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26 de junio de 2022

Diego Schalper, secretario general de RN: “Hubo un momento del país en que la centroderecha encontró el techo de su caja de herramientas”.

Diputado Diego Schalper Agencia Uno

El diputado del autodenominado sector “solidario” de Renovación Nacional, hace un llamado a que el cambio constitucional “sea capaz de sobreponerse a la polarización”, se desmarca del liberalismo clásico y aboga porque el nuevo proyecto de desarrollo de Chile “asegure que el Estado establezca ciertos pisos mínimos de dignidad a todas las personas”. Además, en esta conversación hace un mea culpa sobre cómo la “pasión” por la política le ha llevado a cometer errores que quedarán para siempre en Internet. También habla sobre sus nuevas pasiones: Pokémon y el mundo gamer.

Por Rodrigo Cornejo Z.

Se acercan meses importantes para la vida de los chilenos en los que deberán decidir si aprueban o rechazan el borrador de nueva constitución, y para Diego Schalper, el secretario general de RN, no se trata de una decisión que acabe ahí. En la interna del partido, aseguran, intenta aleonar las huestes para un “rebaraje político” que producirán los resultados del plebiscito, donde los moderados y los matices ideológicos podrían adquirir mayor protagonismo. 

Porque para el diputado del distrito 15, en esta votación los chilenos deberán elegir entre “dos constituciones insuficientes”, y la pregunta que la clase política y la ciudadanía deben empezar a hacerse según el parlamentario, es cuál es el texto que “nos permite construir reformas razonables desde el cinco de septiembre de manera más eficiente y nítida”.


— ¿Usted va a aprobar o a rechazar en el plebiscito del 4 de septiembre? ¿Por qué?
— Antes de entrar a la definición es súper importante reflexionar lo siguiente: Yo creo que los convencionales lograron algo que es realmente sorprendente políticamente, que es lograr primero tener peor valoración que cualquier otra institución hoy día. Lo segundo es pasar de un 78% de apoyo que tenía el apruebo a un prácticamente 12 o 15% hoy día. 

Uno aspiraba a que la pega de los convencionales se tradujera en entregarle al país un texto que resolviera lo que se ha llamado el conflicto constitucional. Pero en realidad es una cuestión más de fondo. Son definiciones sobre cuál es el modelo de desarrollo que tiene que tener Chile. Y no solo no la resolvieron, sino que profundizaron el problema y eso yo creo que se refleja en que hoy solo un 12 o 15% de personas consultadas en los estudios de opinión esté dispuesto a aprobar esto como está.

El 4 de septiembre nos vamos a enfrentar a un dilema bien complejo, donde van a estar arriba de la mesa dos constituciones insuficientes, porque por un lado la constitución actual es evidente que es insuficiente. 

—Pero votó por el rechazo en el plebiscito de entrada.

— No fui capaz de advertir el ímpetu de cambio que teníamos en Chile. Esto se tradujo en la frase rechazar para reformar, porque de alguna manera en mi conflicto me daba cuenta por un lado que la Constitución actual era insuficiente y por eso intentamos introducir proyectos de reforma constitucional a comienzos de 2020. Finalmente me convencí por el ambiente que me tocó vivir en mi primer período parlamentario, de que no había ningún interés de construir algo en común. 

El proyecto político del Frente Amplio que encuentra su origen en el primer estallido social el año 2011 en Chile con el movimiento estudiantil no pretendió ni pretende construir algo que abarque a todos. Una entrevista reciente de Fernando Atria, donde dice que “no hay nada que se requiera reformar”, es la expresión más nítida de eso. 

El 4 de septiembre vamos a tener un dilema donde los chilenos van a tener que escoger entre dos malas constituciones, insuficientes. La pregunta tiene que ser cuál es el texto que nos permite construir reformas razonables, más eficiente y nítidas desde el 5 de septiembre. La Constitución del 80’ en su origen también tenía insuficiencias y con el plebiscito no va a resolverse el problema constitucional, porque los convencionales fracasaron.

También se va a iniciar un proceso que yo intuyo terminará en un plebiscito coincidente con la próxima elección presidencial, donde se va a volver a conversar sobre cuál es -ojo-, no la constitución que necesitamos, sino el modelo de desarrollo que necesitamos. Y ahí yo creo que lo que se viene es un nuevo texto. Y es ahí donde habrá un rebaraje de las fuerzas políticas de Chile, y ahí la responsabilidad es entregarle al país una nueva Constitución, un cambio constitucional que sea capaz de sobreponerse a la polarización. 

— ¿Entonces el plebiscito del 4 de septiembre no tendría relevancia política más allá de los cambios institucionales que traiga o no ?

— Los procesos que activaron este cambio -el 18 de octubre y el 15 de noviembre- detonaron toda la insuficiencia política de mi sector: no teníamos nada que ofrecer en ese momento histórico del país y por lo tanto, lo único que quedó fue ponerse de acuerdo en la tesis que levantaron aquellos que venían originalmente de los sectores más radicales.

Se detonaron por un lado todas las carencias de la centroderecha, de tener un proyecto político más allá de la pura tecnocracia. La carencia de la centroizquierda de tener un proyecto más moderado que lo que ofrecía el Frente Amplio y, por decirlo así, la capitalización del Frente Amplio de algo que venía transmitiendo desde el año 2011 y que ha venido construyendo. Y el drama que tienen es que esta convención llamada a cumplir esta tarea, lamentablemente no solo no aprovechó la oportunidad, sino que la tiró por la borda. 

— Vuelvo a un punto anterior ¿Cuál es el problema constitucional no resuelto? Porque usted y yo sabemos que las encuestas son sólo una muestra y no puede ser la única vara con que se mida el desempeño de los convencionales. 

— Detrás de la palabra Constitución hay una disputa sobre el modelo de desarrollo. Es la lucha que hay entre aquellos que creen que el modelo de desarrollo necesita poquitos cambios que yo le llamo ‘los economicistas’ y aquellos que creen que el modelo de desarrollo de los últimos 30 o 40 años ha sido básicamente lo peor que le ha pasado al país en su historia, que yo les llamo “revolucionarios latinoamericanos”. Como el país lo hemos tenido tensionado estos dos polos. 

Por eso la pega que vamos a tener desde el 5 de septiembre es titánica. Es respondernos los chilenos cómo hacemos para sobreponernos a esta pelea de ‘apóstoles’ del modelo y ‘refundadores’ del modelo.

—Y si las muestras fallan y el escenario fuera 70/30 o incluso 80/20 (o para el apruebo o para el rechazo) y no existiera tal polarización ¿Cómo debiera reaccionar su sector?
— Una de las cosas especiales de este proceso es que el plebiscito va a cruzar completamente el eje derecha-izquierda. Gente que tradicionalmente ha sido de centro izquierda votará por rechazar. Y como esta definición no va a ser sobre una persona, sino que va a ser más bien sobre un proyecto de sociedad, yo creo que esto va a tener como consecuencia un rebaraje total de la diada radical, la del blanco y negro. 

Dudo mucho que se vaya a imponer algo de manera muy abrupta y esto va a quedar definido en los márgenes y es por esto que a emerger un impulso fuerte por introducir modificaciones al texto que regirá en el futuro, y ese ímpetu de reformas va a ser un segundo aire para aquellas fuerzas que han estado en silencio. 

Hemos vivido escenarios complejos porque hemos tenido una centroderecha incapaz de levantar un proyecto político que trascienda la pura técnica o la pura gestión y por otro lado una socialdemocracia que no ha sido capaz de articular un planteamiento político que marque deslindes claros con lo que representa el Frente Amplio. 

Boric, se apoyó en la centroizquierda para alcanzar la Presidencia. No le bastó el proyecto del Frente Amplio y la izquierda latinoamericana. Los ministros que mejor se desempeñan parece que son los de la centroizquierda, porque si uno pudiera decir quiénes son los que hoy día están dando la nota son Mario Marcel y Monsalve y los que pertenecen al proyecto fundacional de Gabriel Boric, que sacó un 22 23% de los votos, son los que no están dando la nota.  Entonces, mi impresión es que viene un segundo aire muy potente de la centroizquierda y el centro derecha. 

— Y en ese segundo aire, ¿cuál es el rol que pretende?

— Hemos tomado conciencia de que Chile no resiste más esta defensa irreflexiva y acérrima de ciertos postulados, sino que requiere cierta audacia y cierta novedad. Tenemos que transformar esas propuestas críticas en un proyecto político y en eso al menos quiero contribuir. 

— Entonces ¿cuál es la estrategia de su sector para los días posteriores al plebiscito? Ambos polos políticos se han acusado mutuamente de desinformar a través de las mal llamadas “fake news”, y sabemos los riesgos que eso conlleva. 

— La centro derecha no es algo uniforme. Yo por lo menos me siento muy interpretado por el esfuerzo que intentaron hacer desde distintas partes: Barbara Rebolledo, Hernán Larraín Matte o Ruggero Cozzi, personas que intentaron entrar en diálogo y salir de simplismos. Porque cuando usted transforma la conversación de temas tan complejos como la forma de estado o la forma de gobierno en lo que sea, en el viaje hacia el simplismo, obviamente cometes el error de simplificar mucho la realidad. 

—¿En qué se ha cometido ese error?

— La discusión no se puede dar únicamente entre aquellos que desconocen a priori que hay deudas pendientes con los pueblos originarios de Chile, y entre aquellos que creen que cualquier cosa distinta a la plurinacionalidad al estilo de Álvaro García Linera (ex Vicepresidente de Bolivia) implica no estar a la altura de los tiempos. El mundo no se mueve en esa lógica binaria. Me parece que nos tenemos que sincerar. 

La manera en como ha quedado redactado el texto de la Constitución, atribuyendo como derecho colectivo de las autonomías territoriales indígenas el autogobierno, la existencia, la propia normativa, el pluralismo jurídico; a decir que los procesos se van a tramitar de acuerdo a la normativa específica de los pueblos originarios, cuestión que no tenemos dónde encontrar porque uno de los triunfos del mundo occidental respecto a lo que era el antiguo derecho, es que la escrituración, la constitucionalización, la creación de códigos, lo que busca es tener textos legales escritos a los cuales podamos apelar el día de mañana. 

— ¿Y respecto de cómo se reconstruye el Congreso, la eliminación del Senado…?

— La Cámara de las Regiones es una mala copia del Bundestag. Porque, ¿qué es lo que hay detrás? Está la idea de que en el Congreso las regiones se representen de manera equitativa; pero de manera muy antojadiza se agregaron atribuciones que se parecen, algunas al Senado actual, otras al parlamento alemán y otras a gobiernos federales latinoamericanos. 

Veo una intención de innovar de manera poco rigurosa en todo el Estado regional. Cuando usted me dice que vamos a tener asambleas regionales, pero no me explica qué va a pasar con el actual Core. Cuando usted me dice que vamos a tener asambleas locales porque no se llaman comunales, no nos dice con claridad hasta qué va a pasar con el Concejo Municipal o cómo van a dialogar estas instancias. ¡¿Qué significa -perdóneme- que tenga relaciones internacionales!?.

La realidad es más compleja que el simplismo binario de creer que o se hace una cosa como la quieren los sectores tradicionales de la centroderecha o como la quieren los sectores de la izquierda radical. Hay muchos matices entremedio y me parece que fue precisamente eso lo que fracasó, hoy lo que necesitábamos era buscar acuerdos razonables que le permitieran al país mirar los próximos 40 años con cierto nivel de certeza.

— Pese a que varios exponentes de los centros de pensamiento ligados a la derecha y la centroderecha han intentado, al analizar el borrador de la constitución, no caer en el reduccionismo trayendo a la mesa ejemplos como el de Venezuela o Cuba, algunos de ellos terminan haciéndolo igual. ¿Cerca de qué país nos encontraríamos en caso de que triunfara el Apruebo? 

— El texto de la convención es difícilmente clasificable porque mirando cómo se construye un estado regional, se parece mucho a Argentina; con algunos insertos del Bundestag, pero en aspectos como la plurinacionalidad se asimila más bien a las cartas de BoliviaEcuador. Yo creo que si uno hace un análisis frío, cuando a mí me dicen, por ejemplo, he escuchado a convencionales hablar de Canadá o Nueva Zelanda, pero con una gran diferencia porque ambos se rigen por el derecho anglosajón, responde a la lógica de precedentes jurisdiccionales.  

Entonces parte del problema de este texto es que en vez de ser propia, por decirlo así, terminó siendo una componenda entre distintos grupos de interés que trataron de transformar la Constitución en un lugar donde se vertían sus intereses. Y eso yo creo que no es bueno, porque las constituciones lo que tienen que aspirar es hacer un espacio de encuentro.

— ¿Dónde puede ver usted espacios de encuentro en el texto elaborado por la Convención? Diego Schalper, secretario general de RN ¿ha visto pasajes valiosos en el borrador?

— Hay cosas que van en sentido correcto, pero me parece que se excedió en el tono general de la conversación. Me parece valioso que hayan hecho propio el principio de responsabilidad fiscal. Después, todo lo relativo al derecho al asilo también me parece interesante. Me parece interesante el incorporar el derecho a la vivienda como un derecho social más. Creo que es un error no haber incorporado el derecho a la vivienda ‘propia’. Ahí me parece que que tenían la oportunidad de haber otorgado un espacio valioso. 

Después, el derecho al consumo del agua potable, pasar de una lógica de derecho a aprovechamiento a uno de permiso administrativo. Me parece que es importante dar preferencia y prioridad en favor del consumo humano por sobre otro tipo de consideraciones. 

Me parece valiosa la inclusión de los deberes que tiene el Estado respecto a las personas con discapacidad y también con la igualación entre hombres y mujeres con un poquito más de ambición que lo que lo hace hoy la carta fundamental vigente.

—¿Pudo ser mejor?

— Hubiéramos logrado algo mucho mejor. Yo no tengo duda que el motor de cambio del modelo de desarrollo chileno y lo que aspiran aquellas personas que en el 2019 se movilizaron masivamente, tiene más que ver con que nosotros, la clase política, garanticemos ciertos pisos de dignidad social. 

Yo creo que el Estado social de Derecho, para mí, por lo menos hoy día, es un piso de conversación. Espero que eso se apruebe. Soy más partidario del Estado solidario.

Chile: del «sálvese quién pueda» a un estado solidario

— ¿Cómo debe ser en Chile un estado solidario, Diputado? 

— Un estado comprometido con garantizar ciertos pisos mínimos y con estimular y favorecer el que tanto el sector público como los sectores de la sociedad civil organizada den garantía de esos mínimos. 

— ¿Cómo lo traducimos en, por ejemplo, el derecho a la salud? 

— Hay que reconocer sin pedir permiso, que la salud pública chilena no tiene la capacidad de hacer la cobertura total de los requerimientos de salud y por lo tanto, en vez de cometer el error de decir que los derechos de salud solo se asocian al sistema público, hay que mirar modelos como el alemán, el suizo, donde los sistemas mixtos le exigen a los privados también ciertos mínimos. 

Por ejemplo, nosotros podríamos decir “mire usted, aunque sea afiliada a Fonasa, si en determinado plazo no encuentra respuesta en el sistema público de salud, el sistema privado va a estar obligado a atenderlo a usted de acuerdo a los aranceles de Fonasa. Esos son sistemas mixtos solidarios. 

— Diputado, quisiera interrumpirlo porque es clave lo que me está diciendo. Usted habló de derecho a vivienda propia – y no sólo a vivienda, ahora me está diciendo que el Estado no debe aparecer sólo cuando el privado no puede llegar: a fin de cuentas me plantea que usted cree que la subsidiariedad, un principio fundador del modelo político, económico y social que defiende la centroderecha como pilar estructural; dejó de ser suficiente y útil. ¿Es correcto?

— En Chile el concepto de subsidiariedad está asociado a una lógica individualista que no da cuenta de la profundidad del principio. Después de haber tenido la suerte de estudiar en Alemania el Estado Social de Derecho, que en definitiva entiende la subsidiariedad como una especie de omisión que adquiere vida condicionalmente, esto se transforma en una especie de ‘sálvese quien pueda’, y lo que más bien usted tiene que asegurar es que el Estado genere las condiciones que permitan a todos poder decirse realmente libres.

Hoy ser defensor de la economía social de mercado es creer en un Estado activo, promotor, que ayuda a las personas a organizarse, no un Estado que observa la realidad desde la galería, como quizás defendían algunos en algún minuto. 

— ¿Por qué decidió entonces militar en Renovación Nacional y no, a tabula rasa, construir una opción distinta para un sector que se veía desafiado electoral e ideológicamente?
— Aquí quiero ser bien franco. Este nuevo Parlamento por primera vez se iba a componer de manera proporcional, entonces resultaba evidente que iba a abrir un espacio de nuevas correlaciones de fuerza. Entonces abría un espacio para poder presentar nuevas aproximaciones desde la derecha.

Y creo que no nos equivocamos, porque no fue casualidad que en el programa de gobierno de Sebastián Piñera, uno de los cuatro principios fuera la solidaridad. Usted sabrá que eso no fue gratis. Se generó con mucho diálogo, con mucha conversación, con mucha resistencia de ciertos grupos que miraban con muy malos ojos la incorporación de ese principio.

Entonces, al final la pregunta de la política no es construcción de castillos en el aire sino que le permite elegir cómo usted, dentro de las alternativas que se le ofrecen, tiene posibilidad de promover aquellas ideas que estima correctas.

«Esa centroderecha de gestión es extremadamente útil o buena cuando se trata de gestionar vacunas o de sacar a los mineros bajo tierra, pero es muy poco eficiente cuando se trata de administrar procesos políticos». 

La derecha buscó y encontró su techo

— Usted menciona a Sebastián Piñera. ¿Qué decisiones que tomó él durante su segundo período usted no compartió o no comparte aún?

— No creo que fueran decisiones de una sola persona, pero hubo un momento del país en que la centroderecha que “encontró el techo de su caja de herramientas”.

Déjeme explicarle a qué me refiero. Después del primer estallido social de 2011, Michelle Bachelet hizo propio el proyecto del movimiento estudiantil. A partir de ahí intentan un proyecto bastante innovador en materia tributaria, en materia educacional y digamos las cosas como son, no lo logran gestionar bien.

Sebastián Piñera es electo presidente por segunda vez, básicamente porque los chilenos, si bien seguían dándose cuenta de los déficits del modelo de desarrollo, encontraron tan mala la capacidad de gestión del segundo gobierno de Michelle Bachelet que vuelven a confiar en la capacidad de una centroderecha con gestión para conducir.

Y el problema es que esa centroderecha de gestión es extremadamente útil o buena cuando se trata de gestionar vacunas o de sacar a los mineros bajo tierra, pero es muy poco eficiente cuando se trata de administrar procesos políticos. 

En 2019, la reacción del Presidente Piñera en pleno momento de ebullición fue dar una cadena nacional donde enumeró cosas que posiblemente para mi sector político hubiese sido imposible plantear y la reacción fue de un millón y medio de personas en la calle. 

El problema ese minuto era la centroderecha, no es atribuible a Piñera, porque el sector habla en clave tecnócrata, cuando lo que estaba en disputa era una cuestión profundamente política. Yo creo que la caja de herramientas de mi sector político hoy tocó techo.

La centroderecha que de alguna manera respondía a los problemas de la política con medidas técnicas le había permitido a Sebastián Piñera llegar al Gobierno, porque el gobierno anterior lo había hecho muy mal. Y en este gobierno -acuérdense de mí también- sera su gran problema y lo van a terminar haciendo muy mal. 

— ¿Pero el mandatario fue inefable entonces? ¿Dónde estuvo su talón de aquiles? 

Cuando hubo una sobredosis de entusiasmo, en la víspera de la COP25, por ejemplo, pero también es una responsabilidad de toda la centroderecha. No se captaba que la pura gestión sin capacidad de empatizar con los dramas sociales, sin capacidad de introducir reformas políticamente complejas pero necesarias, sin capacidad de generar una cultura de interacción con las comunidades de base no iba a tener viabilidad. 

Y yo creo que eso se refleja precisamente en la incapacidad que tuvo el gobierno de enfrentar el estallido social. Pero de nuevo, no es un problema de Sebastián Piñera como persona. Es un problema de que la derecha en sus coordenadas hasta ese minuto tocó techo.


— Si usted hubiese sido parte de la directiva de RN el 15 de noviembre del 2019, ¿habría firmado el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución?
— Mire, lo voté a favor en el Congreso, después de una larga reflexión, y lo hubiera firmado si me hubiese tocado hacerlo ese día, porque creo que la centroderecha chilena no tenía una propuesta alternativa. El costo de haber tenido un enfrentamiento tremendo en la calle hubiese sido imposible. Como dice Daniel Mansuy, de alguna manera “pagamos el silencio” de los artificios de mucho tiempo. 

— ¿En qué se quedó callado su sector?

— No se preocupó de darle legitimidad social a su planteamiento y la centroizquierda no se preocupó de defender la importancia de su obra de la transición y, por lo tanto, en ese momento histórico, el único proyecto político con fuerza que estaba puesto arriba de la mesa era el del estallido social y el del Frente Amplio.

— Y haber suscrito este acuerdo, tuvo implicancias no deseadas para su sector, ¿o no? 

— Me habría gustado un poquito más de complicidad en los días posteriores, porque para mí una de mis grandes decepciones donde me terminé de convencer que no había ambiente para construir una hoja de ruta de unidad para el país, fue que en el minuto en que la gente de la izquierda radical tenía que devolver la mano y colaborar al éxito del gobierno, empezaron a pedir la renuncia del presidente y empezaron a acusar constitucionalmente al presidente y a los ministros.

— ¿Se sintieron traicionados entonces?
— A mí me desilusionaron varios de los líderes de la centroizquierda izquierda chilena en ese trance histórico, yo hubiera esperado que ellos entendieran que las democracias se cuidan no en los momentos de normalidad, sino en los momentos de dificultad y en ese momento impuso una mirada que no le tiene mucho aprecio a la democracia en sí, sino que más bien la aprecia en la medida en que le favorece sus ideas. Y eso es muy lamentable, porque el ser demócrata cuando a las ideas de uno les va bien puede ser grato, pero se es mucho más demócrata cuando a las ideas de uno no les va bien.

«Muchas veces escucho a gente de mi sector diciendo que el sector tuvo un problema comunicacional. Están equivocados. No es un problema comunicacional, es un problema de cómo construir una propuesta política que haga sentido y que sea fácilmente defendible en foros estudiantiles, en los liceos, en el mundo de las organizaciones».

Schalper y la izquierda: pelearle espacios y reconocer al adversario político

—  En una entrevista dijo que la derecha se ha restado de instancias por falta de relato y coordinación en espacios donde debiera estar. Dijo que había que pelearle espacios a la izquierda, donde ella tiene la hegemonía. ¿Qué espacios está dispuesto hoy a pelearle la centroderecha a la izquierda? ¿Hay ánimos para pelear esos espacios?
— Sí. Citando a Moisés Naí, el poder se ha dispersado. Y en mi sector político no lo entendimos. El primer espacio que no disputamos fue el mundo de la educación, donde nosotros no estábamos en la disputa estudiantil, no estábamos en el mundo de los liceos, nos habíamos restado de la discusión en la educación pública.

Después, en el mundo de las organizaciones sociales o no gubernamentales, donde mi sector político desafortunadamente no entendía la relevancia de estar ahí y tercero, no estuvimos en la discusión de los temas de los medios de comunicación de vanguardia. Ahí hay que reconocer que los sectores de izquierda tuvieron más capacidad de llegar a esos mundos y por eso hoy día tienen por la mezcla estas tres cosas más llegar a los públicos más jóvenes. 

Pero al final uno no puede promover lo que no tiene. Es decir, la tarea es más de fondo. Muchas veces escucho a gente de mi sector diciendo que el sector tuvo un problema comunicacional. Están equivocados. No es un problema comunicacional, es un problema de cómo construir una propuesta política que haga sentido y que sea fácilmente defendible en foros estudiantiles, en los liceos, en el mundo de las organizaciones. Y yo creo que tenemos todo para hacerlo, pero para eso tenemos que desprendernos de ciertas complejos o ciertas ciertas ineficacia propias de nuestra manera de enfrentar la política, que es muy instrumental muchas veces, y entender que lo que la ciudadanía está esperando hoy día es cuál es el modelo de sociedad que le vamos a ofrecer a sus hijos para tener mejor calidad de vida, más libertad y más capacidad de participar de un desarrollo que a veces han mirado desde demasiado lejos. 

Hay que tener claro que parte de la tarea es ir a desafiar a la izquierda radical, en aquellos lugares donde muchas veces la gente escucha monólogos, pudiendo escuchar diálogos. Y ahí la pega que tenemos en el mundo sindical o gremial es tremendamente importante.

— ¿Qué atributos rescata de la ministra Camila Vallejo?
Coincidí con ella varios años en la comisión de Educación y la verdad es que yo de lo que más valoro de ella es que de verdad vibra con la política. Es alguien que además de creer profundamente en las ideas que defiende, de verdad quiere hacer política, quiere hacer cambios y eso es muy valioso porque te abre espacios de conversación. Camila lejos de ser alguien que no escucha, está dispuesta a conversar y a llegar a acuerdos. 

— Y del ministro Jackson. Entiendo que usted lo conoció en su período escolar. 

— Giorgio tiene un desafío no menor porque creo que muchas veces es precipitado y eso lo hace ser percibido como alguien que no escucha tanto. Y yo creo que ahí tiene mucho para crecer. Yo creo que es un hombre muy inteligente, muy estudioso. Pero muchas veces le falta esa capacidad de tener más calma y menos y menos precipitación.
— Y con el Presidente Boric.
— Nos tenemos mucho respeto político las veces que hemos tenido que interactuar políticamente. Yo valoro mucho en el presidente lo político que es, de verdad entiende que la política se construye sobre la base de llegar a acuerdos, de correr riesgos, de dar pasos difíciles e incluso incomprendidos por aquellos que uno muchas veces son los que lo apoyan. 

Creo que tiene una tarea no fácil porque está teniendo que lidiar con algo que es difícil verlo hasta que te toca. Hoy su gobierno tiene una sobreestimación de su capacidad de gestión gubernamental y se están dando cuenta de que la falta experiencia no es solamente una crítica, sino que es una realidad de la cual se van a tener que hacer cargo.

— Usted es un año mayor que Gabriel Boric. Y la muralla de las edades para gobernar el país ha quedado deconstruida. ¿Es una oportunidad para Diego Schalper de liderar un proyecto político de la oposición en una candidatura?

— Mire, uno de los problemas de mi sector es que siempre piensa que los problemas los va a resolver alguien en particular: Sebastián Piñera, Joaquín Lavín en otro minuto: alguien. 

Yo creo que eso no es así. Yo creo que la gran tarea nuestra es ofrecerle al país un proyecto político, y la decisión de quién lo encabeza es la decisión final. Me da la impresión que mi sector parte al revés. Dice “este es el que lo va a liderar” y aquí tiene que ser exactamente al revés. Entonces yo me la quiero jugar porque junto a otros incluso más allá de la centroderecha, le podamos ofrecer al país primero un proyecto político, y al final del camino veremos quién es el llamado a liderarlo. Y me voy a poner con toda alegría detrás de alguien que pueda encarnar ese proyecto.

— ¿Y con esa misma alegría se pondría adelante?
Es que yo creo que el que está en política en serio no puede rehuir ponerse adelante si el proyecto político lo exige.

Me preocupa mucho la sobredosis de individualismo en la que estamos inmersos. Que va desde el exceso de presencia de las pantallas en la cotidianidad de nuestras vidas, del deterioro de las relaciones interpersonales, de los espacios públicos, de los compromisos. 

«Me preocupa mucho la sobredosis de individualismo en la que estamos inmersos. Que va desde el exceso de presencia de las pantallas en la cotidianidad de nuestras vidas, del deterioro de las relaciones interpersonales, de los espacios públicos, de los compromisos».

Diego Schalper y el multiverso de la política chilena

— Saltemos trece, catorce años atrás en el tiempo. Usted en 2008 y en 2009 iba a ser el candidato seguro del gremialismo para presidir la FEUC. Iba a ser una suerte de selección por aclamación popular dentro de su sector y no lo fue. En 2009 incluso se le consideró capaz de vencer a la Nueva Acción Universitaria, el bloque de centroizquierda que comenzaba a consolidarse, y que tendría seis años consecutivos la Federación, con nombres como el de Giorgio Jackson, Noam Titelman, Diego Vela o Miguel Crispi, todos hoy en la primera línea de trabajo del gobierno. ¿Se arrepiente de no haber sido el candidato? ¿Estaríamos en un ciclo político algo distinto?


— Mire, siempre es fácil decir que uno debe irse cuando viene el tiempo. y creo que Cristian Benavente (el candidato que perdió frente a Miguel Crispi en 2009) fue muy valiente porque asumió un desafío sin buscarlo.

Yo creo que las elecciones siempre se ganan, entonces no me gustaría dejar instalado aquí, que si hubiese sido otro el candidato el resultado haya sido distinto, porque eso, eso además es falso. 

Pero dicho eso, yo te diría que esta es una espina que tengo clavada. En lo que han sido mis decisiones políticas, ésta lejos es la menos resuelta. Porque asumir una candidatura implicaba congelar un segundo año, porque el año anterior ya había congelado la carrera por ser Consejero Superior. Efectivamente, quizá pudo haber producido un escenario distinto en algunas cosas, pero bueno, la vida se construyó así nomás.

— ¿Qué es lo que más le preocupa del mundo y el país que le dejaremos a las nuevas generaciones? 

Me preocupa mucho la sobredosis de individualismo en la que estamos inmersos. Que va desde el exceso de presencia de las pantallas en la cotidianidad de nuestras vidas, del deterioro de las relaciones interpersonales, de los espacios públicos, de los compromisos. 

Yo tengo un rollo muy crítico con eso, con el individualismo como fenómeno, porque permite que alguien emprenda económicamente y le dé lo mismo deteriorar el medio ambiente, por ejemplo. El individualismo que te lleva a creer que puedes destruir el mobiliario público y el resto tiene que pagar las consecuencias. Tenemos que recuperar esa capacidad como sociedad de vivir más en común, en comunidad. 

Eso lo hemos visto cada día en nuestro entorno con la crisis que tenemos de salud mental. En el mundo es por lejos el flagelo más brutal que tenemos. La tasa de suicidios también tiene que ver con con vidas muy solas, con falta de redes de apoyo, con incapacidad de construir comunidad. Tenemos la tarea como país de construir un tejido social que le dé más contención a las familias, más contención a las personas. Las personas no estamos para batirnos solos ante el vértigo de la vida. Lo que tenemos que hacer es tratar de construirnos en conjunto con otros, y eso creo que está muy debilitado, mucho más de lo que uno querría. 

Schalper y las Redes Sociales: “Work in Progress”

— Diputado, usted tiene 3 hijos. Cuando ellos tengan ciertas nociones y acceso a redes sociales de lo que hace su papá, de lo que opina la gente sobre usted, el buen trato y el maltrato recibido, y bueno algunas de sus declaraciones que no han sido muy afortunadas, ¿Cómo les va a explicar lo que pasó?

— Cuando tenga que explicarle algunos memes le voy a explicar a mis hijos que su papá es un hombre muy apasionado, que a veces esa pasión le gana a la prudencia y que, como dice las cosas como las piensa, quizás le faltaron un par de asesorías comunicacionales.

A pesar de todo esto, creo que la política es seria, pero no es grave. O hay gente que confunde la seriedad con la gravedad y por lo tanto yo creo que mis hijos cuando vean esos memes tengo que asumir que hubo procesos de crecimiento y me parece normal.
— Diputado, quiero llevarlo a otro plano de esta dimensión. ¿Por qué se le ocurrió imprimir videos?

— (Se ríe) Me traicionó mi historia como abogado. Porque los abogados estábamos acostumbrados a que la prueba audiovisual se rendía de manera documental , a que los escritos eran el mecanismo. Entonces, cuando dije que había impreso el video, lo que estaba queriendo decir es que me había llegado un informe con screenshots de múltiples piezas audiovisuales donde se demostraba lo que yo estaba defendiendo y lo imprimí. 

Entonces obviamente la frase quedó para que Pedro Ruminot hiciera un cóctel conmigo en el Festival de Viña. Pero está bien. Uno entiende que son ideas. Al final son cosas que uno no puede aspirar a siempre hacer todo de manera correcta. Uno se tiene que equivocar. Y ahí la manera en como lo dije fue equivocada nomás. No, no me pasó más rollos que eso.
— Y después hizo una analogía de los encapuchados con los “Narutos”. 

— Terminé viendo Naruto fíjese la verdad, pero me quedé en la pelea de Naruto con Pain cuando los Akatsuki intentaban tomar control de la aldea de la Hoja. Pero es intensa la serie. Para los que la quieran ver, que se hagan de ánimo porque puede parecer muy superficial, pero en realidad lo que hay detrás es una metáfora de las luchas de poder, la tradición ninja, la nobleza que comparten. Y bueno, ahí me di cuenta el nivel de estupidez que dije.

— ¿Aprendió a hacer memes?

— A nivel básico, pero sí. A puro Meme Generator, haciéndole honor a mi generación. Pero fíjese que me he transformado en un adicto a los reels. y no sólo eso. Volví a jugar Pokémon de nuevo, y me metí en Twitch y Discord. 

— ¿Qué juego de Pokémon está jugando actualmente? 

Pokémon Unite. No duro, duro, pero hasta aquí estoy haciéndola piola. En algún minuto se hace: tengo mi usuario y juego con ese pa’ callado. Pero es impresionante la cantidad de gente que se conecta, ya sea en una conversa, escuchando música o jugando, son miles de personas. 

— Diputado Schalper, ¿qué lección he sacado de la interacción que tienen las redes sociales con usted? Y al revés, la que usted tiene con las redes sociales.

— Primero, desdramatizar, porque hay mucha gente que vive muy esclavizada de ellas. Este celular -muestra un iPhone 7—, funciona cuando yo quiero y no cuando él quiere. Le desactivé todas las notificaciones. Y lo otro que es importante, es ser más cauto en lo que uno escribe. De a poco uno se empieza a dar cuenta de que las redes sociales son un nuevo lugar de encuentro y un espacio común. Es como una plaza que uno en una plaza no anda a los gritos con la gente, ¿no? Entonces también hay que ser más cuidadoso con lo que uno dice y eso uno lo aprende a golpes. Lo conozco de cerca.

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