuatro cargos. Él sobreseyó dos de ellos y dejó al imputado con arresto domiciliario.

Fue la Corte de Apelaciones de Temuco la que revocó ambas medidas y envió a Pradenas a prisión preventiva.

Y en 2021, el propio Gutiérrez debió inhabilitarse de la preparación del juicio oral luego que los querellantes detectaran antecedentes de una relación laboral previa entre un abogado defensor y el juez. Este accedió a inhabilitarse voluntariamente y así lo comunicó el Poder Judicial.

El tercer hito también involucra a un abogado, el primero que contrató Alejandro Barra. Se le mencionó el nombre del denunciado y tras oír el segundo apellido, Dürr, ese abogado reaccionó por reflejo. Dijo recordar a una excompañera de ese apellido. Barra y otros presentes tomaron nota de la escena.

Meses después, en las pericias a teléfonos se descubrió que ese mismo abogado “sopló” a sus colegas que se crearía un grupo de Whatsapp llamado “Justicia Para Antonia”, lo que dio pie a que Martín Pradenas entrara con una identidad falsa al grupo con tal de estar al tanto de sus pasos.

Para el abogado Jara “la mejor muestra de que no hay una red de poder detrás de esto es que Martín ha estado todo este tiempo en prisión preventiva”.

Anónimas

El texto de la acusación redactado por el fiscal Miguel Rojas detalla los seis hechos de connotación sexual que involucran a Pradenas. Al revisar esos casos anteriores a lo ocurrido con Antonia, pareciera haber una tendencia cada vez más temeraria en los ataques.

El antecedente más antiguo es de 2010, de acuerdo al relato de P. (de entonces 16 años), una compañera de curso del Liceo Camilio Henríquez que fue a buscar a la casa de Pradenas unos apuntes que le había prestado. Al llegar, él le dice que los tiene en su pieza. Cuando van a buscarlos la empuja y se tira encima de ella para empezar tocarla por todo el cuerpo. El abuso se interrumpió porque sonó el celular de Pradenas. Era su mamá avisando que estaba por llegar.

En 2012, según otra mujer que tenía 16 años coincidió con Martín Pradenas en casa de conocidos. Cuando la vio aislada, se abalanzó sobre ella para bajarle la polera y el sostén, tocarla y besarla contra su voluntad. En su relato ante la PDI dice que se quedó paralizada, aunque luego logró zafar.

El relato de C., que para el mismo 2012 tenía 13 años, da cuenta de un patrón similar al primer hecho. Martín ya tenía 20 años y la había invitado a su casa junto a una amiga. Cuando C. preguntó dónde estaba el baño, Pradenas se ofrece a guiarla: termina llevándola a una habitación y -otra vez- la lanza sobre una cama para besarla y tocarla por la fuerza. A manotazos logra sacar a Pradenas de encima y arranca junto a su amiga.

En 2014 cambian el escenario y las condiciones de las mujeres. Ahora el ambiente propicio para el ataque serían las fiestas y el blanco, mujeres en estado de ebriedad. V. (19) estaba sola y algo alejada del “piño” del carrete, con dificultades para moverse por efecto del alcohol. Allí se repiten los manoseos en pechos y genitales, por debajo de la ropa.

La primera supuesta violación de Pradenas se habría consumado un año antes de la incidencia con Antonia Barra. Otra vez en una fiesta, en un carrete cerca de su casa.

F.(20), al igual que las demás presuntas víctimas, estaba ebria pero en su caso fue más fácil de inmovilizar. De acuerdo a la acusación de la Fiscalía, Pradenas la tomó por las muñecas y la violó al interior de una bodega.

F., con dolor en el cuerpo, moretones y marcas, tenía lagunas de lo que había pasado en la fiesta y por el relato de terceros reconstruyó que había tenido sexo con Pradenas.  Con dudas y confusión, asumió en ese momento que la culpa era suya por haber bebido en exceso.

Además, habría registros en foto y videos del acto sexual que fue compartido entre amigos.

Para el abogado defensor de Pradenas, todos esos hechos previos al 2019 son“situaciones de carácter sexual consentidas que se fueron malinterpretando a partir de los últimos acontecimientos”. Agrega además que cuatro de las situaciones de las que se le acusa “derechamente no existieron”.

El propio Pradenas dijo en declaración grabada en video ante la policía que algunos de esos hechos no los recordaba o no sabía de quiénes le hablaban.

“La tocación, al abuso sexual, con el tiempo no deja huella, un hecho físico, y eso implica que los jueces deban aquilatar los hechos. Pero caer en el hecho de que por la sola denuncia y testimonio de una persona, muchos de ellos a destiempo se sancione penalmente con cárcel a alguien, sin tener un peritaje objetivo psicológico para desterrar cualquier elemento contaminante del relato, a mí me parece que no se puede condenar a alguien solo porque una persona dice que la tocó”, afirma Jara.

Y agrega: “no puedo hablar ahora de los peritajes, pero yo creo que tuvieron un sesgo confirmatorio”.

-¿Usted ve alguna trama detrás del surgimiento de más testimonios contra Martín Pradenas?

“Yo creo que esto es producto de lo que en Chile denominamos funa. La funa siempre va a atraer la atención de personas que quieren hacer notar alguna situación con la persona que es funada para confirmar que esa persona funada es una mala persona y se merece una sanción”.

“El caso de la señorita que falleció es muy lamentable y sin duda ha generado adhesión en la gente y animadversión en contra del que aparece como agresor”.

El suicidio femicida

El exfiscal Carlos Gajardo, Roberto Celedón y la convencional constituyente Manuela Royo son parte del equipo de abogados que representa a la familia de Antonia.

Gaspar Calderón, Javier Jara, Rosemery Contreras y Beatriz Beltrán forman la defensa de Pradenas. Los defensores han planteado en público algunos alcances, entre ellos que en la muerte de Antonia Barra no se puede descartar «acción de terceros”

“Según mi opinión, el suicidio de Antonia Barra, no fue bien investigado. Hay cosas que llaman la atención… eso se va a ver en el juicio oral”, plantea el abogado Javier Jara. El mismo equipo defensor ha asegurado antes que apostará por la prescripción de las denuncias más antiguas.

Más allá de toda verdad jurídica, la convicción de Alejandro Barra es que su hija esa noche fue drogada con GBH y que Pradenas registró en fotos o videos la violación. Luego, cuando supo que Antonia había afirmado que fue violada, la llamó por teléfono y amenazó con difundir el contenido en internet.

“Eso fue lo que a la Antonia la desarmó, el quedar expuesta ante todo el mundo”, afirma con seguridad.

“Lo que ocurrió aquí es un suicidio femicida, eso que no está en la legislación chilena pero sí en tratados internacionales. En otros países se penaliza el sometimiento de una persona a otra y Pradenas hizo eso con Antonia y otras víctimas para amenazarlas”, insistió.

El querellante Roberto Celedon fue quien ideó recurrir al tratado Belem do Pará, destinado a erradicar la violencia contra la mujer. Data de 1994 y fue el primer tratado internacional de Derechos Humanos enfocado específicamente a la temática y la violencia contra las mujeres. Define la violencia contra la mujer como una violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, y consagra el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia tanto en el ámbito privado como en el público.

En ese sentido, el padre de Antonia asegura que en base a esto “hemos puesto las pruebas de contexto de la violencia sexual ejercida como detonante del suicidio por estrés postraumático”.

El factor López

El caso del cineasta Nicolás López, condenado a cinco años de cárcel por abusos sexuales es el referente más cercano en el tiempo. En la opinión pública quedó la impresión de que no es imposible llegar a penas de cárcel.

Tanto el abogado de Pradenas como Alejandro Barra establecen paralelos con el juicio a López.

“En el caso de López la forma de llevar las pruebas fue muy distinta, las versiones fueron surgiendo a lo largo de mucho tiempo. Nosotros nos encargamos de que el relato de las víctimas fuera validado por el Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (Cavas) para ver si las denunciantes mienten o no. Eso a ellos se les fue” dice Barra.

El abogado Jara asegura que en la búsqueda de testimonios para denunciar a Pradenas hubo “un ánimo de funar” y que en la actualidad “existe conciencia de perseguir los delitos sexuales, pero en los juicios se está estableciendo un estándar de prueba bastante bajo”.

Jara y la defensa siguen optimistas de que la prueba va a hablar. Al intentar contactar a la familia Pradenas a través de los abogados, prefirieron que se mantengan en silencio hasta hablar en el juicio.

Alejandro Barra confía en que las pruebas son “contundentes” y en que el juicio va a terminar en condena. “Recién después de eso voy a empezar a vivir mi duelo”.

El próximo martes 14 de junio, a las 9. AM, desembarcará Martín Pradenas en el Tribunal de Temuco. Los familiares de los involucrados tendrán que armarse de paciencia para estar 37 días pendientes de la transmisión del juicio. Pradenas verá pasar al menos 100 personas dispuestas a poner en duda su inocencia, mientras sus abogados siguen confiados en sus medios.

Treinta y siete días para saber qué pasó con seis mujeres, incluida Antonia, la que no podrá estar.

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